¿por qué ella sí y yo no?

Capitulo 15 la verdad que ya no podía esconder

Sofía llevaba toda la tarde sintiendo el pecho apretado.

Esa sensación incómoda no desaparecía. Al contrario, crecía más con cada silencio extraño de Sebastián, con cada vez que él miraba el celular y escondía la pantalla demasiado rápido.

Y ella estaba cansándose.

Cansándose de dudar.
De sentirse insuficiente.
De competir contra una mujer que ni siquiera conocía realmente.

Esa noche, Sebastián salió de la habitación para contestar una llamada en el balcón.

Eso nunca había sido normal.

Sofía observó la puerta cerrarse lentamente y sintió cómo el corazón comenzaba a latirle más rápido.

Algo estaba mal.

Muy mal.

Intentó ignorarlo. De verdad lo intentó.

Pero entonces el celular de Sebastián vibró sobre la mesa.

Una vez.
Dos veces.

Sofía bajó lentamente la mirada.

Y ahí estaba el nombre.

Valeria.

El aire desapareció de golpe.

Sus manos comenzaron a temblar mientras tomaba el teléfono.

La pantalla seguía iluminada con los mensajes nuevos.

“No quiero seguir haciendo esto.”

Debajo apareció otro.

“Ya me cansé de sentirme la otra.”

Sofía sintió el mundo romperse frente a sus ojos.

La otra.

La otra.

Las lágrimas comenzaron a llenarle los ojos inmediatamente mientras seguía leyendo con la respiración temblorosa.

Sebastián:
“No digas eso.”

Valeria:
“Entonces dime cuándo vas a dejarla.”

El corazón le dolió tan fuerte que tuvo que cubrirse la boca para no soltar un sonido.

Todo era real.

Todo.

Las sospechas.
Las miradas.
La distancia.

Y lo peor no era descubrir que él la engañaba.

Lo peor era entender que mientras ella dormía abrazándolo… otra mujer lloraba esperando que él la eligiera.

La puerta del balcón se abrió de golpe.

Sebastián entró hablando todavía por teléfono, pero se quedó congelado apenas vio el celular en las manos de Sofía.

El color abandonó completamente su rostro.

—Sofía…

Ella levantó lentamente la mirada hacia él.

Y Sebastián sintió miedo real.

Porque nunca la había visto así.

No estaba gritando.
No estaba histérica.

Estaba destruida.

—¿Desde cuándo? —preguntó ella con la voz quebrada.

Sebastián abrió la boca, pero no salió ninguna palabra.

El silencio lo confirmó todo.

Las lágrimas comenzaron a caerle sin control.

—¿Desde cuándo me ves la cara de estúpida?

—Sofi, yo puedo explicarlo…

—¡No me digas Sofi!

La voz le salió rota.

Dolida.

Sebastián pasó una mano desesperada por su cabello acercándose lentamente.

—No quería lastimarte.

Sofía soltó una risa llena de dolor.

—¿Y qué crees que hiciste?

Él bajó la mirada incapaz de sostenerle los ojos.

Porque no existía explicación suficiente.

No para los mensajes.
No para las mentiras.
No para tantos meses destruyendo a dos mujeres al mismo tiempo.

Sofía apretó el celular entre sus manos.

—¿La amas?

La pregunta le atravesó el pecho.

Sebastián cerró los ojos unos segundos.

Y tardó demasiado en responder.

Demasiado.

Eso fue peor que cualquier confesión.

Sofía retrocedió sintiendo que el aire ya no le alcanzaba.

—Dios mío…

Las piernas comenzaron a temblarle.

—Tú la amas.

—No es tan simple.

—¡Claro que sí es simple! —gritó llorando—. Si amaras de verdad a una, no habrías necesitado a la otra.

El silencio llenó el apartamento.

Sebastián quiso acercarse otra vez, pero ella dio un paso atrás inmediatamente.

Como si le doliera incluso verlo.

—¿Sabes qué es lo más cruel? —susurró entre lágrimas—. Que yo todavía estaba intentando salvar nuestra relación mientras tú ya tenías otra vida escondida.

Sebastián sintió el pecho arder de culpa.

Porque por primera vez entendió algo horrible:

No solo estaba perdiendo a Sofía.

También estaba destruyendo completamente la imagen que ella tenía de él.

Y algunas traiciones…

Nunca vuelven a repararse.




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