Por amarte así

Celi

Londres, hace ocho años...

El sonido de Queen resonaba suavemente en la casa. "Don't Stop Me Now" se filtraba por los altavoces mientras el murmullo de gritos lejanos rompía la armonía de la canción.

-No los escuches -dijo Steve, sentado junto a ella en la mesa del comedor-. Pon más atención en la música.

Celi miró los centavos esparcidos sobre la mesa. Ambos los contaban meticulosamente, acumulando cada moneda en pequeños montones organizados.

-¿Crees que nos alcance para las chaquetas? -preguntó, mordiendo su labio con ansiedad.

Steve tomó un par de monedas y las hizo girar entre sus dedos con una sonrisa confiada.

-Claro que sí. Y si no, podemos hacer algo extra para ganar más dinero. No pienso perderme el concierto de One Direction contigo. Imagínate cantar "History" a todo pulmón, con las chaquetas puestas. Seremos los fans más cool del estadio.

Celi sonrió con emoción. Su hermano tenía esa habilidad de hacer que todo pareciera posible, aunque en el fondo sabía que el dinero no alcanzaba.

-Hoy en la escuela volvieron a decir que solo finjo estar en ballet -murmuró, bajando la mirada.

Steve dejó de jugar con las monedas y la observó con el ceño fruncido.

-¿Quiénes?

-Las mismas de siempre. Dicen que nunca me ven en ensayos y que solo digo que soy bailarina para presumir.

Steve resopló con fastidio.

-Déjalas. No necesitan pruebas, y tú no necesitas demostrarles nada. ¿O qué? ¿Quieres que hable con ellas?

Celi negó rápidamente.

-No quiero más problemas.

-No serán problemas si solo les dejo claro que se metieron con la persona equivocada.

A pesar de sus palabras, Steve nunca levantó la voz ni usó la violencia con ella. Siempre había sido protector, su compañero, su mejor amigo.

Pero también tenía un lado que a Celi le preocupaba.

A veces, desaparecía por las noches. Se escabullía en la oscuridad, sin decir a dónde iba. Ella sospechaba la verdad, aunque nunca se atrevió a preguntarle directamente.

Sabía que trabajaba para alguien, un tipo que no parecía del todo confiable.

Sabía que hacía "encargos", aunque jamás supo en qué consistían.

Pero mientras regresara a casa, mientras siguiera escuchando Queen con ella y ahorrando para el concierto, prefería no saber más.

Presente, Ciudad de México

Celi parpadeó, regresando a la realidad.

La taza de chocolate caliente temblaba ligeramente entre sus manos, y el aroma dulce del pan de elote le hacía cosquillas en la nariz.

Estaba sola en la posada.

Emilio se había marchado temprano, sin dejar rastro.

Una punzada de ansiedad la recorrió.

Después de la llamada inquietante de la noche anterior, después de lo que había sentido en el patio mientras bailaba, la idea de quedarse sola la aterrorizaba.

Respiró hondo e intentó calmarse.

No podía seguir dejando que el pasado la atormentara.

Tomó un sorbo de su chocolate y miró por la ventana. El cielo estaba despejado, con el sol brillando con intensidad sobre la ciudad.

Quizá debía salir a caminar. Perderse en las calles de México un poco más.

Porque, aunque le doliera admitirlo, cada día que pasaba aquí, se sentía un poco menos perdida que en Inglaterra.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.