¿por qué a mí?

Cuadragésimo primer capítulo: Aquella casa (2)

Ya había pasado caminando bastante cuando empezaron a ver lo que era las luces de alumbrado publico a lo lejos, estos se encontraban completamente apagados, pero eso también significaba que deben de estar cerca del lugar donde Miel había estado ya hace algunos años.

La felicidad que desbordaba de ambos era tan inmensa que el cansancio se esfumo como por arte de magia. Los dos, mientras se daban un abrazo y saltaban de la felicidad, podían sentir al fin un poco de paz en sus corazones.

Sin haber sentido que era lo que realmente deberían de seguir o la pista que les pudiera llevar hasta su destino, no lo pensaron tanto y sólo siguieron caminando. En cierto modo lo ideal sería ir corriendo para así poder ver que hay más allá con la esperanza de ver a lo lejos el lugar que tanto habían añorado, pero eso no fue lo que ellos dos hicieron, más bien, no era porque no tuvieran las ganas de hacerlo, sino era más bien el simple hecho de que no podían aguantar la nostalgia y a la vez el ser precavidos tras haber pasado, por lo tanto, todo este tiempo no fue algo en vano, sino que les había enseñado muchas cosas.

El aire se sentía fresco, pero a la vez era un poco más suave el poder respirar y caminar. Lo dos miraron ese camino que habían recorrido y el que les hacía falta. Si lo vemos desde un lado, no había nada extraordinario en esta vista, parecía sólo un camino de carretera con arboles como seria el pasar por la Carretera Centroamericana, pero a la vez esto se volvía mágico para ellos.

Un simple lugar, con nada extraordinario puede volverse fantástico dependiendo de la situación y la persona que lo mira. Es por ello que para ellos en este momento era tan brillante. Miel, sintiendo el cansancio, miro a Sal y dijo:

Miel – Oye Sal… de verdad creo que no podré seguir avanzando más –

Sal, deteniéndose, respondió – entonces ¿paramos un rato? –

Miel, deteniéndose unos pasos frente a Sal, se dio la media vuelta y con una sonrisa juguetona continuó diciendo – ¡No! No es necesario. Creo que lo mejor será qué – se inclino y con ello su rostro quedó casi cerca al de Sal – lo mejor en estos casos es que… – se quedó en silencio por un momento como si esperaba que Sal le entendiera

Sal, intrigado por esa repentina pausa, empezó a ver de un lado a otro y al no encontrar respuesta alguna, preguntó un poco desconcertado – este ¿Qué? –

Miel, dándose la vuelta, empezó a caminar un poco alrededor de Sal, quien le seguía con la mirada. En el momento de estar casi por detrás de Sal, Miel dio un salto y con ello se aferro a la espalda de Sal, quien al sentir el peso de Miel casi se cae.

Con esto hecho, Miel empezó a reírse y, con una brillante sonrisa, apuntó hacía adelante mientras decía – muy bien, ¡¡¡Vamooos~!!! –

Sal, que no estaba de acuerdo con eso, replico – oye, ¡¡Bajate en este instante!! –

Miel, enrollando sus piernas en la cintura de Sal, respondió – claro que ¡No!, ahora eres quien me llevará –

Sal – ey Miel, ya basta, yo no soy tu caballo ni nada parecido –

Miel, con una voz risueña – ya lo sé, pero igualmente me vas a llevar –

En realidad, estas palabras le dieron un escalofrío a Sal al ser que empezó diciendolo de lejos para terminar las últimas palabras casi susurrándoselo al oído. Esto fue un arma muy efectiva y peligrosa. Sal, al no poder soportar que dijera eso otra vez, sólo apretó sus puños y empezó a correr con todas sus fuerzas mientras decía

Sal – ya que eso es lo que quieres ¡¡¡Más te vale no soltarte para nada!!! –

Miel se sujeto fuertemente en Sal y empezó a gritar – ¡¡Ahhhh~!! ¡¡¡Más rápido!!! ¡¡¡Más rápido!!! ¡¡¡Más rápido!!! –

En este instante los dos parecían como niños, era como si estuvieran tratando de dejar todo atrás y volver a disfrutar la vida como debía de haber sido ya hace tanto tiempo.

El tiempo seguía corriendo y en el momento en que Sal se cansó de correr, Miel se tuvo que bajar un poco molesta, pero como venganza, Sal se tiro encima de Miel y ella, mientras quería golpearlo por hacer eso, sólo dijo:

Miel – esta bien, sé que fui yo quien inicio esto, pero más te vale que no te arrepientas de esto… ¡¡¡Ya veras que yo a pesar de como me veo soy fuerte y veloz ya que siempre acompañe a mi mamá al mercado y también ayudaba a sembrar y tapiscar el maíz!!!

Sal – jajajajajaj, eso si que lo quiero ver –

Y con ello ella empezó a correr, en sí ella era un poco más rápida que Sal, pero en cuestión de fuerza Sal aún era un poco más fuerte que ella. Estas diferencias eran así debido al tiempo que los dos tenían de estar en este lugar, ya que de lo contrario sería todo lo contrario por la forma de vida que tenía cada uno.

A pesar de lo fastidioso que podría ser, lo dos terminaron turnándose para llevar al otro durante el resto del día hasta que anocheció. En la noche, las lámparas alumbraban con normalidad, pero en esta ocasión no se detuvieron para nada, al ser que entre los dos decidieron continuar caminando sin detenerse ese día, se turnaron para dormir.

La idea que tuvieron fue que el que dormía era cargado por el otro, de esta manera podían seguir caminando sin parar. La comida y demás necesidades si lo hicieron siempre despiertos los dos, aunque era un poco incomodo en cierto sentido, pero no tenían de otra. El camino iluminado fue lo que estuvieron siempre viendo. Los dos trataron de no ver hacia los lados durante sus turnos, no querían saber nada de lo que se podría estar ocultando en esa oscuridad. De esta manera siguieron en turnos de treinta minutos cada uno, ya que no podían dormir más de ese tiempo seguido para que el otro no terminara exhausto y todo se terminara.



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En el texto hay: suspenso

Editado: 04.01.2026

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