Celi,
Nunca te lo dije, pero ese día, cuando te vi bailar en el patio de la posada, me di cuenta de lo que realmente eras.
Eras arte.
No hablo solo de tu danza, sino de la manera en que el mundo parecía detenerse cuando te movías. La brisa se amoldaba a tus giros, las hojas caían más despacio, incluso el silencio entre nosotros se sentía más liviano.
No había música, pero no la necesitabas.
Yo, que siempre he sido un hombre de tierra firme, de pasos pesados y movimientos torpes, me sentí diminuto ante ti. Me sentí como un espectador en primera fila de la obra más hermosa jamás creada.
Y lo peor, o lo mejor, es que ni siquiera estabas tratando de impresionar a nadie.
Eras tú. Pura. Libre. Inalcanzable.
Si ese día no me enamoré de ti, entonces dime, ¿cuándo fue?
Emilio.
#5525 en Novela romántica
#1557 en Chick lit
mexico, persecucion y amor, secretos deseos y amores complicados
Editado: 18.03.2026