Por amarte así

Emilio

La calle aún estaba tranquila cuando Emilio llegó al pequeño local de tecnología donde trabajaba su amigo Tadeo. La fachada, sencilla y sin letreros llamativos, ocultaba lo que en su interior era un centro de operaciones improvisado. Tadeo no solo vendía celulares y accesorios; su verdadero talento estaba en la informática y el rastreo de datos.

Emilio empujó la puerta de vidrio, haciendo sonar el pequeño timbre en la entrada. Desde el fondo, una voz le gritó:

-¡Dame un minuto!

Mientras esperaba, Emilio observó el mostrador lleno de cables, auriculares y piezas de computadoras desarmadas. Al poco tiempo, Tadeo apareció, con una taza de café en una mano y un par de lentes de aumento en la otra.

-¡Hombre, qué milagro! -exclamó con una sonrisa burlona-. Pensé que ya no te interesaban mis habilidades tecnológicas.

Emilio esbozó una sonrisa forzada.

-Necesito tu ayuda con algo serio, Tadeo.

El tono de su voz hizo que su amigo se pusiera en alerta de inmediato.

-Dime qué pasa.

Emilio sacó su celular y le mostró el número que había llamado a Celi la noche anterior.

-Este número llamó a una amiga mía. Quiero rastrearlo.

Tadeo levantó una ceja.

-¿Amiga? ¿O algo más?

-Solo es una chica que conocí -respondió Emilio con rapidez-. Pero recibió una llamada extraña, y quiero saber quién la hizo.

Tadeo lo miró con escepticismo pero no dijo nada más. Se sentó frente a su computadora y comenzó a teclear velozmente.

-Bien, veamos qué tenemos aquí...

Las líneas de código llenaron la pantalla mientras los rastreos se ejecutaban en segundo plano. Pasaron varios minutos en silencio hasta que Tadeo chasqueó la lengua.

-Eso es raro.

-¿Qué?

Tadeo giró la pantalla para mostrarle los resultados.

-El número es del extranjero. Más específicamente... de Inglaterra.

El estómago de Emilio se revolvió.

-¿Estás seguro?

-Totalmente. La lada es británica. Esto no es una simple broma telefónica, Emilio. ¿Quién es esta chica exactamente?

Emilio dudó un momento antes de responder.

-Se llama Celeste Thomson. Está de viaje aquí en México.

-¿Y qué más?

-Nada más.

Tadeo lo miró con incredulidad y luego se cruzó de brazos.

-No me mientas, Emilio. Has venido hasta aquí, me has pedido rastrear una llamada y ahora me dices que no sabes nada más de ella. Vamos, dime la verdad. ¿Qué hay entre ustedes dos?

Emilio suspiró.

-No hay nada.

-¿Entonces por qué tanto interés en ayudarla?

-Porque... porque algo no me cuadra, Tadeo. Desde que la conocí, ha estado actuando extraño. Sé que está escapando de algo, pero no me dice de qué.

Tadeo tomó un sorbo de su café y sonrió con malicia.

-Admito que es un buen pretexto para pasar tiempo con una chica guapa.

Emilio resopló.

-No es eso.

-Claro, claro... Bueno, vamos a ver si podemos sacar más información.

Tadeo volvió a la computadora y comenzó a rastrear las llamadas entrantes y salientes del celular de Celi. Pasaron varios minutos en los que Emilio sintió la creciente ansiedad apretarle el pecho. Entonces, la pantalla mostró un registro en particular.

-Aquí está -dijo Tadeo-. La llamada de anoche.

Con un par de clics, accedió a la grabación. Al principio, solo se escuchó estática. Luego, una respiración entrecortada, casi jadeante.

Y finalmente, una risa macabra.

El sonido heló la sangre de Emilio.

-Dios... -murmuró.

Tadeo hizo un par de ajustes y comenzó a analizar el audio.

-Voy a aislar el ruido y ver si podemos entender algo mejor.

La grabación siguió sonando en repetición mientras el programa descifraba los patrones de sonido. Finalmente, después de unos minutos de ajustes, una voz profunda y distorsionada emergió de los altavoces.

*"Te encontraré, Thomson. No escaparás de mí."*

El aire en la habitación pareció volverse más pesado.

Emilio sintió cómo su piel se erizaba.

-Esto no es un simple acosador... -murmuró.

Tadeo lo miró con seriedad.

-Definitivamente no. Y si te soy sincero, Emilio, esta chica está en más problemas de los que pensabas.

Emilio apretó los puños.

No podía dejar a Celi sola.

-Voy a sacarla de la posada -dijo con determinación-. La llevaré a mi casa.

Tadeo frunció el ceño.

-¿Seguro de eso? Si alguien la está buscando, estar con ella te pondrá en la mira también.

-No me importa.

-Bien... Pero ten cuidado.

Emilio asintió y se apresuró hacia la puerta.

-Encárgate de la posada por mí. No sé cuánto tiempo estaré fuera.

Tadeo suspiró.

-Está bien, pero si algo pasa, dime de inmediato.

Emilio no respondió.

Solo salió corriendo.

Tenía que llegar a la posada antes de que fuera demasiado tarde.




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