Por amarte así

Emilio

El rugido del motor resonaba en la carretera mientras Emilio presionaba el acelerador con fuerza. La noche envolvía la ciudad, y el reflejo de las luces en el pavimento húmedo le daba un aire más siniestro al camino.

Su mente iba a mil por hora.

El número.

La amenaza.

El nombre de Celi en aquella voz escalofriante.

No había tiempo para dudas. Debía llegar a la posada lo antes posible.

Sin embargo, algo le inquietaba.

Desde hacía varios minutos, un auto negro lo seguía.

Emilio frunció el ceño y miró por el retrovisor. No parecía un simple conductor en la carretera, no con esa insistencia en mantenerse a su ritmo, con esos movimientos calculados cada vez que Emilio cambiaba de carril.

Para asegurarse, encendió sus intermitentes y redujo la velocidad, dándole paso.

El auto lo rebasó lentamente, y por un instante Emilio creyó que todo había sido su paranoia.

Hasta que el auto frenó de golpe delante de él.

-¡Mierda! -Emilio pisó el freno con fuerza, sintiendo cómo las llantas chirriaban contra el asfalto.

Su corazón latía con violencia en su pecho cuando vio la puerta del auto abrirse.

De él descendió un hombre vestido completamente de negro, con guantes de cuero y el rostro cubierto por una máscara de tela oscura.

Pero lo que más le heló la sangre fue el arma que llevaba en la mano.

-Perfecto... -murmuró Emilio, sintiendo la adrenalina recorrer su cuerpo.

Sabía que algo así podía pasar. Y, por suerte, no estaba indefenso.

Sin apartar la vista del hombre, metió la mano bajo su chaqueta y sacó su propia pistola.

No era su estilo llevar un arma, pero la vida le había enseñado que nunca estaba de más estar preparado.

El hombre levantó el arma, apuntándolo directamente al parabrisas.

Emilio no lo pensó dos veces.

Pisó el acelerador en reversa, maniobrando con destreza mientras el desconocido disparaba. El sonido del impacto resonó contra el metal del auto, pero Emilio no perdió el control.

El atacante no esperaba su movimiento.

Con un giro brusco del volante y un cambio de velocidad calculado, Emilio giró el auto, logrando que la parte trasera impactara con el hombre, derribándolo al suelo.

El arma del atacante cayó unos metros más lejos.

Emilio no perdió tiempo. Bajó rápidamente y se acercó al hombre, quien se retorcía de dolor en el asfalto, sujetándose la pierna ensangrentada.

-¿Quién diablos te envió? -espetó Emilio, apuntándole con su pistola.

El hombre soltó un gruñido, pero no respondió.

Emilio miró hacia el auto del atacante, analizando las placas. No eran de México.

Inglaterra.

Su corazón se aceleró aún más.

Esto no era una coincidencia.

-Hijo de puta... -murmuró entre dientes antes de dar media vuelta y volver a su auto.

No podía perder más tiempo.

Debía llegar a la posada.

El camino de regreso se sintió eterno.

Cuando Emilio finalmente llegó a la posada, su cuerpo aún estaba tenso por la adrenalina. Dejó el auto estacionado cerca de la entrada y subió las escaleras a toda prisa, sintiendo su corazón martillando en su pecho.

No podía dejar sola a Celi ni un segundo más.

Abrió la puerta de su habitación sin previo aviso.

Y allí estaba ella.

Sentada en la cama, con los ojos hinchados por el llanto y la expresión completamente rota.

Su vestido rojo contrastaba con la palidez de su piel.

Emilio sintió un nudo en la garganta.

La primera reacción que tuvo fue acercarse y tomarla en sus brazos.

Celi se tensó por un segundo, pero luego simplemente se dejó sostener, hundiendo su rostro en su pecho mientras sollozaba.

-Nos tenemos que ir -susurró Emilio, con la voz cargada de urgencia-. Ahora.

Celi alzó la mirada, confusa.

-¿Qué? ¿Por qué?

-No hay tiempo para explicaciones. Solo confía en mí.

Celi tragó saliva y asintió, aunque sus manos temblaban visiblemente.

Emilio se levantó y comenzó a recoger sus cosas con rapidez.

-¿Qué está pasando? -preguntó ella, con un hilo de voz.

-Te están buscando, Celi -respondió Emilio, mirándola a los ojos-. Y no precisamente para un reencuentro amistoso.

Celi sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda.

-¿Quién...?

-No lo sé -admitió él-. Pero intentaron detenerme antes de llegar aquí.

La respiración de Celi se aceleró.

Emilio notó su estado y se arrodilló frente a ella, tomando sus manos entre las suyas.

-Voy a sacarte de aquí -dijo con firmeza-. No dejaré que te pase nada.

Celi lo miró fijamente.

Había algo en su mirada que la hizo sentir... a salvo.

Tal vez, por primera vez en mucho tiempo, tenía a alguien que realmente quería protegerla.

Sin decir una palabra, asintió.

Emilio se puso de pie y terminó de recoger sus cosas con rapidez.

No había tiempo para más dudas.

El peligro estaba demasiado cerca.

Y Celi no podía quedarse un segundo más en ese lugar.




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