ISABELLE
Es el tipo del que tan mal he hablado por no conectarse con los ciudadanos.
Fernello es el príncipe del que todos hablan a mi alrededor, el príncipe al que todos llaman mujeriego y bebedor.
¿Realmente estoy frente al príncipe?
Observo su mirada apagarse, pero no baja la mano; sigue esperándome mientras yo niego desde mi lugar, completamente anonadada.
—Lo sabía... —gruñe con frustración contenida, pasando ambas manos por su cabello—. Carajo, lo sabía.
Trago grueso al verlo darme la espalda.
—Yo...
—¿Quieres volver a tu casa? —pregunta.
Aprieto los labios y asiento lentamente. Estoy aterrada. ¿Fernello es el príncipe, de verdad?
—Bien. Llévenla a casa.
Sus ojos azules me observan con una tristeza profunda, pero no me muevo ni un centímetro. Me mira como si escondiera demasiado dolor, y siento algo romperse dentro de mí al ver cómo sus labios se curvan apenas hacia abajo.
Mi mente atropella cada momento que compartimos. Mis labios tiemblan, guardando palabras que no me atrevo a decir.
La puerta se cierra segundos después y quedo pasmada mientras el auto vuelve a avanzar por el camino empedrado, alejándome del hombre que intentó conquistarme, que me regaló flores, me invitaba a cenas y pasó conmigo un fin de semana increíble.
¿Por qué me mintió así?
Me giro y lo veo de pie, a mitad del camino, observando cómo me alejo. Aprieto los labios y me recuesto en el asiento, temblando.
¡No puedo tener esta vida! ¿Qué se suponía que pretendía?
Soy una chica de pueblo que apenas logra adaptarse a la ciudad. ¿De verdad cree que puedo formar parte de la Familia Real? ¿De su familia?
No pertenezco a esto.
Cuando llego a casa, bajo de la camioneta casi corriendo y entro de golpe. Krisha me mira con una ceja enarcada, como si hubiese perdido la cabeza.
—Pero te acabas de ir, Belle... apenas han pasado treinta o cuarenta y cinco minutos. ¿Qué ocurrió?
—Tú... Kris... no lo vas a creer.
—¿Estás bien? ¿Te hizo algo? ¿Te lastimó?—me inspecciona.
—El príncipe no tiene ojos verdes.
—¿Ah?—me mira raro.
—Azules.
—Bueno, pero no entiendo por qué volviste—le resta importancia a lo que digo.
—Kris... él es Jacob.
—¿Quién es Jacob? —frunce los labios. Trago grueso y tomo sus manos, mirándola fijamente. Empieza a negar despacio—¿Qué dices, Belle?
—¡Maldición, Kris! ¡Es el príncipe!
—¡POR DIOS! —grita, abriendo los ojos—. Esto es una broma, ¿verdad? —me empuja suavemente—. No estoy para juegos, Isabelle. Nadie conoce a ese tipo—luce molesta.
—¡Fernello es el maldito príncipe Jacob!
—¡Estás bromeando!—chilla.
—¿Cómo podría bromear con algo así?
—Eso suena muy... fantasioso.
Sin decir nada más, camino hacia mi habitación, escuchando sus pasos detrás de mí.
—Prefiero estar sola, Kris.
—¡Belle, espera! Lo siento, nena... suena imposible, pero... te creo. No te vayas.
Lanzo el bolso sobre la cama y suelto un grito ahogado, rompiendo en llanto.
—Creí que por fin podía dejar de ser un fracaso en el amor...
—Oh, Belle, cariño...
—Me mintió todo este tiempo y... es el maldito príncipe.
—No sé qué decirte... —gimotea—. Ha sido bueno contigo, y yo creo que...
—No encajo en esa vida, Kris. No es para mí.
Se queda callada mucho tiempo, como si aun estuviera procesando la noticia. Estoy segura de que no me cree. Incluso para mí parece una mentira.
—Eso te asusta, lo sé, pero míralo bien: fue amable, atento, se preocupaba por ti. ¿Crees que merece esto?
—No —me siento en el borde de la cama—. No pertenezco ahí. ¿Qué quería, que fuera reina? ¡Va a heredar el trono!
—Belle...
—Soy una chica de pueblo. Nadie me aceptará. Ni su familia. Todos se avergonzarán de mí.
—Creo que deberías hablar con él, conocerlos antes —dice firme—. Estás siendo injusta con él, con ellos... y contigo misma.
—No puedo.
—¿Vas a ignorar todo lo que han vivido? En semanas sentiste más que en años con Jair. ¿De verdad vas a dejarlo ir?
—Jair también parecía bueno al inicio... y mira cómo terminó.
—Isabelle, estás siendo egoísta contigo. Además las situaciones son bastante distintas...
—No quiero hablar más de esto.
—Nena...
—Tomaré una siesta. Dile a las chicas que vengan en la noche.
***
Tomo la caja de pañuelos una vez más y casi suelto un grito entre el llanto, escuchando a las chicas suspirar al unísono. Aprieto el abrigo contra mi cuerpo y me acerco un poco más a la chimenea.
—Bien, creo que continuaré mi búsqueda del tipo de los calzones, entonces.
—¡Irina! —la reprende Susan cuando mi llanto se intensifica—. Oh, Belle, lo siento mucho.
—¿Acaso él hizo algo mal?
—No lo entiendo, se suponía que todo estaba bien...
Ellas hablan y hablan, pero no entienden por qué estoy así. Incluso para mí resulta absurdo ponerlo en palabras. Decirlo en voz alta suena exagerado, casi irreal, como si estuviera narrando la trama de una novela. El hombre con el que he estado saliendo, aquel que conocí de la forma más sencilla y cotidiana, terminó siendo nada más y nada menos que el príncipe de la Corona. Alguien que durante todo este tiempo fingió ser una persona común, ocultando deliberadamente quién era en realidad, como si su verdadera identidad fuera un disfraz demasiado pesado de cargar o una verdad imposible de compartir desde el inicio.
—Es el príncipe —digo al fin, y todas jadean al mismo tiempo.
Sophie ríe con nerviosismo, igual que Dina. Irina me observa como si me hubiera vuelto loca, mientras Susan permanece completamente pasmada.
—¿Qué? —Dina deja de reír al notar la seriedad de mi rostro—. Esto es una broma, ¿verdad? ¿Me estás jodiendo?
—No es ninguna broma, chicas —interviene Krisha, con un tono claramente molesto—. Belle está realmente afectada por esto.
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Editado: 04.07.2026