¿por qué ella sí y yo no?

Capitulo 17 la noche bajo la lluvia

Después de que Sebastián se fue, el apartamento quedó en un silencio insoportable.

Valeria permaneció inmóvil varios minutos mirando la puerta cerrada, intentando entender por qué sentía el pecho tan vacío si acababa de decir todo lo que llevaba meses guardándose.

Se suponía que debía sentirse liberada.

Pero el amor no desaparece solo porque una persona te lastime.

Y eso era lo cruel.

Lentamente se dejó caer sobre el sofá cubriéndose el rostro con las manos mientras las lágrimas seguían saliendo sin control.

Toda la rabia que había acumulado finalmente explotó.

Rabia por Sofía.
Por ella misma.
Por todas las noches esperando mensajes que nunca llegaban a tiempo.
Por cada vez que aceptó menos amor del que merecía solo porque tenía miedo de perderlo.

El celular vibró sobre la mesa.

Daniel.

Valeria dudó unos segundos antes de contestar.

—¿Hola?

—¿Estás llorando?

La pregunta hizo que se quebrara todavía más.

Porque su voz sonó suave. Preocupada. Real.

Valeria intentó limpiarse las lágrimas rápidamente.

—No… estoy bien.

Daniel guardó silencio apenas un segundo.

—Eso fue la mentira más triste que escuché hoy.

Ella soltó una pequeña risa rota.

Afuera comenzaba a llover fuerte.

El sonido de las gotas golpeando las ventanas llenó el apartamento.

—¿Qué pasó? —preguntó él con calma.

Valeria cerró los ojos.

No quería hablar.
No quería explicarle el desastre que era su vida.

Pero por alguna razón… con Daniel no sentía necesidad de fingir fortaleza.

—Todo se arruinó —susurró.

Hubo silencio al otro lado de la llamada.

Después escuchó su voz otra vez.

—Abre la puerta.

Valeria frunció el ceño confundida.

—¿Qué?

—Estoy afuera.

El corazón le dio un salto inmediato.

Se levantó rápido y caminó hacia la entrada todavía secándose las lágrimas. Cuando abrió la puerta, encontró a Daniel bajo la lluvia, completamente mojado, sosteniendo una bolsa de comida y dos cafés.

Y algo dentro de ella se rompió un poco más.

Porque nadie había ido a buscarla así antes.

Daniel la observó apenas unos segundos.

Y su expresión cambió inmediatamente al verla llorar.

—Dios…

Entró al apartamento sin esperar permiso y cerró la puerta detrás de él.

—¿Qué pasó?

Valeria negó rápidamente con la cabeza intentando recomponerse.

—No tenías que venir.

—Claro que tenía que venir.

La frase salió tan natural que le dolió.

Daniel dejó los cafés sobre la mesa y se acercó lentamente.

—Ven acá.

Y esa simple frase terminó destruyéndola completamente.

Valeria comenzó a llorar otra vez mientras él la abrazaba con cuidado.

Sin presión.
Sin prisa.
Solo sosteniéndola.

Ella escondió el rostro contra su pecho sintiendo el olor a lluvia y perfume mezclarse mientras intentaba respirar.

—Lo siento —murmuró avergonzada.

Daniel frunció apenas el ceño.

—¿Por qué te estás disculpando?

Valeria soltó una risa triste entre lágrimas.

Porque estaba acostumbrada a pedir perdón incluso por sentirse mal.

Daniel acarició suavemente su cabello mientras esperaba en silencio a que se calmara un poco.

—¿Fue él? —preguntó finalmente.

Ella asintió lentamente.

Daniel cerró los ojos un segundo intentando controlar la rabia que sintió.

Porque ya no necesitaba más explicaciones para entender cuánto daño le estaban haciendo.

Valeria se separó apenas del abrazo secándose las lágrimas.

—Sofía descubrió todo.

Daniel guardó silencio.

—Y ahora siento que destruí la vida de otra mujer también.

La culpa en su voz le apretó el pecho.

—No eres la única responsable de esto —dijo él inmediatamente.

—Pero participé igual.

Daniel la observó fijamente unos segundos.

—¿Sabes qué veo yo?

Ella levantó lentamente la mirada.

—Una mujer que llevaba demasiado tiempo buscando amor en alguien incapaz de darle paz.

Las lágrimas volvieron a acumularse en sus ojos.

Porque Sebastián siempre le hacía sentir ansiedad. Miedo. Inseguridad.

Y Daniel… incluso en medio del caos… le daba calma.

Él tomó suavemente su rostro entre las manos obligándola a mirarlo.

—Valeria, mírame.

Ella tragó saliva.

—No tienes que seguir rompiéndote por alguien que nunca supo cuidarte.

El corazón le latió tan fuerte que dolió.

Y por primera vez en muchísimo tiempo…

Valeria sintió ganas de ser cuidada.




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