¿por qué a mí?

Cuadragésimo segundo capítulo: Aquella casa (3)

Tras haber pasado por aquel sendero, Miel y Sal se encontraban ahora en medio de un aprieto, puesto que el camino de regreso se esfumó. Esto no se lo esperaban para nada, pero justo después de haber caminado un poco todo se volvió completamente nublado por detrás que no podrían ver nada, incluso con la luz del teléfono.

Al ver que el regresar sería lo peor que podían hacer, decidieron seguir caminando hacia adelante. De esta manera se iban adentrando en este sendero y con ello se empezaron a topar con árboles, algunas luciérnagas entre otros animales que eran “normales”. Esto se estaba volviendo tan extraño y el estar en guardia era lo que más se intensificaba en los dos. El saber que este lugar no sería algo en el cual pudiera haber algo “normal” para empezar, era lo que había aprendido con el pasar del tiempo y no podían refutarlo en este instante.

Si esta fuera alguna clase de salida y de verdad terminaran regresando a casa, serían catalogados como locos al ser que estarían al pendiente de todo por un tiempo, más que todo no sería algo que ellos habían buscado en un principio, sino que este maldito lugar les había hecho así. La desconfianza de lo que parecía ser conocido ya era algo que podían tener siempre en cuenta.

Sin más en qué pensar, los dos siguieron avanzando poco a poco, miraban de un lado a otro, pero no había nada. Ni un tipo de peligro real se veía a distancia, todo era tan tranquilo, pero esto seguiría siendo así si fuera posible sentirse seguros. Para empezar, sentían un profundo miedo de detenerse y descansar en este lugar, algo les mantenía inquietando por más que caminaran y no encontraran nada.

El profundo silencio que podía haber en este lugar podía ser algo más tenebroso que escuchar algo. De esta manera siguieron caminando y caminando sin detenerse. Todo seguía sin cambios, de forma literal, la noche no pasaba, a pesar de que ellos ya tenían más de veinte horas caminando. En este momento se parecía como aquel lugar del mundo donde la noche no llegaba por un largo tiempo.

Los dos seguían caminando, pero el agotamiento estaba empezando a surtir efecto en los dos. Miel, viendo que esto sería un completo desastre si los dos colapsaban, al ser que en esta zona parecía no tener el efecto que había en las demás donde el cansancio y el sueño no eran un problema que debían enfrentar. Se acercó a Sal y le propuso el poder empezar a turnarse el dormir, quien acepto esta propuesta.

De esta manera siguieron caminando sin parar para nada. Entre todo este silencio, al haber pasado ya cinco días, todo empezó a cambiar. El sonido fue roto por unos chillidos que se escuchaban a lo lejos y en ocasiones algo cerca. Esos chillidos eran muy molestos, en sí, estaba jugando con ellos.

Sin poder saber el motivo por el cual los seguían o el por qué aún no les habían atacado, sólo podían seguir adelante. Pero todo se estaba volviendo cada vez más difícil de seguir. El tener que lidiar con el cansancio y con sus necesidades, se estaba volviendo en un factor detonante que podía hacerles terminar estallando en cualquier momento y con ello poder cometer alguna locura que les costaría caro y lo lamentarían por completo.

Lo que los mantenía cuerdos y sin hacer ninguna locura era aquel lazo que los unía desde que salieron de aquella “pradera de recuerdos olvidados” pero por supuesto que ellos no lo sabían, mejor dicho, ya no lo recordaban.

Seguían avanzando, y lo que debería de haber sido que llegaran en un corto lapso de tiempo terminó extendiéndose más. Por una parte, estaba bien que siguieran ese camino que, a pesar de ser más lardo, en realidad era un poco más seguro que el camino corto. Ese camino que les hubiera costado sólo unas cuantas horas más, en sí se encontraba lleno de criaturas más peligrosas que podían terminar con ellos, entre estos se encontraban esos que cambiaban de piel y cuerpo, esos que eran también capaces de imitar a sus propios compañeros y destruirlos desde dentro.

Pero lo que les estaba siguiendo era un espectro un poco particular de esta zona. Este los seguía y lo que quería era apoderarse de sus mentes, en sí lo que comían era la mente de sus presas como si se tratasen de esas historias de zombis que comían cerebros, pero este no lo hacía de la misma manera que en esas historias, sino que era mucho más siniestro. Este se apodera de su presa de primero y le hace enloquecer con alucinaciones y, mientras está en ese pánico, poco a poco empieza a sentir que todos sus sentidos se empiezan a ir poco a poco, hasta quedar inmóvil.

En sí esto era resultado de que iba comiendo sus cerebros mientras seguían vivos poco a poco hasta que quedaran inmóviles, ya que al ya faltarles varias partes de este ya no podrían hacer nada con normalidad. Pero lo tenebroso de esto es que no se darían cuenta hasta cuando ya fuera demasiado tarde.

En este caso a Sal y Miel no les había atacado aún debido a que la luz del teléfono los había ahuyentado, además de que el que ellos siguieran siempre atentos y comiendo las cerezas les hacía ser inmunes a sus ataques.

Las cerezas, que era la única cosa que habían encontrado para comer en todo este lugar, en realidad también era una de las pocas cosas que no eran peligrosas y ayudaba a que ellos pudieran mantenerse a salvo, por supuesto que estas cerezas, aunque se miraran como las de el “mundo real”, en sí eran especiales que sólo crecían aquí.

Esto era más que todo aquel dicho y verdad que dice “donde hay veneno, siempre su antídoto estará cerca”. De esta manera los dos pudieron estar bien en este trayecto, pero por supuesto que eso no significaba que la seguridad sería del cien por ciento, sino que si se descuidaban podrían terminar muy mal.



#677 en Thriller
#264 en Suspenso
#179 en Terror

En el texto hay: suspenso

Editado: 04.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.