La reunión terminó casi dos horas después.
Los directivos parecían satisfechos, las conversaciones sonaban más relajadas y el ambiente tenso de la tarde comenzaba a desaparecer lentamente. El contrato finalmente había sido aceptado.
Todos sonreían.
Todos menos Sebastián.
Desde el otro lado de la sala observaba a Daniel hablando tranquilamente con algunos socios mientras, de vez en cuando, su mirada terminaba inevitablemente sobre Valeria.
Y eso le molestaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.
Valeria empezó a recoger algunos documentos intentando ignorar la sensación extraña en su pecho. Necesitaba salir de ahí. Necesitaba aire.
—Buen trabajo hoy.
La voz de Daniel apareció detrás de ella.
Valeria levantó la mirada.
Él estaba demasiado cerca otra vez, con esa tranquilidad peligrosa que parecía desarmarla sin esfuerzo.
—Gracias —respondió acomodando unas carpetas para disimular los nervios.
Daniel observó los papeles en sus manos.
—Eres la única persona en esta empresa que no intentó impresionarme durante toda la reunión.
Ella soltó una pequeña risa.
—Tal vez porque ni siquiera lo intentaba.
—Eso fue exactamente lo interesante.
El corazón le latió más rápido.
Sebastián los miraba desde lejos.
Y aunque no alcanzaba a escuchar la conversación, podía notar la forma en que Valeria sonreía. Una sonrisa distinta. Más ligera. Más natural.
Una que hacía tiempo no veía cuando estaba con él.
Daniel metió las manos en los bolsillos y habló con calma:
—¿Ya almorzaste?
Valeria negó con la cabeza.
La verdad era que ni siquiera había pensado en comida en todo el día.
—Entonces acompáñame.
Ella parpadeó confundida.
—¿Perdón?
—A almorzar —repitió él sonriendo apenas—. Prometo que no hablaré de contratos.
Valeria sintió un pequeño caos dentro de sí.
Porque hacía mucho tiempo nadie la invitaba a salir sin esconderse. Sin horarios imposibles. Sin miedo a ser vistos.
Era una invitación simple. Normal.
Y aun así, para ella se sentía completamente nueva.
—No sé si debería…
—¿Por qué no?
Porque estoy acostumbrada a pertenecerle emocionalmente a alguien más.
Porque siento culpa aunque nunca fui la oficial.
Porque no sé cómo actuar cuando un hombre me trata como si valiera la pena.
Pero no dijo nada de eso.
Antes de que pudiera responder, otra voz interrumpió.
—Valeria, ¿puedo hablar contigo un momento?
Sebastián.
Ella giró lentamente.
Su mirada estaba seria. Tensa.
Daniel notó inmediatamente la incomodidad entre ambos, aunque ninguno dijera una sola palabra.
Valeria tragó saliva.
Por un instante sintió que estaba parada justo en medio de algo que apenas comenzaba… y que podía destruirlo todo.
Editado: 27.05.2026