—Solo dame tiempo.
Valeria ya odiaba esa frase.
La escuchaba tanto que empezó a perder significado, como una canción repetida demasiadas veces hasta volverse ruido. Pero aun así seguía creyéndola. Porque cuando él hablaba, tenía esa forma de hacer que todo pareciera temporal, como si el dolor tuviera fecha de vencimiento.
Como si algún día realmente fuera a elegirla.
Esa noche estaban juntos dentro de su carro, estacionados en una calle oscura lejos del centro de la ciudad. Él tenía una mano sobre el volante y la otra entrelazada con la de ella.
Un gesto pequeño.
Escondido.
Casi clandestino.
Exactamente como su relación.
—No quiero seguir ocultándome —dijo Valeria en voz baja.
Él suspiró, cansado.
—Sabes que las cosas no son tan simples.
Otra vez eso.
Siempre había una razón.
Siempre existía un problema más grande.
El momento incorrecto. La discusión reciente. La familia de ella. El miedo. La costumbre. Cualquier excusa servía mientras la decisión real seguía sin llegar.
—¿Y cuándo van a ser simples? —preguntó ella, mirándolo por primera vez directamente a los ojos—. Porque llevas meses diciéndome que espere.
Él guardó silencio.
Y Valeria sintió ese vacío horrible que aparece cuando una mujer ya conoce la respuesta antes de escucharla.
—No quiero hacerte daño —murmuró él.
Ella soltó una risa triste.
—Ya lo haces.
Las palabras quedaron flotando entre los dos.
Por un momento, él pareció afectado. Bajó la mirada y apretó la mandíbula como si estuviera luchando consigo mismo. Valeria quiso creer que era culpa. Que quizá sí la amaba. Que tal vez estaba a punto de escogerla.
Pero entonces el celular de él vibró.
Y todo cambió.
Él miró la pantalla rápido. Demasiado rápido.
Valeria alcanzó a ver el nombre.
Sofía
El corazón se le cayó al suelo.
—¿No vas a contestar? —preguntó intentando sonar tranquila.
Él bloqueó el teléfono.
—Ahora no.
Ahora no.
Porque estaba con la otra.
Porque con Valeria podía ignorarla… pero jamás dejarla.
Ella apartó lentamente su mano.
Por primera vez comenzó a sentirse humillada.
No por Sofía.
No por las mentiras.
Sino por sí misma.
Porque seguía ahí.
Sentada al lado de un hombre que pertenecía a otra mujer, esperando convertirse algún día en una prioridad.
Y lo peor era que aún lo amaba lo suficiente para quedarse.
Editado: 27.05.2026