¡por los calzones del príncipe!

2| Galletas De La Suerte

ISABELLE

Camino tan rápido como los tacones me lo permiten, escuchando la voz entusiasta de Krisha a mis espaldas. Sigo sus pasos, sintiendo las mejillas adormecerse por la enorme sonrisa que no logro borrar de mi rostro. Mis tacones repiquetean contra el suelo brillante y pulido mientras avanzo.

—¡Vas a conseguir empleo! —chilla mi amiga, casi corriendo.

—Eso espero —respondo, intentando sonar segura.

—El señor Morton es una excelente persona.

Nos detenemos frente a una gigantesca puerta de madera oscura. Krisha da tres golpes firmes y, segundos después, una voz nos autoriza a entrar. Gira la perilla y me hace una seña para que pase primero.

Alzo las cejas, sorprendida por la explosión de colores que decora el lugar. Cuadros, plantas y maniquíes llenan la amplia oficina de una forma tan caótica como perfecta. Sonrío al notar que, aunque todo parece desordenado, hay un estilo claro, vibrante, hermoso. Escucho dos chasquidos y me giro de inmediato. Un hombre pelinegro se encuentra sentado detrás del escritorio. Eleva una ceja al verme. Enderezo la espalda, clavando las uñas en el material de mi bolso.

—¿Cuál es tu nombre? —pregunta, señalando una silla frente a él.

Camino hacia el escritorio y, de forma completamente torpe, tropiezo con la costosa alfombra. Trastabillo y golpeo el borde del mueble, haciendo caer algunos lapiceros y varias hojas. Krisha se apresura a ayudarme a recoger todo. Siento un nudo en la garganta; ya lo arruiné. Me dejo caer en la silla, intentando encontrar una postura digna.

—Yo quisiera...

—Aún no me has dicho tu nombre.

—¡Oh, claro! —aclaro la garganta, incómoda. Miro a Krisha de reojo y ella me regala una sonrisa alentadora—Me llamo Isabelle.

—¿Isabelle y ya?

—Isabelle Murphy —respondo, sonriendo con los labios cerrados.

—¿Qué sabes hacer, Isabelle? —pregunta, apoyando el mentón sobre su mano.

Trago saliva.

—Bueno, tengo una profesión, pero... nunca he podido ejercerla. —suelto una risa nerviosa, jugando con mis dedos—Estudié negocios y diseño de modas, además hice un técnico en administración de empresas y sé un poco sobre marketing, aunque no terminé los cursos... por ser pobre —murmuro lo último sin darme cuenta.

El hombre alza las cejas y mira a Krisha con curiosidad. Me acomodo en la silla, deseando desaparecer.

—¿Sabes coser?

—Sé sobre colores y mez...

—¿Has usado máquinas para tratar telas?

—En realidad, sé combinar estilos y...

—¿Sabes tomar medidas? ¿Sabes vender algo a nuestros clientes?

—Como decía, señor Morton, no terminé algunos cursos y...

—Bien. ¿Sabes usar una fotocopiadora?

—Puedo intentarlo...

—¿Sabes escribir siquiera?

—Los cursos que... —me callo y frunzo el ceño. Él sonríe con diversión. Me cruzo de brazos—¡Claro que sé escribir!

Krisha y él estallan en carcajadas. Los observo, molesta. ¿Acaso se están burlando de mí? Aprieto los puños y me pongo de pie, decidida a marcharme.

—¡Espera! —me llama justo antes de abrir la puerta—Estás contratada, linda Belle. Vuelve y firma tu contrato.

Krisha sonríe como si acabara de ganar la lotería. Yo salto de felicidad y corro hacia el escritorio, pero vuelvo a tropezar con la alfombra. Esta vez una taza de café cae sobre los documentos y la costosa alfombra rosada. Me incorporo de inmediato.

—Ay, Dios, lo siento tanto...

—Kris, cariño, ¿puedes darle otro? —dice Morton, levantando el contrato completamente sucio —Habla con Krisha. Ella te guiará.

—¿De verdad voy a quedarme?

—Sí, pero intenta no ser tan torpe —gruñe.

Salgo de la oficina detrás de Krisha. Ambas chillamos de emoción mientras caminamos entre los puestos.

—¡No puedo creer que esté aquí! —grito, girando con los brazos abiertos.

Noto los colores neutros del lugar que, para ser una casa de modas, totalmente explosiva, luce muy aburrida. Sin embargo, ahora hago parte de este lugar y debo apreciarlo como si fuera mío.

—Enviaré a limpieza y luego firmas. —dice—Por ahora serás asistente, pero aquí todo es posible. Escalarás siempre que te lo propongas. Tienes mucho estudio como para quedarte solo de asistente. —me anima—El señor Morton es una amiga más, ¿entiendes? —reímos por lo bajo—Puedes confiar en él.

Asiento, emocionada. Firmo el contrato y Krisha me abraza.

—Por fin saldrás de ese antro en el que vives. Una chica tan hermosa como tú no debería estar en un lugar como ese. ¡Te mereces un palacio!

Entrecierro los ojos, pero río.

***

Ato mi cabello en un moño alto y luego hago una trenza. Ajusto la blusa rosada y aliso la falda azul. Sonrío frente al espejo. Me veo bien.

Salgo del apartamento y la voz de la recepcionista me detiene en medio del pasillo.

—La próxima semana debes pagar los cuarenta dólares.

—Los pagaré y me iré —respondo con firmeza.

Bajo las escaleras y el olor a basura y marihuana me golpea. Tomo un taxi directo a la empresa.

Una llamada entra a mi celular y veo que es Susan.

—¡Hola, Belle!

—¿Cómo estás, Susan? —pregunto, acomodando el teléfono entre mi hombro y mi oreja.

—Belle, escucha, quiero que nos reunamos todas. No acepto un no por respuesta, ¿entiendes? —advierte, arrancándome una risa—Ya reservé una mesa en un restaurante precioso. Iremos a cenar hoy, juntas. Vendrán las chicas.

—Me parece bien, pero creo que alguna de ustedes tendrá que pagar mi comida hasta que pueda devolver el dinero —río, un poco apenada.

—¡No te preocupes, cariño! La cena corre por mi cuenta. Yo pago el plato de todas. ¡Ponte aún más bonita y ven con nosotras!

—Está bien, Susan. —acepto, escuchando su entusiasmo del otro lado—Nos vemos luego, entonces.

—¡Perfecto!

Cuelga justo cuando llego a la empresa. Después de pagarle al taxista con un poco del dinero que me prestó Krisha, bajo del auto y camino hacia la entrada principal. Empujo la puerta de cristal y la suave música de la recepción me recibe de inmediato. El aroma a menta es exquisito. Me encamino hacia el elevador y presiono el botón del piso once.




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