Pole Position En Tu Corazón

Capítulo 34

Safiye

El motor del coche finalmente se detiene y, con él, mi corazón parece querer saltarse un latido. Aquí estamos. La villa de los Blazehart se alza frente a nosotros, imponente y bañada por la luz cálida del atardecer italiano. Es hermosa, pero el nudo en mi estómago me recuerda que esta no es una visita cualquiera.

Bajo del coche y arreglo mi vestido que es largo y hermoso para la ocasión, sintiendo la mirada protectora de Kaelric. Sus ojos azules buscan los míos, transmitiéndome esa calma que solo él posee. Sé que mis ojos bicolor deben estar reflejando toda mi ansiedad, pero él me toma de la mano y me susurra que todo estará bien. Y, por primera vez en mucho tiempo, le creo.

Al cruzar el umbral, el aroma a flores frescas y banquete nos recibe. Alessandro y Franciny ya están allí. La elegancia de Franciny es intimidante al principio, y la presencia firme de Alessandro impone respeto, pero en cuanto nos ven, la rigidez desaparece.

Franciny me recibió con un abrazo que olía a perfume caro y a una calidez maternal que no esperaba. “Al fin conocemos a la mujer que le devolvió la luz a nuestro hijo”, me dijo al oído, y sentí cómo mis nervios empezaban a disolverse.

Alessandro, con un carisma que Kaelric claramente heredó, me integró rápidamente a la conversación. Hablamos de Italia, de nuestros planes y, aunque evitamos los detalles más oscuros de lo que pasamos, sentí que ellos entendían la fuerza de nuestro vínculo.

La fiesta de aniversario fue perfecta. Entre copas de vino, risas y música suave, me di cuenta de que encajaba allí. No era la extraña que venía de la tragedia; era parte de la celebración. Ver a Alessandro y Franciny mirarse con tanto amor después de tantos años me dio una esperanza renovada sobre lo que Kaelric y yo estamos construyendo.

Cenamos bajo las estrellas y, por un momento, cerré los ojos para disfrutar del sonido de las risas y los cubiertos. Lo horrible quedó atrás, a miles de kilómetros de distancia. Aquí, en esta mesa, solo hay futuro.

La noche terminó con un brindis que me dejó el corazón rebosante. Kaelric no me soltó la mano ni un segundo.

Nos estábamos despidiendo de sus padres cuando la señora Franciny me apartó de ellos un momento y no esperaba que me dijera esas palabras.

— Safiye hija— comienza diciendo — Me alegro que hayas llegado a la vida de mi hijo, se ve que eres una buena muchacha.

— Gracias señora Franciny — digo

— Tú eres lo que mi hijo necesitaba en su vida, lo conozco muy bien y se que a pesar de ganar competencia tras competencia él sentía que le hacía falta algo y ese algo eras tú querida.

— Los dos nos necesitábamos — confieso— El también llegó a darle luz a mi vida.

— Querida, los ojos de ustedes no mienten — dice— Y la mirada de ustedes es la de un par de enamorados. Ustedes están hechos el uno para el otro.

— Yo también creo lo mismo — respondo

— Bienvenida a la familia Safiye — me dice y me ofrece un abrazo.

— Gracias señora Franciny

En el Penthouse

El ambiente en el penthouse de Kaelric es distinto esta noche. Al cerrar la puerta tras nosotros, el bullicio de la fiesta y la presencia de su familia quedan fuera, reemplazados por una intimidad eléctrica que parece vibrar en las paredes de cristal.

Se acerca con paso lento, sosteniendo una pequeña caja de terciopelo negro. Mis nervios de la cena han desaparecido, dejando paso a una expectación dulce. Cuando abre la caja, el aliento se me escapa. Es una gargantilla de una delicadeza extrema, con una cadena de oro blanco que sostiene una pieza central única: un diamante azul profundo y un diamante amarillo canario, entrelazados en un abrazo eterno.

—Uno por cada color de tu mirada— susurra Kaelric contra mi oído mientras aparta mi cabello para abrocharla —Para que nunca olvides que incluso en tus contrastes, eres perfecta.

Siento el frío del metal y el calor de sus manos sobre mi piel. Me miro en el espejo y el brillo de las piedras parece fundirse con mis propios ojos bicolor. Es el símbolo de que ha aceptado cada parte de mí, incluso las que todavía están sanando.

Kaelric me atrae hacia él con una firmeza delicada, y cuando sus labios finalmente encuentran los míos, el mundo exterior simplemente deja de existir.

El beso comienza suave, casi como una pregunta, pero rápidamente se transforma en algo más profundo y necesitado. Es un beso que sabe a alivio, a victoria sobre todo lo horrible que dejamos atrás. Siento sus manos grandes acunando mi rostro, sus pulgares acariciando mis mejillas mientras sus ojos azules se cierran, entregándose por completo al momento.

Lo que empieza como un roce dulce se vuelve más intenso. Mis manos suben por su pecho, sintiendo el latido errático de su corazón bajo la camisa, mientras él me presiona más contra su cuerpo. La gargantilla, con sus diamantes azul y amarillo, brilla entre nosotros, un recordatorio frío contra mi piel cálida de que esto es real.

El beso se vuelve más hambriento, una conversación sin palabras donde nos decimos cuánto nos extrañamos en la oscuridad. Sus manos bajan hacia mi cintura, guiándome con una urgencia que me hace suspirar contra su boca. Nos movemos hacia la cama con una torpeza elegante, sin querer romper el contacto ni un segundo. Cada prenda que cae es como desprenderse de una capa de dolor del pasado.

Cuando nuestras pieles finalmente se encuentran sin barreras, hay una pausa sagrada. Kaelric me mira con una devoción que me desarma, admirando mis ojos bicolor antes de reclamar mis labios otra vez.

Hacer el amor por primera vez después de tanto caos es una experiencia casi espiritual. No hay prisa, solo una exploración lenta y profunda. Sus movimientos son una promesa de protección, y los míos son una entrega absoluta. En la penumbra del penthouse, con las luces de la ciudad como único testigo, dejamos de ser dos personas rotas por las circunstancias para convertirnos en una sola fuerza indestructible.



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Editado: 19.03.2026

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