ISABELLE
Las chicas gritan y saltan alrededor de toda la sala, rodeándome como si acabara de anunciar el acontecimiento del siglo. Todas quieren ver el anillo en mi mano y mis oídos se aturden con tanta emoción desbordada, así que termino tapándolos mientras río sin poder contenerme.
—¡No puede ser!
—¡Por Dios!
—¡Qué emoción!
—¡Déjame verlo!
—¡Dámelo, dámelo, dámelo!
Sophie se abre paso entre todas para agarrar mi mano y examinar el anillo una vez más. En cuestión de segundos, mis dedos están rodeados por todas ellas, tirando de mi brazo con tanta fuerza que casi me duele, pero no me quejo; entiendo su emoción, la comparto. Vuelven a gritar al mismo tiempo y yo río a carcajadas, completamente abrumada y feliz.
Hoy es veintiséis de diciembre. Desde temprano, los reportajes y programas de chismes se han encargado de contarle al mundo que mi familia y yo pasamos la Navidad en el palacio. Cada medio tiene su propia versión de cómo fue nuestra noche, ninguno coincide del todo, pero todos parecen seguros de algo: que mi relación con el príncipe es real, que no soy una simple conquista pasajera ni una historia inventada para distraer a la prensa.
—¡Es hermoso!
—No puedo creerlo... ¡vas a casarte con el príncipe! ¡Por Dios!—Krisha chilla antes de lanzarse sobre mí para abrazarme con fuerza—¡Isabelle, qué emoción!
—A ver, ¿estamos invitadas? ¡Di que sí!—Irina da pequeños saltos, mirándome con expectativa.
Asiento sin dudarlo y ella suelta un grito agudo, llevándose las manos al rostro.
—¡Me siento tan feliz por ti, Belle!
—Gracias, chicas. —mi voz se quiebra un poco y siento cómo mis ojos se humedecen. Me dejo caer en el sillón y cubro mi rostro con ambas manos mientras mis amigas se sientan a mi alrededor—Las quiero tanto, en serio.
—No llores, cariño—Dina acaricia mi espalda con suavidad.
—Todas te queremos, Belle. —interviene Susan, y levanto la cabeza para regalarles una sonrisa temblorosa—Nos sentimos muy felices por ti. Te acompañaremos a buscar el vestido, te ayudaremos a elegir la decoración más hermosa y, por supuesto, estaremos contigo el día de tu boda.
—¿Cuándo podemos ir a ver el vestido?—pregunta Krisha con los ojos brillantes, incapaz de ocultar su entusiasmo.
—No lo sé aún. —respondo mientras limpio mis lágrimas con el dorso de la mano—Tal vez a inicio del año. Por ahora necesito... asimilar todos los cambios en mi vida y disfrutar lo que queda de la Navidad.
Las chicas permanecen conmigo el resto del día, mostrándome fotos de posibles decoraciones, estilos de bodas y vestidos de novia. Todo parece sacado de un sueño que aún no termino de comprender del todo. Aunque todo ha ocurrido tan rápido, debo admitir que me siento feliz, tranquila, en paz con la decisión que tomé. Seguí a mi corazón, y no me arrepiento.
Hay una frase que siempre escuché y que hoy cobra más sentido que nunca: "En una semana puedes sentir lo que alguien no te hizo sentir en años". Nunca pensé que fuera tan cierta, hasta ahora. Puedo afirmarlo sin dudar: es completamente verdadera.
Durante mucho tiempo me aferré a un amor que no me llenaba del todo. Me conformé con migajas, aun sabiendo que merecía más de lo que incluso yo misma me atrevía a desear. Me quedé con el primer hombre que me amó con sinceridad durante unos meses, quien luego terminó por romperme el corazón sin importarle los años compartidos ni los sueños que construimos juntos.
Y luego, un día cualquiera, sin esperarlo ni imaginarlo, Jacob apareció en mi vida.
¿Acaso pensé alguna vez que esto pudiera ocurrir? Jamás.
Ahora estamos comprometidos. Pronto nos casaremos.
Me casaré con el príncipe.
***
—Sí, bueno, la señorita Isabelle escogerá a tres de las modelos —anuncia Morton desde su silla, acomodándose las gafas sobre la nariz.
Krisha abre la puerta y el grupo de directivos guarda silencio de inmediato cuando las mujeres ingresan y se plantan frente a la larga mesa de reuniones. El ambiente se vuelve expectante, casi solemne, hasta que Morton vuelve a tomar la palabra.
—Isabelle, tres de estas mujeres deberán llevar las piezas principales de la colección.
Observo la pantalla frente a mí, donde se proyectan los bocetos finales. Las telas, los cortes y los detalles cobran vida en mi mente. Intercalo la mirada entre los diseños y las modelos, analizándolas con calma. Todas son distintas, cada una con una presencia particular; cualquiera podría lucir las prendas con elegancia, pero mi intuición —esa a la que he aprendido a escuchar— empieza a hablarme.
Mis ojos se detienen primero en una chica de cabello naranja y contextura gruesa, cuya postura transmite seguridad. Luego, en una modelo albina, delgada, casi etérea, con una fragilidad que contrasta de forma hermosa con la fuerza de los diseños. Finalmente, una mujer de tez muy oscura, rasgos celestiales y contextura media capta por completo mi atención; hay algo en su porte que resulta hipnótico.
—Ellas tres. —señalo sin pensarlo demasiado, segura de mi elección. Algunas cejas se elevan, pero no dudo ni un segundo—Son completamente distintas, y eso es lo que quiero. Son hermosas. Las prendas causarán impacto con ellas. Son perfectas.
Me levanto para observarlas mejor y les regalo una sonrisa sincera. Ellas responden con gestos de agradecimiento, visiblemente emocionadas. Cuando abandonan la sala, el murmullo regresa; el grupo directivo comienza a discutir sobre el lanzamiento de la colección, fechas, logística y estrategias. Yo no intervengo, consciente de que esos temas no me competen directamente.
Morton, sin embargo, se asegura de incluirme.
—Isabelle, ¿estás de acuerdo con esto? —pregunta, simplificando términos técnicos para facilitarme la comprensión.
Asiento cuando corresponde, doy mi opinión cuando me la solicita y dejo claro aquello con lo que me siento cómoda. La reunión fluye con naturalidad hasta que finalmente concluye.
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Editado: 04.07.2026