¡por los calzones del príncipe!

14| Navidad

ISABELLE

Al amanecer, las chicas se despertaron temprano para preparar el desayuno, y Jacob decidió quedarse para acompañarnos. La casa se llenó del sonido de platos, risas bajas y el aroma del café recién hecho. Por un momento, todo se sintió normal, casi doméstico, como si el mundo exterior no existiera. Después de comer, nos quedamos charlando en la sala, comentando cualquier cosa trivial, intentando prolongar esa burbuja de tranquilidad... hasta que el programa de chismes comenzó a sonar desde el televisor.

Todo se destapó.

Tal como lo temía, las fotos fueron publicadas.

Sentí cómo el aire se volvía pesado en mis pulmones mientras las imágenes aparecían una tras otra en la pantalla. Las personas ahora reconocían mi rostro, y también el de Jacob. En las fotografías se nos veía con demasiada claridad: nuestros rostros, nuestras expresiones, la cercanía evidente... incluso el hecho de que estábamos medio desnudos en algunas tomas. No había forma de negar nada.

Escuché a los presentadores mencionar mi nombre completo, mi lugar de origen, detalles de mi vida privada, mi pasado, y hasta información sobre mi trabajo. Cada palabra era como un golpe seco. Los comentarios empezaron a llegar, no solo de desconocidos, sino también de personas que alguna vez nos habían visto juntos en la calle, que ahora afirmaban "haberlo sabido desde siempre".

Todos hablaban sobre "el aspecto del príncipe de la Corona y su novia".

La reina se pronunció conmigo más tarde, con una calma que parecía entrenada durante años. Me pidió que no me dejara intimidar por las noticias, que entendiera que aquello era algo habitual para ellos. Aseguró que, aunque ahora su familia estaba bajo el escrutinio público, las cosas terminarían calmándose. Su voz fue amable, pero firme, como si intentara transmitirme una fortaleza que aún no sabía si yo poseía.

Mis amigas lamentaron lo sucedido, pero aun así me regalaron sonrisas de apoyo, de esas que intentan sostenerte cuando todo parece venirse abajo. Todas sabíamos que el acoso que nos esperaba de ahora en adelante no sería fácil de sobrellevar.

Jacob decidió que ya no podía postergar más la situación. Programó una reunión para hablar finalmente ante el público, así que se marchó al palacio apenas se supo todo. Antes de irse, me pidió que permaneciera en casa.

Casi de inmediato, mi celular comenzó a sonar sin descanso. Llamadas, mensajes, notificaciones de familiares, conocidos y hasta amigos de la infancia que hacía años no veía. Decidí no responder a ninguno. Me quedé en la casa todo el día, sin saber qué estaba ocurriendo allá afuera. Para mi tranquilidad, Krisha apagó la televisión y me obligó, con paciencia y cariño, a intentar disfrutar el día con las chicas.

Sabía que todo el mundo estaba hablando de esto y que seguramente lo seguirían haciendo durante lo que restaba del año. Al fin se había revelado el rostro del príncipe de la Corona... y el de su novia. Dos noticias en una sola. La gente llevaba años esperando ese momento, así que el tema no desaparecería pronto.

Esa noche di vueltas en la cama, incapaz de dormir correctamente. Llamé a Jacob una y otra vez, pero no respondió ninguna llamada. La ansiedad se me instaló en el pecho. Pasé la noche prácticamente en vela y apenas logré dormir un par de horas antes de que la alarma de mi celular sonara.

Cuando abrí los ojos, el corazón me dio un vuelco al escuchar a Krisha gritando desde el primer piso.

—¡Fuera de mi casa, ahora! ¡Salgan de mi jardín! ¡Respeten!

Me asomé desde el balcón de las escaleras y miré hacia las ventanas del primer piso. Afuera había un montón de personas con cámaras y equipos de fotografía, apostados frente a la casa como si se tratara de un espectáculo. Bufé, dejándome caer sobre el suelo, sintiendo una mezcla de rabia e impotencia.

Krisha llamó a la policía para que se hiciera cargo de la situación, mientras yo volvía a marcar el número de Jacob para informarle lo que estaba pasando. Habían conseguido mi dirección. No solo hablaban de mí: se habían atrevido a venir hasta aquí para fotografiarme, para invadir mi espacio, para arrancarme respuestas.

Todo indicaba que hoy también tendría que pasar el día entero encerrada.

—Enviaré un equipo de seguridad para ti —dijo Jacob al otro lado de la línea, con una voz tensa.

Le agradecí, consciente de que, a partir de ahora, necesitaría protección constante. Aunque ese día debía ir a la Compañía de Morton, preferí quedarme en casa con mi mejor amiga y excusarme con mi jefe. Mi celular seguía sonando de vez en cuando, como un recordatorio constante de que ahora todo el mundo sabía que estaba estrechamente vinculada con el príncipe.

—¡Belle, la comida está lista!

Me levanté del escritorio y cerré la computadora al oír a Krisha. Bajé las escaleras apresuradamente, guiada por el delicioso olor que salía de la cocina. Me senté a su lado en uno de los taburetes y acerqué el plato hacia mí. Ella tomó el control remoto y encendió la televisión.

—Está delicioso, Kris —dije, enredando la pasta en el tenedor. Ella me sonrió, agradecida.

—El príncipe Jacob... —comenzó a decir la presentadora.

Krisha apagó la televisión de inmediato y se giró hacia mí, con una expresión apenada. Yo reí suavemente y me encogí de hombros; sabía que solo intentaba protegerme.

—Lo siento.

—¿Qué podrían estar diciendo? —murmuré—. Enciéndela otra vez.

—Belle...

—No importa. Quiero ver.

Accedió. La imagen volvió a la pantalla y allí estaban todas las fotografías: Jacob y yo en su casa, y otras más tomadas desde la distancia, en las que aparecíamos al fondo mientras algunas personas se fotografiaban a sí mismas. Aquello no había sido casual. Había sido una búsqueda meticulosa.

Suspiré.

—Se encontrará en la plaza central, por primera vez, mostrándole su rostro a toda la nación —anunciaba la voz de la reportera—. Todos están ansiosos por conocerlo y por saber por qué se ocultó durante tanto tiempo. Además, quieren enterarse sobre su actual novia, aunque algunos creen que podría tratarse de una simple conquista... Sin embargo, se les ha visto juntos desde hace tiempo. Esperamos que nuestro príncipe pueda resolver todas nuestras dudas.




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