¿por qué ella sí y yo no?

Capitulo 8 Lo que todos notaron menos ellos

La reunión comenzó a las cuatro de la tarde.

La sala estaba llena de voces, laptops abiertas y el sonido constante de hojas pasando. Valeria intentaba concentrarse en los documentos que debía entregar, aunque desde que Daniel había entrado al edificio esa mañana, algo en ella se sentía extrañamente inquieto.

Sebastián también estaba ahí.

Y eso solo empeoraba todo.

Él permanecía sentado al otro lado de la mesa revisando unos informes, pero cada cierto tiempo levantaba la mirada hacia Valeria, como si necesitara asegurarse de que seguía allí.

Ella lo ignoró.

O al menos lo intentó.

Porque por primera vez en mucho tiempo, otra presencia ocupaba sus pensamientos.

Daniel.

Estaba sentado en la cabecera de la mesa, escuchando hablar a uno de los directivos mientras giraba lentamente un bolígrafo entre sus dedos. Tranquilo. Seguro. Imposible de ignorar.

Y aunque fingía atención absoluta a la reunión… sus ojos volvían constantemente hacia Valeria.

Pequeñas miradas.
Breves.
Silenciosas.

Pero peligrosas.

Sebastián terminó notándolo.

La tensión comenzó justo ahí.

—Valeria, ¿puedes traer los archivos de proyección? —pidió uno de los jefes.

—Claro.

Ella se levantó rápidamente y caminó hacia el otro extremo de la sala. Al inclinarse para tomar las carpetas, una de las hojas cayó al suelo.

—Déjame ayudarte.

Daniel fue el primero en agacharse.

Sus manos rozaron las de ella apenas un segundo.

Pero fue suficiente.

Valeria levantó la mirada y lo encontró demasiado cerca. Daniel sostenía la hoja entre los dedos mientras la observaba con una intensidad tranquila que la desarmó por completo.

—Gracias —murmuró ella.

—De nada.

Sebastián apretó la mandíbula desde su asiento.

Lo vio todo.

La cercanía.
La forma en que Daniel la miraba.
La manera en que Valeria parecía nerviosa alrededor de él.

Y por primera vez sintió algo que jamás había experimentado con ella:

Celos.

Unos absurdos e incómodos.

Porque Valeria siempre había estado ahí, esperándolo.
Siempre disponible.
Siempre enamorada.

Pero ahora alguien más comenzaba a verla de la forma en que él nunca se permitió hacerlo en público.

Daniel volvió a su lugar lentamente sin dejar de observarla.

—La señorita Valeria organizó estos informes, ¿verdad? —preguntó revisando las hojas.

Ella asintió.

—Sí.

Él levantó la vista.

—Se nota.

La frase fue simple. Profesional.

Pero Sebastián sintió rabia inmediata.

Porque jamás la había felicitado así frente a otros.

Nunca le había dado un lugar visible.

Y aun así otro hombre acababa de hacerlo en menos de dos días.

Valeria bajó la mirada intentando ocultar el calor que subía a sus mejillas.

Mientras tanto, Sebastián no podía concentrarse en nada de la reunión.

Porque algo dentro de él comenzó a entender una verdad incómoda:

Tal vez Valeria no iba a esperarlo para siempre.




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