¡por los calzones del príncipe!

12| El Futuro Escándalo

ISABELLE

—¡Mamá, papá!—chillo de alegría y corro entre las personas para abrazarlos con fuerza.

Los extrañé como no tienen idea. Pasé demasiado tiempo lejos de ellos y tenerlos aquí, justo ahora, se siente como un respiro profundo después de haber contenido el aire por mucho tiempo. Los rodeo con mis brazos, los lleno de besos y cierro los ojos un instante, grabando este momento en mi memoria. Al fin puedo tenerlos conmigo, al fin puedo contarles —aunque todavía no todo— lo que ha estado ocurriendo en mi vida.

Los días han pasado volando. Las chicas me acompañaron durante todo este tiempo, como siempre. He asistido a las clases dentro del palacio, por supuesto, intentando adaptarme a ese mundo que aún me resulta tan ajeno. Morton también me ha llamado varias veces; está ansioso por presentar nuestro proyecto y no ha dejado de repetir lo orgulloso que se siente del trabajo que hemos hecho juntos. Me invitó a almorzar con él hace unos días, pero no pude asistir por las clases, así que dejamos la reunión para el sábado en la tarde.

Navidad está a la vuelta de la esquina y podré celebrarla con las personas que más amo. La sola idea me llena de emoción.

Cuando Jacob se enteró de que mi familia llegaría hoy, dispuso inmediatamente un chófer y un vehículo para mí. Por supuesto, al inicio me negué a todas sus propuestas, especialmente a la de hospedar a mi familia en el palacio. Entonces me dio dos opciones muy claras: un chófer a mi disposición o mi familia instalada dentro del palacio.

Mi familia ni siquiera sabe de la existencia de Jacob. Si los hiciera entrar al palacio de golpe, podrían morir del impacto frente a mis propias narices. Prefiero ir con calma, contarles todo poco a poco, de manera prudente. Entrar directamente al palacio sería un shock demasiado grande... y un atrevimiento de mi parte.

Mis hermanos se unen al abrazo y luego beso la mejilla de cada uno. Cuando abrazo a mi pequeña hermana Lila, ella se aferra a mí con fuerza, como si temiera que pudiera desaparecer otra vez.

—Te extrañamos mucho, Belle.

—Yo también los extrañé demasiado—respondo, acariciando su cabello con ternura.

Me separo de ella y saludo a mi cuñado con una sonrisa amable.

—¿Les parece si vamos a almorzar juntos o prefieren descansar primero?

Se miran entre ellos, indecisos como siempre, hasta que mi madre toma la palabra:

—Dejamos el equipaje en el hotel y luego vamos a comer contigo.

—Perfecto—sonrío—. Vamos.

Paso mis brazos alrededor de los hombros de mis padres y los conduzco hacia la salida mientras les pregunto por el vuelo. Lila, por supuesto, se mete en la conversación y empieza a contar con entusiasmo todas las chucherías que comió durante el trayecto en tren y en el avión.

De manera un poco incómoda, los acerco a la camioneta que nos espera. Está siendo custodiada por hombres con trajes formales, auriculares en la oreja y expresión seria. No es como si yo fuera una celebridad... ni la mujer de un mafioso, pero incluso yo misma me sorprendo de lo exagerado que se ve todo.

Mis hermanos continúan caminando por la acera, pero les chisto para que regresen. Mis padres me miran raro cuando les indico que entreguen el equipaje para que lo guarden en la bodega del vehículo. Las puertas se abren frente a nosotros con una precisión casi coreografiada.

Mi papá me observa de reojo. Oigo a Roy soltar un silbido bajo y a Milly jadear, claramente impresionada. Aclaro la garganta y me subo rápidamente al carro, fingiendo naturalidad.

—Vaya que sí te cambió la vida, Belle—dice Roy entre risas.

Le lanzo una mala mirada, pero no puedo evitar sonrojarme.

Emprendemos camino hacia el hotel y, conforme avanzamos, Lila no deja de hablar sobre lo mucho que disfrutará el fin de año en la capital: las chucherías, la nieve, los muñecos que quiere hacer.

Soporto las miradas confusas de mis padres durante todo el trayecto, fingiendo que no estamos viajando en el mismo tipo de vehículo que utiliza la familia real. Tecleo rápidamente en mi teléfono y le envío un mensaje de agradecimiento a Jacob por haber dispuesto todo esto para mi familia.

Al llegar al hotel, la mirada de mi madre no pasa desapercibida. Me observa con detenimiento, como si intentara descifrar algo que aún no comprende del todo. Por un segundo temo que piense que estoy metida en algún negocio extraño.

—¿Cómo pagaste este hotel, Isabelle?—pregunta mi padre en voz baja, observando cómo los hombres ingresan el equipaje.

—Te lo contaré luego, papá—respondo, evitando profundizar.

—Llegamos en un carro lujoso... y con chófer—añade, todavía incrédulo.

Suelto una risita nerviosa y los guío hasta sus habitaciones. Los jadeos de asombro no se hacen esperar ante cada detalle: el tamaño del lugar, la vista, las comodidades. Escogí un buen hotel, uno que les permitiera descansar y disfrutar de estas vacaciones como se merecen. Los años anteriores siempre se las arreglaban como podían en el pequeño apartamento donde solía vivir, así que este año quiero darles lo mejor.

Mi trabajo ahora me permite hacerlo.

Los ayudo a dejar sus cosas en las habitaciones correspondientes y luego los espero en el pasillo cuando oigo a mi madre decir que va a cambiarse de ropa. Planeo llevarlos de compras por la noche, aunque si prefieren descansar, podremos hacerlo mañana.

En ese momento, mi celular vibra en mi mano.

Sonrío al ver el nombre en la pantalla.

Jacob.

Contesto la llamada, sintiendo cómo el corazón se me acelera.

—Hola, JayJay —saludo, esbozando una sonrisa.

Me siento como una niñita enamorada.

Muerdo mi labio inferior, sintiendo las alas de las mariposas revolotear en mi estómago, casi obligándome a soltar un gritito cuando oigo su voz al otro lado de la línea.

—Hola, linda Isabelle.

—¿Cómo está todo? —pregunto, interesándome de verdad por sus proyectos.




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