Sebastián revisó el celular por cuarta vez en menos de diez minutos.
Nada.
Ningún mensaje.
Ninguna llamada.
Ni siquiera un “buenas noches”.
El vacío comenzó a desesperarlo más de lo que quería admitir.
Porque Valeria siempre respondía.
Siempre.
Aunque estuviera molesta. Aunque llorara. Aunque prometiera alejarse, terminaba contestándole tarde o temprano.
Pero esa noche no.
Sebastián apoyó el teléfono sobre la cama y soltó el aire con frustración.
Sofía dormía a su lado, dándole la espalda después de otra discusión incómoda. Las cosas entre ellos estaban tensas desde hacía días, y él apenas podía manejarlo todo al mismo tiempo.
Por un lado, Sofía comenzaba a sospechar demasiado.
Por el otro, Valeria empezaba a desaparecer.
Y eso le daba miedo.
Porque nunca imaginó que ella realmente pudiera cansarse.
Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, Valeria estaba sentada en el suelo de su habitación mirando el chat abierto de Sebastián.
Había tres mensajes sin responder.
“¿Llegaste bien?”
“¿Por qué estás distante?”
“¿Estás molesta conmigo?”
Ella sonrió con tristeza.
Qué irónico.
Meses enteros rogando atención… y ahora él parecía inquieto porque ella simplemente dejó de buscarlo por unas horas.
El celular vibró otra vez.
Sebastián llamando.
Valeria observó la pantalla iluminada durante unos segundos eternos.
Después… rechazó la llamada.
El corazón le dolió inmediatamente.
Porque dejar de amar a alguien no ocurre de un día para otro. A veces el amor sigue ahí, incluso cuando ya entendiste que te está destruyendo.
Y eso era lo más difícil.
Su celular volvió a vibrar casi enseguida.
Sebastián:
“¿Qué te pasa?”
Valeria cerró los ojos.
Lo que me pasa… eres tú.
Pero no respondió.
En lugar de eso, abrió otra conversación.
Daniel.
Y automáticamente algo dentro de ella se calmó un poco.
No porque estuviera enamorada. Todavía no.
Pero él no le generaba ansiedad.
No la hacía sentir pequeña.
No la obligaba a competir contra otra mujer para recibir cariño.
Daniel le había escrito hacía unos minutos:
“Espero que hayas llegado bien. Y que hayas sonreído al menos una vez hoy.”
Valeria sintió el pecho apretarse.
Tan simple.
Tan tranquilo.
Sin juegos.
Sin mentiras.
Sus dedos dudaron unos segundos antes de responder:
“Llegué bien. Gracias por hoy.”
La respuesta llegó casi inmediata.
“Gracias a ti por aceptar el almuerzo.”
Y luego otro mensaje:
“Deberías dejar de pensar tanto cuando sonríes. Se nota que no estás acostumbrada a hacerlo tranquila.”
Valeria mordió suavemente su labio intentando ignorar el calor que subió a sus mejillas.
¿Cómo alguien podía leerla tan fácil?
Mientras tanto, Sebastián seguía mirando la conversación vacía esperando respuesta.
Y algo incómodo comenzó a crecer dentro de él.
Celos.
Porque por primera vez sintió que Valeria estaba dándole a otro hombre la atención que siempre le había pertenecido a él.
La idea le revolvió el pecho.
Tomó el celular y volvió a escribirle impulsivamente.
“¿Estás con alguien?”
Valeria leyó el mensaje.
Y por primera vez en muchísimo tiempo…
No sintió necesidad de tranquilizarlo.
Editado: 06.06.2026