La soledad del domingo. -
La soledad del domingo. -
Hay días, días. El domingo es para descansar. Eso expresan. Y eso confiere las sagradas escrituras. -
Ah…cierto… todo comienza a alguna manera…Es domingo, y llueve en la Ciudad de Buenos Aires, también hace frio, y es mi cumpleaños, y escribo sobre ello. ¿Cómo pasa el tiempo? Lástima que tengo una memoria totalmente distorsionada. Bien iré por un poco de café. ¡¡Rayos que es una droga!!
Regresé al mismo sitio de mi ordenador. ¿Qué dia fue ayer? ¡Ah boluo! ¡Fue Sábado!
- F – Feliz cumpleaños, a ti - Me dije, y en un sortilegio, terminé de escribir en mi ordenador, en cuando la nata de la tasa de café que fuera bebido se secaba y unas moscas de menor tamaño pululaban. – Terminé esta obra con un cumpleaños, para que mi propio personaje, a quien nadie conocía; neutro y sin características sociales extrovertidas, ni tampoco logros destacados, no se sintiera que en su propio cuento como protagonista fuera un paria. – Y fin – Un cuento burdo para unos de esos concursos de redes sociales de editoriales pequeñas – ¡Vaya! – Lluvia y soledad de domingo. Dos combinaciones perfectas para pegarse un corchazo – Bueno, depende quien considere ello –
Hay días que son terribles y otros maravillosos. Los domingos para boludos con la mente retorcida como yo, son solo un momento de reflexión de esas mentiras esparcidas en el aire que están diagramadas para una sociedad. Se de ante mano que con ello se evita que se suiciden en masa. Los domingos son una terrible paja, me en mi aniversario, tenía la necesidad de escribir un cuento que ya se encuentra finiquitado.
Mientras me dirijo a la cocina, recojo mi celular. Ciertas noticias hablan de desapariciones en el barrio de Villa Real, en la ciudad de Buenos Aires.
- Últimamente se está volviendo un tanto inestable la urbe de la Argentina. O incluso el mundo en sí – pero aquí se están sucediendo hechos que son un tanto inexplicables, como luces anómalas por la noche de un cielo estrellado. Podrían ser ovnis, y criaturas que aparecen en el campo – Bueno internet y la IA han logrado que todo lo que consideramos un misterio se revele – A mí me encanta ello, pero nadie me da bola (presta atención, cuando menciono el tema, y es porque la comunidad de mi edad, y otra menores solo se interesan por lo que pueden encontrar a partir de sus sentidos, y la vida que les ha sido impuesta por el sistema. Nacer, comer, cagar, tener relaciones sexuales, casarse, vegetar en una silla, morir. Es un poco frustrante. Por mi parte llegué a esa edad sin esos valores preestablecidos.
Soy el bicho raro, el un maldito domingo.
De Tanto sopesar que hasta me dio una nostalgia venidera. La luz de la computadora reflejaba las paredes y se sentían los truenos del otro lado del ventanal. En un mono-ambiente departamental, solo un foco de luminiscencia basta para alumbrar todo un cuadrado e incluso la cocina y el baño. Fui a la cocina a prepárame otra taza de café como para darle brillo a las ojeras que cuelgan como bolsas debajo de mis ojos. Entre la música de Nat King Cole para escribir y el estruendo de los truenos se generaba una suerte de tesis-antítesis de la guerra y la paz, entre el sonido del jazz añejo de años cincuenta, y los grandes éxitos de los truenos, que no es una banda de cumbia, ni track urbano, sino las hermosas melodías de la naturaleza.
De la cocina a la ventana hay un tramo, un sendero inhóspito de polvo. Me detuve entre mis cavilaciones con la tasa en la mano. Es un edificio de quinto piso. Del otro lado hay otros edificios. Había una luz que titilaba en vecina, todas las demás estaban apagadas.
- ¿Qué extraño? ¿Tengo entendido? ¿Estarán haciendo refacciones? – Me dije cavilando, y acto seguido tomé un sorbo de café y me rasqué el orificio del oído para despojar alguna secreción molesta, y acumulada.
El foco de ese departamento se prendía y apagaba. Suspiré en un bostezo mientras observaba. Dirigí la vista hacia abajo y veía que siendo un complejo viejo, tuviera a alguien, y en éste día.
- ¡¡¡Trunnnkkkk!!! - ¡¡¡Trunkkk!!! – Varios truenos cayeron de golpe con un relámpago que se pudo determinar cómo el fin de los tiempos – Y la luz del edificio vecino se apagó, conjuntamente con la del barrio y mi casa.
Solo bastó un parpadeo, y en segundos, solo meros segundos, se encendió de golpe. El pánico fue tal al presenciar ello. Algo inexplicable. A mi lado, y mirándome fijamente. –
- ¡¡Puf!! – Y un reflejo en mi ventana – ¡Puf! – ¿Eh? ¡¡Ahhhh!! – me moví por acto reflejo hacia atrás - y luego ladee la cabeza, para entrar en sí -¿Qué fue eso? – Y fui directo a la ventana – coloque el vaso en la baranda del ventanal - ¡¿Qué mierda fue eso?!
Ladee la cabeza, y mire detenidamente cada fragmento del vidrio mojado y luego en frente.
- ¿Fue una ampliación de reflejo del ventanal del edificio de al lado – miré detenidamente – Era una mujer. Una mujer de cabello largo y negro, deteriorada. Su rostro gris con fisuras de erosión, y ojos salientes rojos, y su mirada penetrante. ¿No sé cómo era como tenerla al lado mío? Era monstruoso, y en sus manos poseía un pedazo de carne, y sus mandíbulas abiertas con sangre en sus dientes, y masticando hasta pasarlo por su tráquea. – Ladee varias veces la cabeza negativamente y me abracé a mí mismo - ¿Naa? ¿debe ser una ilusión estúpida? Siquiera tengo los lentes puestos para verificar y ver bien. la miope ya es prueba de una ilusión. –
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