Hay trabajo. Lunes por la madrugada, y la neblina. Dama, misteriosa, empresaria divina. –
Les juro que no puedo apartar la vista de ella, no es que sea la última mujer del mundo, pero es la única. Lo sé. (DLC)
El Doctor Crow, acaba de despertar con el lunes en sus manos. Soñoliento y golpeándose en la oscuridad con todo lo que posee alrededor.
Realizó sus quehaceres, desayunó café con leche y demás tostadas. –y se colocó su atuendo de siempre. Un viejo suéter con una camisa oliendo a lavanda.
El departamento era pequeño como el ratón que lo habitaba. Entraba un ligero viento desplegado luego de la gran tormenta. No se veía un alma por las calles. Eso era bastante intrigante, aunque el horario tampoco ayudaba lo suficiente.
Cinco AM de la mañana. Cinco y media, y salía con su portafolio de trabajo, cruzando la siguiente calle.
Una niebla espesa cubría la ciudad. Crow, sacó su móvil para verificar con un poco de luz.
…Noticas de último momento. La niebla se expande por toda la Ciudad y el conurbano (alrededores de la ciudad de Buenos Aires). El fenómeno meteorológico del día de hoy con intensas lluvias.
Prosiguió caminando, hasta que verificó la hora en su reloj de pulsera
Inmediatamente presintió que del otro lado alguien venía. Podía observarse una silueta, pero Diego no le prestó atención con la cabeza gacha. Del otro lado tampoco.
Con un cuerpo tallado, saco, y camisa blanca, cabello negro como azabache largo y atado tipo coleta, una pollera gris de ejecutiva, y un perfume victoriano de madame de estirpe.
Ella pudo darse cuenta de que estaba insumido en un lugar lejos en las cuales las montañas se veían como el paraíso
Diego, no reaccionaba en lo más mínimo. Su temple mental se había quebrado para siempre
Este paró pasando por el charco de agua y empapándolo totalmente. –
Al subir al colectivo, hasta el chofer lo miraba mal en su aspecto. No terminó de pagar la cuenta. El vehículo estaba casi vacío, y al sentarse y colocarse del lado de la ventana, cayó en la cuenta de lo sucedido.
Al descender la ciudad continuaba con su mera tranquilidad, como si el ambiente se nutriese de una porción de pura paz en medio de lo que fueron las tormentas.
El doctor camina con su bolso hasta llegar a la puerta del edificio de la avenida nueve de julio.
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Editado: 24.01.2026