¡por los calzones del príncipe!

9| An Everlasting Love

ISABELLE

—¿Es una bruja?

—¡Irina!

—Lo siento, lo siento —ríe, tapándose la boca—. Tenía que preguntar... Entonces, ¿qué tal es la reina?

Resoplo, haciendo que un mechón de cabello caiga sobre mi frente, y lo aparto con torpeza antes de volver a clavar la mirada en la pantalla frente a mí. Frunzo el ceño, intentando formular una respuesta adecuada, pero el sonido exageradamente ruidoso que hace Susan al destapar una envoltura de chocolate me desconcentra por completo.

Tengo la cabeza llena. Entre las indicaciones de la señora Anderson, la tableta que sostengo con manos cansadas y el plazo absurdo de entrega —medianoche—, siento que mi cerebro está funcionando en automático.

—Es... —empiezo, dudando—. Bueno, es una mujer muy respetable y...

—No te agradó, ¿verdad? —Dina entrecierra los ojos, apoyándose sobre el mesón como si ya supiera la respuesta.

—No, no es eso —me encojo de hombros—. No me desagrada. Solo... parece muy estricta, tal vez un poco seria, pero no ha sido mala conmigo. En absoluto. —Krisha me observa con esa sonrisa suave que siempre muestra cuando cree en mí un poco más de lo que yo misma lo hago—Me siento bien, chicas —continúo, con honestidad—. Sí, me asustan todos los cambios que seguramente vienen, pero... ¿por qué no intentarlo? Jacob lo merece. Ha sido tan... espléndido conmigo.

—¡Oh, Belle! —exclama Susan, acercándose para envolverme en un abrazo mientras las demás chillan como si yo acabara de anunciar una boda—. Nos alegra tanto verte feliz. Al fin alguien parece realmente merecerte.

Besa mi mejilla con fuerza.

—Y si tú quieres a Jacob, nosotras también —añade Irina, dándole un sorbo ruidoso a su chocolate—. Aunque... ¿no tendrá un primo?

—Por Dios, Irina —Krisha le da un golpecito en la cabeza con la cuchara de madera—. Belle... ¿ya les hablaste de...?

—¡Oh, cierto! —exclamo, soltando una risita—. ¡Descubrí al dueño de los calzones extravagantes!

—¡¿Qué?! —Sophie abre los ojos con puro deleite—. ¡No! ¿En serio? ¡Dinos quién es! ¿Cómo lo supiste?

Las miradas insistentes me rodean y tengo que morderme el labio para no reírme antes de tiempo. Jamás imaginarían quién es el dueño de aquella prenda tan absurda. Esta historia les va a dar material para burlarse de mí durante el resto de sus vidas.

Abro la boca para comenzar el relato, pero el sonido de mi celular corta el momento y provoca un coro de quejidos dramáticos.

—¡Nooo!

—¡Beeeelle!

Miro la pantalla: Jacob.

—Hola, JayJay —saludo sin pensar.

—¿JayJay? —repite, y puedo jurar que sonríe—. Suena... interesante, linda Isabelle.

Siento el calor subir por mis mejillas y bajo la mirada de inmediato para que mis amigas no noten mi expresión ridícula. Ellas, por supuesto, ya están haciendo gestos exagerados detrás de mí.

—Acabo de elegirlo —me defiendo.

—Me gusta —dice—. Te llamo para saber si estás libre esta noche... para nuestra cena.

Miro la tableta con resignación.

—Tal vez tenga mucho trabajo, pero las chicas me ayudarán.

Krisha alza ambos pulgares con entusiasmo.

—Estaré pendiente, entonces —responde—. Si no puedes, lo dejamos para otro día.

—No, iré —afirmo—. A las siete.

—Pasaré por ti.

—Está bien... adiós, JayJay.

—Adiós, hermosa.

Cuelgo y, en segundos, todas gritamos al unísono, tomadas de las manos, dando pequeños saltos como adolescentes.

Esta relación es mía, pero ellas la celebran como si también lo fuera de ellas . Amo eso. Amo que nunca me sueltan, que están en mis risas, mis caídas, mis miedos.

—No te preocupes por nada —dice Krisha con firmeza—. Te vamos a ayudar.

Tal como prometí, a las cinco en punto empiezo a arreglarme. La casa se llena de música, risas y movimiento. This Will Be (An Everlasting Love) suena de fondo y, por un momento, todo parece irreal. Como una película. Como un sueño demasiado bueno.

Cuando el timbre suena a las siete en punto, bajo las escaleras con el corazón desbocado. Abro la puerta y Jacob no me da tiempo de decir nada: me atrae hacia él y rodea mi cintura con un gesto protector. Besa mis labios como un loco, haciéndome suspirar cuando nos separamos.

Apoyo mi mano en su pecho y siento su corazón acelerado, igual al mío.

—Te ves hermosa —susurra, cautivado.

—Tú estás... guapísimo, JayJay.

Sonríe, y en ese instante, todo vuelve a sentirse sencillo.

—¿Nos vamos?

—Sí.

Me volteo para cerrar la puerta de casa y me encuentro con las chicas agrupadas justo en la entrada, mirándonos a ambos como si estuviéramos protagonizando el final de una película romántica. No nos quitan la vista de encima, ni por un segundo. Siento cómo mi sonrisa se ensancha sin que pueda evitarlo.

Oigo a Jacob soltar una risita baja.

—Hola, chicas.

—¡Hola, Jacob! —responden todas al unísono, y yo termino riendo con ellas.

—Bien, chicas, nos vemos luego —me despido, levantando una mano mientras intento controlar la sonrisa absurda que tengo instalada en el rostro.

—¡No llegue tarde, su alteza! —se burla Krisha, guiñándome un ojo.

—Prometo devolverla a su castillo temprano —bromea Jacob.

Entrelazo mi brazo con el suyo y aprieto el abrigo contra mi cuerpo cuando el frío me cala hasta los huesos. La puerta de la camioneta se abre de inmediato y ambos subimos; la calefacción nos envuelve al instante y dejo escapar un suspiro de alivio. El día está helado, aunque hoy, al menos, se dejó ver un poco el sol.

—JayJay —murmuro, acomodándome en el asiento—, espero que tengamos una noche muy bonita.

—Seguramente lo será —dice, sin dudar—, tan solo porque estamos juntos.

Siento el calor subir a mis mejillas y le sonrío como una auténtica idiota. Jacob rodea mis hombros con su brazo y me acerca a su cuerpo, dándome ese calor suave y protector que necesito para dejar de temblar.




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