Sofía llevaba casi una hora mirando el mismo capítulo de la serie sin entender absolutamente nada.
La televisión seguía encendida frente a ella, pero su mente estaba atrapada en otro lugar.
En otro nombre.
Valeria.
Desde que encontró aquellos mensajes en el celular de Sebastián, algo dentro de ella no volvió a sentirse tranquilo. Intentó convencerse de que estaba exagerando, de que quizá realmente era una compañera sensible pasando por un mal momento.
Pero las mujeres saben.
Aunque intenten negarlo.
Aunque quieran creer.
Saben cuando otra mujer comienza a existir demasiado dentro de la vida del hombre que aman.
La puerta del apartamento se abrió.
Sebastián entró cansado, aflojándose la corbata mientras dejaba las llaves sobre la mesa.
—Hola, amor.
Sofía levantó la mirada lentamente.
Él se acercó para besarla, pero ella giró apenas el rostro.
Y Sebastián lo notó inmediatamente.
—¿Qué pasa?
Ella tomó aire antes de responder.
—¿Cómo estuvo tu día?
Pregunta simple.
Pero él sintió el peligro escondido detrás.
—Normal… muchas reuniones.
Mentira.
Bueno, no completa.
Pero sí suficiente para hacerlo sentir incómodo.
Sofía asintió despacio.
—¿Con Valeria también?
El cuerpo de Sebastián se tensó apenas un segundo.
Otra vez ese segundo.
Ese pequeño instante que siempre lo traicionaba antes de mentir.
—Sí, estaba en la reunión.
Sofía apagó el televisor y se quedó mirándolo en silencio.
—¿Te gusta?
La pregunta cayó directa.
Sin rodeos.
Sebastián soltó una risa nerviosa.
—¿Otra vez con eso?
—Respóndeme.
Él pasó una mano por su rostro intentando mantener la calma.
—Sofía, estás imaginando cosas.
Pero ella ya estaba cansándose de sentirse loca.
Se levantó lentamente del sofá.
—Entonces explícame por qué siento que cada vez que menciono su nombre te pones extraño.
Sebastián guardó silencio.
Y ese silencio dolió más que cualquier mentira.
Porque Sofía conocía a ese hombre desde hacía años. Sabía cuándo estaba nervioso. Sabía cuándo ocultaba algo.
Y ahora mismo estaba ocultando demasiado.
—Te vi hoy —continuó ella con la voz quebrándose apenas—. Vi cómo la mirabas.
Sebastián tragó saliva.
La reunión.
Claro.
Había sido descuidado.
Sofía comenzó a caminar lentamente por la sala intentando controlar las lágrimas que ya ardían detrás de sus ojos.
—Lo peor es que ella parece buena persona —susurró—. Y eso me hace sentir todavía más estúpida.
Esa frase le atravesó el pecho.
Porque era verdad.
Valeria no era una mujer cruel ni manipuladora. Y quizás por eso todo se había complicado tanto.
Sebastián intentó acercarse.
—Sofi…
—No me digas así ahora.
Él se quedó inmóvil.
Ella levantó finalmente la mirada hacia él.
Y Sebastián sintió culpa de verdad por primera vez.
Porque Sofía no estaba gritando.
No estaba haciendo escándalo.
Estaba rota.
—Solo quiero saber la verdad —murmuró ella—. Porque siento que llevo días compitiendo contra alguien sin que nadie me lo diga directamente.
Compitiendo.
La palabra le revolvió el estómago.
Porque mientras Sofía sufría pensando que estaba perdiendo a Sebastián… Valeria llevaba meses destruyéndose exactamente por la misma razón.
Y él había permitido ambas cosas.
Sebastián cerró los ojos unos segundos.
Por primera vez comenzó a entender el tamaño del daño que estaba causando.
Pero aun así…
No dijo toda la verdad.
—No pasó nada entre ella y yo.
Mentira.
Sofía lo observó fijamente.
Y aunque no tenía pruebas suficientes para demostrarlo… algo dentro de ella terminó de romperse en ese instante.
Porque cuando una mujer empieza a dudar de la mirada del hombre que ama… ya nada vuelve a sentirse seguro.
Editado: 06.06.2026