Sofía nunca había sido una mujer celosa.
O al menos eso creía.
Siempre confió en Sebastián porque él sabía exactamente qué decir, cómo actuar y cuándo hacerla sentir especial. Tenía la capacidad de convertir cualquier duda en una exageración… y cualquier distancia en “estrés”.
Pero después de aquella tarde en el trabajo, algo cambió.
No podía explicarlo.
Era solo una sensación incómoda que aparecía cada vez que recordaba a la chica de recepción.
Valeria.
Demasiado nerviosa.
Demasiado callada.
Y Sebastián… demasiado extraño.
Esa noche, mientras él se bañaba, Sofía tomó su celular únicamente para ver la hora. O eso intentó convencerse.
La pantalla se iluminó.
Un mensaje.
Valeria:
“Perdón por cómo actué hoy.”
El corazón de Sofía se detuvo.
Por un segundo, quiso pensar que no significaba nada. Tal vez era trabajo. Tal vez una conversación normal.
Pero entonces apareció otro mensaje debajo.
“Me dolió verte con ella.”
Ella.
No “tu novia”.
No “Sofía”.
Ella.
Como si existiera una confianza que iba más allá de lo normal.
Las manos comenzaron a temblarle.
Escuchó el agua cerrar en el baño y bloqueó el teléfono rápido, dejando el celular exactamente donde estaba antes de que Sebastián saliera.
—¿Todo bien? —preguntó él secándose el cabello.
Sofía lo observó en silencio.
Por primera vez en mucho tiempo, sintió miedo de escuchar la verdad.
—¿Quién es Valeria?
Sebastián se quedó inmóvil apenas un segundo.
Pequeño. Casi imperceptible.
Pero Sofía lo notó.
—Una compañera del trabajo —respondió demasiado rápido.
Mentira.
Ella lo sintió inmediatamente.
—¿Y por qué te escribe eso?
Sebastián soltó una risa suave, incómoda.
—Porque hoy discutió con el novio y estaba sensible. Tú sabes cómo son algunas personas.
Sofía quería creerle.
De verdad quería hacerlo.
Pero algo dentro de ella empezó a romperse lentamente.
Porque una mujer enamorada puede ignorar muchas señales… hasta que su intuición comienza a gritarle demasiado fuerte.
—¿Te gusta? —preguntó finalmente.
Sebastián caminó hacia ella y tomó su rostro entre las manos.
—Sofía, mírame. Te amo a ti.
Las palabras correctas.
La mirada perfecta.
La voz tranquila.
Cualquiera le habría creído.
Y aun así, mientras él la abrazaba, Sofía sintió algo horrible creciendo dentro de su pecho:
La sensación de que había otra mujer viviendo silenciosamente en su relación.
Editado: 27.05.2026