ISABELLE
—¿Y con qué fin?
Me remuevo en mi sitio, incómoda. El señor Morton me observa con atención, esperando una respuesta de mi parte. Llevo el vaso hasta mi boca con las manos temblorosas y abro grande los labios para tomar un buen sorbo de agua.
—Bueno, es que he notado que los pasillos están muy apagados y, para ser sincera, lucen un poco deprimentes, señor Morton —explico. Él se acomoda mejor en su silla, entrelaza los dedos y me presta toda su atención—. Podríamos pintar murales, siempre de acuerdo con la identidad de la compañía, por supuesto. Cosas relacionadas con la moda. Un poco de color no estaría mal. —Me encojo de hombros mientras hablo—. Algunos retazos de tela afichados podrían darle un aspecto...
—Entiendo lo que dices. Cierra la boca y déjame procesarlo todo —ordena, tomando un lápiz para juguetear con él.
Me mira fijamente y eso me pone nerviosa. Desvío la mirada hacia el suelo y frunzo el ceño al notar una alfombra distinta, de color azul cielo.
—¿Crees que puedas dibujar aquello y enviármelo por mail? —pregunta, y levanto la cabeza de inmediato.
—Podría intentarlo, señor Morton, aunque me tomará algunos días —respondo. Él asiente—. Se lo enviaré en cuanto esté listo.
—¡Perfecto!
—Con su permiso, señor Morton.
Me pongo de pie y salgo de su oficina. Krisha corre hacia mí y me mira con una sonrisa emocionada, esperando que le cuente lo que ocurrió dentro.
—¿Y bien? —curiosea, juntando nuestras manos—. ¿Qué te dijo?
—Me pidió que hiciera un dibujo digital y se lo enviara.
Ambas soltamos un chillido de emoción y damos pequeños saltos. Me abraza y luego besa mi mejilla.
—¡Felicitaciones, Belle! Eso significa que tu idea le agradó.
—Espero que la acepte. Reformar este lugar sería... ¡el boom! Definitivamente se vería mucho más hermoso —expreso, con ensoñación.
El señor Morton debe conocer mi potencial. Quiero que vea que puedo ser más que una asistente.
—Te ayudaré.
—Después de recibir el primer pago haré algunas compras de ropa para el trabajo y equipos electrónicos —comento mientras camino hacia el ascensor. Ella me sigue—. Necesito un iPad para hacer los bocetos. No soy experta en eso, pero puedo intentarlo.
—¿Cuándo te mudarás a mi casa? —pregunta, deteniéndome antes de entrar al elevador.
—La próxima semana, ¿bien? —prometo al ver su gigantesca sonrisa—. Ya tomé la decisión.
—¡Gracias, Belle! —me abraza—. Me harás compañía y eso es bueno.
Beso su mejilla y le regalo una última sonrisa antes de entrar al ascensor. Regreso a mi piso.
Tomo el lápiz cuando estoy en mi lugar y comienzo a hacer el boceto según lo que imagino para los espacios en blanco del espacio. Mis dedos presionan suavemente el lápiz y trazo líneas delicadas, fáciles de borrar. La inspiración se abre paso cuando reproduzco un poco de música y me pongo los audífonos con cable. Observo a las personas pasar frente a mi puesto, sus vestimentas coloridas y sus maquillajes extravagantes.
A partir de la próxima semana puedo comenzar a maquillarme de forma más colorida. Me gusta la idea. Usaré temática navideña. Será divertido.
Un mensaje entra a mi celular y ruedo los ojos al tomarlo.
Jair: Nena, quiero verte. Te he extrañado mucho, Isa. No sabes cuánto te necesito.
Suelto un suspiro tembloroso y evito responder. Es un descarado. No merecía todo el amor que le di. Fui una estúpida. ¿Cómo no me di cuenta de que tenía una relación con mi prima desde hace dos años? Una lágrima humedece mi mejilla y dejo escapar un sollozo. Cubro mi rostro mientras mi mente se llena de recuerdos que se supone eran bonitos, de momentos en los que creí que de verdad me amaba.
Doy un salto en mi asiento cuando alguien deja caer con fuerza su mano sobre mi escritorio. Observo a la señora Anderson allí, inspeccionándome. Limpio mis mejillas con desesperación y me pongo de pie. Su mirada me sigue aunque intente evitarla.
—¿Pasa algo, señora Anderson? —pregunto en voz baja, con la mirada agachada.
—Quiero que mañana te veas mucho más presentable. Me acompañarás al palacio, ¿entendido?
—¿Al palacio, dijo? —alzo las cejas y me inclino hacia ella, sin estar segura de haber escuchado bien.
—Sí, señorita Isabelle.
—Uh, no lo comprendo —murmuro.
—Nos encargaremos del príncipe, su posible prometida y también de la reina —explica, y yo asiento.
—¿La reina no ha muerto? —se me escapa.
Ella abre los ojos de par en par y me mira con reproche. Me cubro la boca, apenada.
—Lo lamento... fue una pregunta muy imprudente. No debí...
—Señorita Isabelle, encárguese de lo que le corresponde y no indague de más —ordena antes de marcharse, meneando sus caderas mientras los tacones golpean el suelo.
Me dejo caer en la silla y me giro para mirar el exterior. Observo los edificios y algunas casas cercanas cubiertas de nieve. No ha dejado de nevar en todo el día y, con este clima, mañana tendré que usar cuatro abrigos encima.
Por primera vez, el teléfono de mi escritorio suena, así que decido contestar.
—¿Bueno?
—Belle, ven acá. El señor Morton quiere verte.
—¿De qué se trata, Kris? —inquiero.
—Ya verás.
Cuelga antes de que pueda decir algo más. ¿Ahora qué? Hago lo que Krisha indica y, al llegar, me hace una seña para que entre a la oficina del señor Morton. Está sentado tras su escritorio, pero al verme se pone de pie. Le sonrío.
—¿Pasa algo, señor Morton?
—Señorita Belle, Krisha ha hablado conmigo —comenta, y lo observo con atención.
—¿Umh?
—Ella me hizo saber que estás atravesando algunos problemas económicos y...
—Ay, voy a matarla —gruño bajo. Él levanta una ceja—. Esto me avergüenza, señor Morton.
—Recibe tu pago, por favor —dice, extendiéndome un sobre—. Es anticipado, pero es tu pago.
—Señor Morton, me apena. Lo recibiré cuando sea el momento...
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Editado: 04.07.2026