Por los siglos, de los siglos

Capítulo 1

Siempre te amaré, hijo mío —susurró aquella voz, desde lo profundo de la oscuridad.

Matthew se levantaba lleno de sudor y pánico, con un miedo irracionalmente fuerte a esas palabras. El miedo lo mantenía despierto, hasta altas horas de la noche. Con cuidado tomó asiento y acercó sus rodillas a su pecho, temía cerrar los ojos, pues el sentimiento de ser observado no cesaba en ningún momento, y normalmente proviene de los más oscuros rincones de su habitación.

Este mismo escenario, se había repetido durante ya cinco noches. Un sueño confuso y olvidadizo, y aquellas palabras claras y fuertes, que retumbaban por su cabeza justo antes de despertar. No entendía muy bien por qué. Al principio creyó que la culpa de todo, era la maratón de películas de terror que organizó junto a dos de sus amigos, se había asustado bastante con las películas de monstruos a pesar del tiempo, y de los malos efectos especiales que algunos tenían. Luego de la tercera noche, supe que era algo más.

Algo lo acechaba en la oscuridad, el pavor que sentía al cerrar los ojos, e imaginar aquella mano pálida con uñas como garras, acercarse desde los abismos más oscuros de su habitación. Por esa razón, no podía cerrar los ojos, y las noches en vela se empezaron a plasmar en su rostro.

Pero esa noche en particular, le resultaba extremadamente espeluznante, no solo por aquellos momentos donde su imaginación lo atacaba de la manera más brutal, sino también por la sensación de dos ojos mirándolo continuamente, pero no importa si él lograba conseguir mirar en dirección a esos, supuestos, ojos. No podía hacer que se aparten, y eso le resultaba mucho más aterrador… El simple hecho de que, lo que sea que lo está acechando, no tuviera miedo de que él lo notara.

Ese día, era la excursión. El cielo estaba nublado, y las nubes eran tan negras que casi podías llegar a confundirlas, pero aun así era muy claro para sus ojos, y le provocaba cierto dolor.

Cuando llegó al punto de encuentro, tomó asiento en el cordón de la vereda, y sin pensarlo mucho tapó sus ojos con sus manos, para poder suavizar el fuerte golpe de la luz. Tan concentrado estaba, que no pudo sentir las primeras gotas del cielo, que indican que una fuerte tormenta empezaría a caer en cualquier momento.

—No has dormido lo suficiente —la voz. Aquella voz puso a todos sus sentidos alerta. Con cierto miedo, levantó su rostro. Aunque no entendía por qué tenía miedo, de la voz que aparecía en sus sueños—. ¿Se encuentra bien señor Răucel? —volvió a preguntar.

—Profesor, lo lamento. Me debo ver muy mal —comentó con un intento de sonrisa, pero como resultado solo le mostró una mueca. Frente a él, estaba el hombre más hermoso que había pisado la tierra, su profesor de historia mundial. Y aunque Matt no se consideraba gay, no le daba pena admitir que, su profesor era el más atractivo de todo el cuerpo docente, por no decir del mundo.

—Tranquilo, no hay razones para que se disculpe. Debe estar muy entusiasmado por el viaje a Transilvania —y no solamente era atractivo en físico, sino también sus modales eran dignos de un caballero. Aunque, aún así, cualquiera que lo mirara, podía asegurar sin descanso que él era un hombre carismático y muy llamativo—, para la próxima, debería evitar quedarse despierto tan tarde, para sentir la emoción del viaje.

—Tiene razón, creo que me emocione demasiado —contestó, mientras veía como su profesor sacaba un paraguas negro y con sus elegantes guantes lo sostenía, de tal manera que ambos quedaran bajo su protección. Y justo en ese momento, un fuerte manto de lluvia azotó a toda la ciudad, asustando de cierta manera a Matthew, que logró levantarlo de su asiento. Pues todo parecía, que la lluvia había guardado lo suficiente como para caer con mucho estruendo.

—Sabes, revise tu expediente para la excursión, y me enteré de que tienes dos apellidos —comentó iniciando la conversación.

—Bueno, sí. Mi apellido es Tepes Răucel —le comentó restándole importancia—, mi madre solía decir, que toda la familia proviene de la realeza —y aunque no pareciera, su profesor miraba atentamente su rostro—, y que nuestro apellido es así, para poder ocultarlo. Aunque yo creo, que cuando mi familia emigró aquí, a Estados Unidos, mis ancestros se quedaron sin imaginación para inventarse un apellido decente —comentó con una sonrisa.

El camino hasta la aerolínea fue muy tranquilo, aunque Matthew solo podía fingirlo, pues aún sentía una mirada persiguiéndolo, casi con la velocidad del auto de su profesor.

Discretamente, giró su mirada hacia aquel hombre, lamentablemente no pudo ver nada sospechoso de él. Cuando llegaron, estaban mirando distraídamente todo a su alrededor, que se olvidó por un segundo de la lluvia.

—Te ves distraído —le comentó su profesor, mientras lo volvía a cubrir con su paraguas. Matthew nada más sonrió apenado, mientras le seguía el paso directo a la entrada. Cuando llegaron, la lluvia estaba en su punto más fuerte—. ¿Seguro que estás bien? —preguntó, mientras levantaba el mentón de Matthew, y justo cuando sus ojos chocaron, un fuerte estruendo golpeó en los cielos—. No quisiera que te sobre esfuerces —le susurró, mientras pasaba su pulgar enguantado por la mejilla mojada del menor.

—Estoy perfectamente bien, no se preocupe —murmuró nervioso, mientras se alejaba sin pensar en lo que había pasado.

El tiempo empezó a mejorar, e inmediatamente tuvo que formarse para abordar el avión. Preocupado intentó llamar a sus amigos, para poder saber si iban a llegar a tiempo, o tendrían que estar en grupos diferentes. Justo cuando estaba a mitad de la llamada, una mano con guantes negros, le saco el aparato.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.