¡por los calzones del príncipe!

1| Los Calzones

ISABELLE

—¡Despedida de soltera!

El flash del celular me ciega por unos segundos antes de que las luces parpadeantes de la discoteca vuelvan a golpearme los ojos. El ambiente vibra, lleno de risas y gritos emocionados. Las chicas bailan en la pista, formando un pequeño círculo que gira y grita sin parar. Dina levanta una botella de licor y la agita con energía, como si estuviera bendiciendo la noche. Luego la acerca a su boca y bebe sin pensarlo, tragando todo lo que cae. Me agarra la mano y me arrastra hacia el centro, empujándome hasta quedar frente a ella. Me empuja la botella hacia los labios para que beba, así que se la arrebato, la inclino y dejo que el alcohol caiga en mi boca sin detenerme.

Alguien me quita la botella, y parpadeo para ver a Irina bebiendo un sorbo largo y orgulloso. Me río, disfrutando del momento. Es la despedida de soltera de Dina; se casa en dos días con Mikkel, y está decidida a vivir esta noche como si fuera la última. Y nosotras, por supuesto, la acompañamos. Cada quien celebra algo distinto, pero al final todas terminamos aquí, bailando, riendo y bebiendo lo que sea que llegue a nuestras manos.

Hace demasiado tiempo que no me divertía así. El trabajo me tenía atrapada, drenada y malhumorada, pero hoy, finalmente, renuncié. Se lo digo al universo, a las luces de la discoteca y al mundo entero: no tendré que volver a ver a mi jefe horrible. Ese hombre es un gruñón malhumorado y desagradable. Solo pensar en él me amarga la noche, pero en cuanto recuerdo que ya no debo soportarlo, una sensación deliciosa me recorre. Por fin me libero.

Llevaba meses queriendo renunciar, pero cuando hoy le pedí permiso para salir unas horas antes y se negó con su cara arrugada y su tono de ogro, terminé de decidirme. Trabajar en un restaurante, por pequeño que sea, me deja agotada. Mis turnos empiezan muy temprano en la mañana y terminan casi a medianoche; siempre quedo encargada de limpiar absolutamente todo antes de irme a casa. Me pregunto en qué momento pensé que era buena idea trabajar en un restaurante, cuando tengo un título profesional que podría estar usando en otro lugar, en cualquier otro lugar.

Aun así, sé que debo buscar trabajo pronto. El próximo mes toca pagar el arriendo y también mis pequeños caprichos.

Y, además de mi renuncia, tengo otro motivo para celebrar: por fin me deshice de mi exnovio infiel. Jair. Solo pensar en su nombre me da rabia. Ese idiota tuvo el descaro de arrodillarse con un anillo después de mantener una relación oculta con mi prima durante dos años. Dos años. Jair y yo llevábamos cinco juntos, y él decidió arruinarlo todo. Y quién sabe con cuántas más estuvo antes de ella. Cuando intentó proponerme matrimonio, aproveché para escupirle en la cara todo lo que sabía, cada mentira, cada traición.

Fue su madre quien me lo contó todo. Esa señora es lo más parecido a una madre para mí desde que me mudé lejos de mis padres y hermanos. La quiero, aunque haya traído al mundo a esa desgracia de hombre. Ella lo crió, pero yo ya no pienso cargar con él. Y no pienso volver con él jamás.

—Mira hacia allá.

Sigo la mirada de Krisha, curiosa, y levanto las cejas cuando veo al hombre que señala. ¿Castaño? ¿Pelirrojo? No lo sé bien, pero su atractivo es imposible de ignorar. Sonrío de lado, mordiéndome el labio. ¿Cómo no mirarlo? ¿Cuánto tiempo lleva aquí? No lo había notado antes. Suelto una risita.

—Es muy guapo —admito, volviendo hacia Krisha.

Ella asiente y me guiña un ojo.

—Actúas tú o actúo yo —dice entre risitas.

Niego con una sonrisa y vuelvo a bailar, dejándome llevar por la música mientras fijo mis ojos en el hombre que sostiene un vaso y ríe con otros. Incluso con la luz mínima puedo leer su actitud: seguridad, ego, descaro. Todo en él grita "problema".

De pronto, alguien choca conmigo y vuelvo la cabeza. La bebida de una chica cae sobre mi vestido azul, empapándolo por completo en la parte delantera. Gruño al sentir el líquido frío resbalar.

—¡Oh, lo siento! —exclama ella, intentando secarme con las manos.

—No te preocupes —le digo por encima de la música, fingiendo calma.

Mis amigas me miran con expectativa, esperando que reaccione, pero saben que no soy conflictiva. Soy tranquila, torpe y demasiado consciente de que no quiero armar un espectáculo aquí, y menos cuando el hombre atractivo está cerca. Así que me alejo hacia las escaleras para ir al segundo piso, donde están los baños. Refunfuño mientras esquivo cuerpos sudorosos y atravieso el pasillo vibrante.

Entro al baño y me encuentro con un par de chicas ebrias que salen riendo a carcajadas. Estoy ebria, sí, pero no tanto como para perderme. La música suena más lejana aquí, amortiguada por las paredes. Me acerco al espejo, tomo unas toallitas del dispensador, las humedezco y paso una por mi cuello y pecho. Intento limpiar el vestido, preocupada por la mancha que se expande. Bufo, resignada.

Mi celular vibra. Lo saco y hago una mueca al ver el nombre en la pantalla.

Jair: De verdad, perdóname, cariño. Te juro que no era mi intención.

Ridículo. Patético.

Isabelle: Son las 3 de la mañana. Deja de joderme, imbécil.

Guardo el celular de inmediato. No entiende. No habrá nada nunca más. Me engañó con mi prima; tengo dignidad.

Retoco mi maquillaje y reaplico labial mientras observo mi reflejo cansado pero decidido. Entonces la puerta del baño se abre y aparece el tipo pelirrojo de abajo. Se detiene al verme y abre los ojos, sorprendido.

—Oh, lo siento... me equivoqué de baño —dice con una risa apenada.

—No te preocupes —respondo con una sonrisa suave.

Se gira para irse, pero lo detengo.

—Espera.

Se queda bajo el umbral, sosteniendo la puerta. La música entra como una ola pesada.

—¿Pasa algo? —pregunta.

"Actúas tú o actúo yo".

Levanto el rostro, intentando ser seductora. Sus ojos me analizan, expectantes. Me acerco, respirando su aroma a colonia fina mezclada con alcohol. Es tan alto que debo levantar exageradamente la mirada para ver sus ojos azules, profundos e intensos. Me humedezco los labios.




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