¡por los calzones del príncipe!

10| Creo Que Me He Enamorado

ISABELLE

Muevo mis pies con ansiedad sobre el tapete de la camioneta cuando finalmente ingresamos al sitio, tras dos largas horas de recorrido. El camino se me hizo eterno, casi insoportable, pero Jacob logró, de alguna forma, sacarme de ese estado inquieto en cuanto notó lo distraída que estaba.

Durante el viaje me habló de su padre. De cómo aprendió a convivir con su ausencia, de lo mucho que aún lo extraña. Me contó sobre la fortaleza de su madre, los conflictos a los que tuvo que enfrentarse para proteger a su familia, los escándalos injustos que los han perseguido durante años y las mentiras que otros crearon con tanta facilidad. Historias que, de haberlas sabido antes, con tanto detalle, jamás me habrían permitido hablar de Jacob de la forma en que alguna vez lo hice.

Lo juzgué sin conocerlo, y eso ahora me parece absurdo. Ni siquiera sabía quién era en realidad. Me atreví a decir que era egocéntrico, poco generoso, incluso un mujeriego sin profundidad alguna. Recuerdo haber afirmado, con liviandad, que no tenía el más mínimo interés en conocerlo y que, probablemente, no había nada especial en él.

Y, sin embargo, lo conocí sin saber que era el príncipe... y me interesó más de lo que esperaba.

Ahora, sabiendo quién es y el peso que carga sobre los hombros, me he tomado el tiempo de conocer no solo su mundo, sino su vida, sus costumbres, su lado más humano. Y debo admitir que esperaba algo distinto. Pensé que todo sería más complicado, que él cambiaría, que el título lo volvería distante después de revelarlo. Pero no. Jacob sigue siendo exactamente el mismo hombre caballeroso, atento y sincero que conocí al inicio.

La camioneta se detiene. Bajo y tomo su mano cuando me la extiende, caminando a su lado, siguiendo su paso. Estamos lejos de la ciudad, eso es evidente. Subimos unos pocos escalones que conducen a lo que parece la entrada de un gran jardín, o algo parecido, atravesamos un recibidor completamente vacío. Miro el lugar con extrañeza mientras me dejo guiar. Sus guardaespaldas no nos acompañan y eso me resulta raro... aunque, en el fondo, agradezco esa privacidad. Me hace sentir más tranquila.

Entonces los veo.

Dos enormes caballos, majestuosos, sostenidos por un hombre. Jacob se detiene y me observa, esperando mi reacción. Llevo ambas manos a mi boca y suelto un pequeño chillido, incapaz de ocultar mi emoción. Son imponentes, hermosos, casi irreales. Me acerco despacio y estiro la mano para acariciar el pelaje suave y brillante de uno de ellos.

—Vaya... es impresionante —jadeo, completamente cautivada.

—Quiero dar un paseo a caballo contigo —dice Jacob detrás de mí, apoyando sus manos en mi cintura con suma suavidad.

Me giro y lo rodeo con los brazos alrededor del cuello, asintiendo sin dudar.

—Me encantaría.

Su sonrisa se ensancha.

—¿Sabes montar o...?

—Vengo de un pueblo, JayJay —respondo con una risita, empinándome apenas para besar su mejilla—. ¡Vamos ya o va a anochecer!

Me acerco al caballo que ya había acariciado y subo sin dificultad. Jacob hace lo mismo, y mientras se prepara, sigo mimando a la hermosa criatura, besando su melena y acariciándola con afecto.

—Ven, sígueme —indica.

Avanzo tras él, respirando la calma que nos rodea. El cielo no está completamente despejado, pero el aire conserva una tibia calidez. Parece uno de esos días en los que la lluvia o la nieve podrían caer en cualquier momento.

—Morton me habló de la forma en que te infiltraste en su compañía —comento con diversión, escuchando su risa suave.

—Bueno... fue una historia interesante —se encoge de hombros—. Te vi correr de pasillo en pasillo y entonces te reconocí. Eras la chica que intentó seducirme en el baño de aquella discoteca.

Siento el calor subir hasta mis mejillas y rompo a reír.

—Fue el alcohol, no fui yo.

—Excusas baratas.

—Bueno, la verdad es que me pareciste atractivo —confieso, observando cómo su sonrisa se vuelve más amplia.

—¿Lo suficiente como para intentar seducirme?

Ruedo los ojos.

—Puedes olvidarlo. Después caíste en mis encantos y compartiste la cama conmigo —digo con ligereza.

—Si ninguno lo recuerda, debemos asumir que no ocurrió.

—Buen punto —respondo entre risas.

—Así es.

Cabalgamos en silencio por un largo rato. La paz del lugar se siente profunda, casi sagrada.

—¿Por qué me trajiste aquí? —pregunto al fin.

—Mi padre solía traerme a este lugar —comienza, con la voz baja—. Cabalgábamos juntos y me contaba anécdotas de su vida como rey. Aquí me preparó para enfrentar el ojo público, para el día en que me proclamaran rey.

Lo miro y noto la nostalgia en su rostro.

—Después de su muerte, vengo cada año. Hoy es el aniversario —añade.

—Lo siento mucho, Jacob.

—No tienes que lamentarlo —me dice, mirándome con una sonrisa serena—. Estoy en paz. Vengo aquí a recordarlo, a mantener vivos esos momentos.

—Se nota que significa mucho para ti.

—Es mi lugar favorito en todo el mundo —confiesa—. Por eso quise traerte. Te has vuelto alguien importante para mí en tan poco tiempo... y quiero que sepas que mis intenciones contigo van mucho más allá de lo que imaginas. —me mira con sinceridad. Mi corazón late con fuerza—Déjame mostrarte todo de mí. Mi mundo, mi historia... prometo que no te arrepentirás.

Estira su mano para alcanzar la mía y luego deja un beso en el dorso de esta. Le doy un suave apretón a la suya y sonrío, sintiendo cómo mi rostro se pone muy rojo.

—Gracias por enseñarme tu lugar favorito y por decirme palabras tan bonitas. Haré todo lo que esté a mi alcance para conservar esta relación y permitir que me enseñes todo lo que te compone a ti y a tu mundo.

Veo una sonrisa en su rostro y siento que me muero.

—¡El que llegue de último al lago, pierde!

Jacob cabalga sin siquiera darme tiempo a procesar sus palabras y suelto un grito al aire, tomando las riendas para alcanzarlo. Lo veo avanzar ágilmente a través del valle y me apresuro aún más al notar que está tan lejos.




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