Valeria observó a Sebastián unos segundos antes de acercarse.
Daniel permaneció en silencio, apoyado cerca de la mesa, aunque sus ojos seguían atentos a cada movimiento. No parecía molesto. Solo curioso.
Como si intentara entender qué ocurría realmente entre ellos.
—¿Qué pasa? —preguntó Valeria cuando quedó frente a Sebastián.
Él apretó la mandíbula antes de responder.
—¿Desde cuándo tienes tanta confianza con él?
La pregunta la sorprendió.
No por las palabras… sino por el tono.
Celos.
Valeria soltó una pequeña risa incrédula.
—¿Perdón?
—Lo conociste ayer.
—¿Y eso qué tiene que ver?
Sebastián bajó la voz inmediatamente.
—No me gusta cómo te mira.
Ahí estaba.
La hipocresía completa.
Meses escondiéndola. Meses viéndola llorar por migajas de atención. Meses obligándola a aceptar un lugar silencioso en su vida.
Y ahora le molestaba que otro hombre simplemente la invitara a almorzar.
Valeria sintió algo romperse dentro de ella.
Pero esta vez no fue tristeza.
Fue cansancio.
—Curioso —murmuró cruzándose de brazos—. Porque a ti nunca te molestó cómo me hacías sentir tú.
Sebastián abrió la boca, pero no encontró qué decir.
Ella continuó:
—¿Sabes qué es lo peor? Que él me habló hoy más bonito en unas horas… de lo que tú lo has hecho en meses.
Eso le dolió.
Valeria lo vio en su rostro inmediatamente.
Sebastián pasó una mano por su cabello, frustrado.
—No es eso.
—Entonces explícame qué es.
Porque ni él mismo lo entendía.
No quería dejar a Sofía.
Pero tampoco soportaba imaginar a Valeria interesándose en alguien más.
Y por primera vez comenzó a sentir verdadero miedo.
Miedo de perder a la mujer que siempre creyó segura.
Del otro lado de la sala, Daniel fingía revisar unos documentos, aunque claramente esperaba.
Esperaba a Valeria.
Eso hizo que Sebastián sintiera el pecho arder.
—¿Te gusta? —preguntó finalmente.
Valeria guardó silencio unos segundos.
Luego miró hacia Daniel.
Él levantó apenas la vista y, al notar que ella lo observaba, sonrió levemente.
Sin esconderse.
Sin miedo.
Algo dentro de Valeria tembló.
—No lo sé —respondió honestamente—. Pero me gusta cómo me siento cuando estoy cerca de él.
La frase cayó como un golpe directo al orgullo de Sebastián.
Porque él sabía exactamente qué significaba.
Con Daniel, Valeria parecía tranquila.
Con él, siempre estaba sufriendo.
Sebastián bajó la mirada por primera vez desde que comenzó la conversación.
Y entendió algo demasiado tarde:
El problema nunca fue que Valeria encontrara a alguien más.
El problema era que otro hombre estaba empezando a tratarla como ella siempre mereció.
Editado: 27.05.2026