ISABELLE
—Me ha encantado, Belle.
El señor Morton me mira con una sonrisa de admiración y no puedo esconder mi alegría. Doy un pequeño salto y aplaudo, emocionada. Oigo su risita.
—Muchas gracias, señor Morton. Eso me alegra demasiado.
—Pero no vamos a usarlo como tanto lo deseas.
La sonrisa que tenía se desvanece en un parpadeo. Siento mis esperanzas caer al suelo y algo dentro de mi pecho quebrarse un poco. Aclaro la garganta, removiéndome con incomodidad en mi lugar.
—Oh... bueno, yo creí...
—Esto no debe estar en las paredes, señorita Isabelle.
Trago saliva al percibir la seriedad en su rostro. Tal vez es bueno, pero no lo suficiente como para destacar, y mucho menos en una compañía tan grande y exitosa como esta.
—La verdad es que...
—Creo que podremos usarlo en la próxima colección.
Su sonrisa se vuelve inmensa y suelto un grito de alegría, elevando los brazos sin pensarlo. Él se pone de pie y grita conmigo. Yo grito aún más fuerte, desbordada de emoción. Sin pensarlo, me acerco y lo abrazo como si fuera una de mis amigas. Ambos damos pequeños saltos en círculos, riendo como niños.
Suelto una carcajada y cubro mi boca. Me separo de él, mirándolo con sorpresa y una felicidad que apenas puedo contener.
—Señor Morton, yo... ¡OH, POR DIOS! —exclamo, sintiendo que voy a llorar en cualquier segundo. Aspiro aire con dificultad—. No puedo creer esto... No tengo palabras para...
—Me ha fascinado lo que hiciste, Isabelle. Es bellísimo. Creo que podremos lograr estampados muy atractivos con esto... —explica, y todo me parece tan irreal.
Jamás lo imaginé. Nunca pasó por mi cabeza. No estaba en el maldito plan... pero, aun así, la emoción me invade.
—Realmente me tiene... impactada —confieso, dejando escapar unas lágrimas. Lo observo con atención, esperando que alguien entre con cámaras y grite "¡caíste en la broma!", pero nada ocurre—. No puedo creer que sea cierto —susurro, limpiando mis lágrimas con cuidado para no arruinar el maquillaje—. Yo creí que... no había sido suficiente y...
—¡No, Belle, linda! —me interrumpe, agitando la mano—. Es tan espectacular que me abrió miles de ideas. Definitivamente lo verás en la próxima colección.
—No sé cómo agradecerle esto, señor Morton.
—Es tu propio trabajo, linda. Yo no hice nada, tú lo hiciste todo —dice con orgullo, acariciando mi brazo—. Voy a llamarte seguido para consultarte algunas cosas y, por supuesto, tendrás créditos en la colección, ¿entiendes? Debemos firmar algunos contratos. —solo puedo asentir con la boca entreabierta, completamente emocionada—Puedes volver a tu puesto.
Salgo de su oficina como un robot, avanzando con la mirada fija al frente. Oigo la voz lejana de Krisha, pero mi mente solo se llena de imágenes de éxito. Cuando entré a esa oficina, creí que me rechazaría, jamás imaginé algo así.
—¿Belle, estás bien?
Krisha apoya la mano en mi hombro y asiento lentamente, sonriéndole cada vez más.
Me observa con insistencia, mordiéndose las uñas.
—Él va a... —cubro mi boca y grito, oyendo su risa—. ¡Va a usarlo en la próxima colección, Kris!
—¡¿Qué?! —chilla, sujetándome las manos—. ¡Oh. Por. Dios!
Ambas saltamos en medio del pasillo, ignorando las miradas ajenas.
—¡Eso es magnífico, Belle! —me abraza con fuerza—. ¡Carajo!
Se separa y me mira como una madre orgullosa.
—El señor Morton me dio la oportunidad de mi vida —confieso— y creo que ni siquiera lo sabe.
Yo era solo una chica que trabajaba en un restaurante, viviendo en un departamento miserable, contando monedas para transportarse. ¿Cómo pasó esto tan rápido?
—Eres talentosa, Belle —dice Kris con suavidad—. Hay que celebrar. Voy a llamar a las chicas.
Río al verla correr hacia su puesto. Me dirijo al elevador, saludando a todos. Me contengo de gritar la noticia. Aprieto la tela de mi vestido y los labios. Un chico me mira cuando se me escapa un chillido, y al abrirse las puertas sale casi corriendo.
Salgo y camino hacia mi escritorio, hasta que lo veo.
Ese cabello naranja.
Fernello duerme profundamente en mi silla. Pongo las manos en la cintura y golpeo el suelo con el tacón.
—Oye.
—La... Corona... ¿una boda? —balbucea—. Isabelle...
Se despierta de golpe y chocamos cabezas.
—¡Casi me sacas el cerebro por la nariz!
Él se disculpa, presionando mi frente.
—Eso dolió —me quejo.
—Lo siento mucho... Me dormí mientras te esperaba y... —siento cómo mi frente se calienta y empieza a picar—. No fue mi intención, yo...
—No te preocupes —le resto importancia, aunque su mano sigue pegada a mi frente—. Fernello...
—¡Oh, sí! —se aleja de inmediato, dándome una sonrisa—. Espero que el dolor se pase pronto.
—Lo hará —respondo, rodeando mi escritorio para tomar mi bolso.
—¿A dónde vas? —pregunta al verme caminar con intención de irme. Me giro, levantando una ceja—Es decir, ¿te vas?
—Sí.
—¿Ya terminaste tu jornada? Creí que... íbamos a almorzar juntos, ¿no?
—¡Claro! —le regalo una sonrisa tranquilizadora—. Solo voy al baño a inspeccionar la montaña que está por crecer en mi frente. —bromeo entre risas. Sonríe con gracia—Sigue doliendo. Voy a maquillar la zona... debe estar tomando un color raro.
—En realidad, no.
—Igual voy a hacerlo —le sonrío con los labios cerrados y me doy la vuelta para cruzar el pasillo rumbo al baño.
Oigo pasos detrás de mí y, al mirar de reojo, confirmo que es él.
—Ey, ey, ¿qué haces, Fernello? —me detengo a mitad del camino. Él también frena, con las manos en los bolsillos delanteros de su jean casual.
—Bueno... iba a acompañarte.
—Tú no puedes entrar.
—Ah, ¿no? Quiero decir, no —sonríe como idiota y ruedo los ojos—. Te esperaré afuera. Fue un golpe fuerte, podrías desmayarte y no habría nadie que te ayude. Por suerte, me tienes a mí. —lo miro con cansancio. Dramatiza—Ahora, si no quieres que yo vaya, entonces...
#1679 en Novela romántica
#603 en Chick lit
#455 en Otros
#210 en Humor
realeza futuro romance secretos, amor amistad confesiones, romcom chiklit
Editado: 04.07.2026