Pole Position En Tu Corazón

Capítulo 44 Final

Kaelric

Francia siempre me había parecido hermosa… pero verla con Safiye a mi lado lo cambia todo.

Viajamos para celebrar nuestro aniversario, algo íntimo, solo nosotros, lejos del ruido habitual. Desde que aterrizamos noto algo distinto en ella. No es distante, ni fría. Es más bien… pensativa. Sonríe, me toma la mano, me besa, pero hay momentos en los que se queda en silencio, como si su mente estuviera en otro lugar.

— ¿Todo bien? —le pregunto mientras caminamos por las calles, con el Sena acompañándonos.

— Sí —responde— Creo que todavía estoy un poco débil. Me cayó mal algo hace unos días.

Asiento. Tiene sentido. Aun así, no puedo evitar observarla un poco más de lo normal, cuidarla más de lo habitual. Le ofrezco sentarse, caminar despacio, detenernos cuando lo necesita. Ella me sonríe agradecida, y eso me basta… por ahora.

Pasamos el día paseando sin prisa. Risas suaves, fotos espontáneas, besos robados. París hace su magia, pero la verdadera magia sigue siendo ella.

La noche llega y con ella la sorpresa que he estado planeando.

El yate nos espera iluminado, elegante, flotando tranquilo sobre el río. Subimos y, cuando la Torre Eiffel aparece frente a nosotros, brillando en la distancia, siento que el pecho se me llena. La cena es íntima, luces tenues, música suave, el reflejo de la ciudad bailando sobre el agua.

Safiye se ve preciosa. Hay algo en sus ojos esta noche… una mezcla de emoción y nervios que me desarma.

Mientras cenamos, la observo, y una idea que llevo tiempo guardando empieza a latirme con más fuerza. No es impulsiva. No lo es. Es una certeza que ha ido creciendo con el tiempo, con las caídas, con la vida compartida.

Respiro hondo.

— Amore mio —digo, dejando los cubiertos a un lado— Hay algo de lo que quiero hablar contigo.

Ella levanta la mirada de inmediato. Atenta. Presente.

— Ya llevamos tiempo juntos —continúo, con la voz más baja de lo habitual— Hemos pasado por mucho… y aun así, aquí estamos. Más fuertes. Más unidos.

Tomo su mano sobre la mesa, entrelazo nuestros dedos.

— Y últimamente no dejo de pensar en lo afortunado que soy… en la vida que tenemos.

Hago una pausa. No quiero presionarla. Nunca lo haría.

— Quería saber… —trago saliva— si a ti te parecería bien, si te sientes lista… que pensemos en agrandar la familia.

No hablo de planes rígidos ni de tiempos exactos. Hablo desde el corazón.

— Contigo. Solo si es contigo.

En cuanto termino de hablar, lo siento.

Safiye se queda quieta. No retira la mano, pero su cuerpo se tensa apenas, como si algo invisible la hubiera atravesado. Ese gesto mínimo me golpea directo en el pecho.

Mierda.

Tal vez me adelanté. Tal vez no era el momento. Tal vez, con todo lo que ha pasado, con sus estudios, con su salud, con la vida… fui egoísta.

— Hey… —digo rápido, apretando su mano con suavidad— Lo siento. De verdad. No quise presionarte.

Ella me mira, sorprendida por mi cambio de tono.

— No tienes que responder ahora. Ni pronto. Ni nunca, si no quieres —añado, sincero— Solo quería ser honesto contigo. Te amo, Safi. Y eso es lo único importante.

Suelto el aire despacio, intentando recomponerme. Me siento un poco tonto por haber traído el tema justo hoy.

Entonces ella hace algo que no esperaba.

Busca en su bolso.

Frunzo el ceño, confundido, mientras saca una caja pequeña, sencilla, no muy grande. La sostiene entre sus manos un segundo… y luego me la extiende.

— Antes de darte tu respuesta —dice, con la voz suave pero cargada de algo que no logro descifrar— quiero que abras esto.

La miro. Luego miro la caja.

— ¿Qué es…?

Ella sonríe apenas. Esa sonrisa que conozco demasiado bien. La que aparece cuando está a punto de cambiarlo todo.

— Ábrela —repite— Después hablamos.

Mis manos tiemblan un poco cuando tomo la caja. No sé por qué siento un nudo en el estómago. La abro con cuidado, como si dentro hubiera algo frágil.

Y entonces el mundo se detiene.

Un mameluco blanco.

Pequeño.

Demasiado pequeño.

Lo tomo sin entender del todo, y entonces leo la palabra bordada en el centro.

Papá.

Siento que el aire me abandona los pulmones. Debajo hay un papel doblado. Lo abro casi sin ver, con el corazón golpeándome las costillas.

Estoy embarazada.

Ya no seremos solo dos.

Levanto la vista lentamente. Mis ojos buscan los suyos, incrédulos, desbordados. Safiye está llorando… pero sonríe. Y en ese instante todo encaja. Su silencio. Su tensión. Su mirada de estos días.

— Safi… —mi voz se quiebra sin permiso— ¿Es… es verdad?

Ella asiente, con lágrimas corriendo libres por sus mejillas.

— Sí.

No recuerdo haberme levantado, pero de pronto estoy frente a ella, arrodillado, sosteniendo esa pequeña prenda como si fuera el tesoro más grande que he tenido jamás. Me llevo una mano al rostro, riendo y llorando al mismo tiempo, completamente desarmado.

— Voy a ser… —no logro terminar la frase.

Padre.

La abrazo con cuidado, como si ambos —ella y lo que lleva dentro— fueran algo sagrado. Apoyo la frente contra su vientre y cierro los ojos, temblando.

—Gracias —susurro, con la voz rota— Gracias por elegirme… por esto… por nosotros.

La miro de nuevo, con el corazón a punto de estallar.

— No tenía idea de que la familia ya estaba creciendo —digo entre risas ahogadas— Y aun así… nunca he estado tan listo para algo en mi vida.

La beso, lento, profundo, con la Torre Eiffel brillando detrás y el futuro entero abriéndose frente a nosotros.

Ya no somos solo dos.

Somos tres.

Nunca antes pensé que llegaría a encontrar la mujer de mi vida y que sería tan feliz a su lado. Le doy gracias a la vida por ponerla en mi camino. Sé que nada es fácil en esta vida pero si estoy con ella me siento invencible y sobre todo amado.



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Editado: 30.03.2026

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