¿por qué ella sí y yo no?

Capitulo 11 el almuerzo que cambio algo

Valeria llevaba más de diez minutos mirando la pantalla de su computadora sin leer realmente nada.

La conversación con Sebastián seguía dando vueltas en su cabeza.
Sus celos.
Su tono molesto.
La forma en que actuó como si tuviera derecho a reclamarle algo.

Y aun así, lo que más la desconcentraba era otra cosa.

Daniel esperándola afuera de la sala de reuniones.

Cuando salió finalmente del edificio, lo encontró apoyado sobre su carro revisando el celular. Vestía la camisa negra ligeramente remangada y tenía esa tranquilidad segura que parecía imposible de romper.

Al escuchar sus pasos, levantó la mirada.

Y sonrió apenas.

Como si de verdad hubiera esperado que ella apareciera.

—Pensé que te habías arrepentido —dijo guardando el teléfono.

Valeria acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja.

—Todavía puedo hacerlo.

Daniel soltó una pequeña risa.

—Lo sé. Pero ya reservé mesa, así que habría sido humillante.

Ella terminó riéndose también.

Y fue extraño.

Porque hacía mucho tiempo no se sentía ligera cerca de un hombre.

Con Sebastián todo siempre terminaba siendo complicado. Tenso. Doloroso. Incluso los momentos felices tenían algo de culpa escondida.

Con Daniel… solo podía respirar.

Durante el camino, él puso música suave y manejó tranquilo mientras hablaban de cosas simples. Nada profundo. Nada incómodo.

Le preguntó qué estudiaba.
Qué le gustaba hacer.
Qué soñaba para su vida.

Preguntas normales.

Pero Valeria se dio cuenta de algo triste:

Nadie se las había hecho realmente antes.

Llegaron a un restaurante elegante frente al mar. Daniel abrió la puerta para que ella entrara y Valeria sintió esa sensación desconocida otra vez.

Atención.

No escondida.
No apresurada.
No limitada a llamadas nocturnas.

Real.

Mientras se sentaban, Daniel la observó unos segundos antes de hablar.

—Ahora sí puedo preguntarlo.

Ella levantó la mirada curiosa.

—¿Qué cosa?

—¿Por qué estabas tan triste hoy?

La pregunta la tomó desprevenida.

Valeria bajó lentamente la vista hacia el vaso de agua entre sus manos.

—¿Se notaba mucho?

—Solo para alguien que estaba mirándote.

El corazón le dio un pequeño salto incómodo.

Daniel no sonrió al decirlo.
No sonó como coqueteo barato.

Sonó honesto.

Ella tragó saliva.

—Solo fue un día difícil.

—Creo que han sido varios días difíciles.

Valeria levantó la mirada sorprendida.

Daniel se reclinó apenas sobre la silla.

—Tienes una forma rara de sonreír —murmuró—. Como si siempre estuvieras pensando en algo que te duele.

Nadie le había dicho algo así antes.

Y por alguna razón, eso casi le rompe el corazón.

Porque Sebastián jamás notaba cuando ella estaba mal. O peor: lo notaba y aun así seguía lastimándola.

Daniel, en cambio, parecía leerla sin esfuerzo.

La mesera llegó a tomar la orden y el momento se rompió un poco. Valeria agradeció el pequeño descanso para recuperar el aire.

Pero Daniel no dejó de mirarla de esa forma tranquila que comenzaba a ponerla nerviosa.

—¿Siempre eres tan observador? —preguntó intentando cambiar el tema.

—Solo cuando algo me interesa.

Otra vez esa sensación en el pecho.

Valeria apartó la mirada hacia el mar visible desde las ventanas del restaurante.

Tenía miedo.

No de Daniel.

De sentirse bien con él.

Porque parte de ella seguía emocionalmente atada a Sebastián, incluso después de todo el daño. Y eso hacía que cualquier cosa bonita se sintiera casi prohibida.

—Puedo hacerte una pregunta personal? —dijo Daniel después de unos minutos.

Ella dudó.

—Depende.

—¿El hombre de la reunión tiene algo que ver con la razón por la que estabas triste?

Valeria quedó inmóvil.

Daniel sostuvo su mirada sin presionarla.

No parecía juzgarla.
Solo quería entender.

Ella soltó lentamente el aire.

—Sí.

Daniel asintió despacio, como si ya sospechara la respuesta.

—Pensé eso.

—¿Tan evidente es?

—No para todos.

Hubo silencio unos segundos.

Después él habló con calma:

—No sé qué está pasando entre ustedes… pero sí sé cómo se ve una mujer que lleva demasiado tiempo conformándose con menos de lo que merece.

La frase golpeó directamente el pecho de Valeria.

Porque en el fondo sabía que era verdad.

Daniel tomó un sorbo de agua antes de continuar.

—Y también sé cómo mira un hombre cuando cree que puede perder algo.

Sebastián.

Claro que había notado sus celos.

Valeria bajó la mirada sintiendo el corazón acelerado.

—Es complicado.

Daniel sonrió apenas.

—Las peores historias siempre lo son.

Por primera vez en mucho tiempo, alguien no le pidió explicaciones.
No la hizo sentir culpable.
No intentó salvarla.

Simplemente se quedó ahí. Escuchándola.

Y eso fue exactamente lo que empezó a destruir las defensas que todavía le quedaban.

Hola para los que les gusta añadirlo y darle like se los agradecería es mi primera historia




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