¿por qué ella sí y yo no?

Capitulo 20 lo que Daniel empezaba a sentir

Daniel nunca había sido un hombre impulsivo.

Toda su vida aprendió a controlar emociones, medir decisiones y no involucrarse demasiado rápido con nadie. Tal vez por eso había llegado tan lejos. Porque mientras otros actuaban por sentimientos, él siempre pensaba primero.

Pero Valeria comenzaba a convertirse en un problema para toda esa calma que tanto cuidaba.

Esa noche estaba solo en su apartamento mirando la ciudad desde las ventanas enormes de la sala, con un vaso de whisky intacto entre las manos y la mente completamente distraída.

Pensando en ella otra vez.

En sus ojos cansados.
En la manera en que intentaba fingir fortaleza incluso cuando claramente estaba rota.
En cómo sonreía apenas… como si todavía no confiara en sentirse feliz.

Daniel soltó lentamente el aire.

No debía involucrarse.

Y aun así ahí estaba, preocupado porque ella llorara por otro hombre.

El celular vibró sobre la mesa.

Andrés.

“Mañana hay reunión temprano. Y prepárate porque Sebastián llegó hoy con cara de querer matar a alguien.”

Daniel sonrió apenas leyendo el mensaje.

Claro.

Sebastián ya había entendido que estaba perdiendo el control de la situación.

Pero lo que más le molestaba a Daniel no eran los celos del otro hombre.

Era imaginar todo lo que Valeria había soportado para llegar a sentirse tan pequeña emocionalmente.

Tomó el celular unos segundos dudando antes de abrir la conversación con ella.

Último mensaje:

“Gracias por quedarte conmigo hoy.”

Simple.
Pero él había leído mucho más detrás de esas palabras.

Valeria no estaba acostumbrada a que alguien se quedara.

Daniel pasó lentamente el dedo sobre la pantalla sin responder todavía.

Porque había algo que empezaba a asustarlo.

La estaba esperando demasiado.

Esperaba verla en el trabajo.
Esperaba escuchar su voz.
Esperaba que sonriera cuando él aparecía.

Y eso era peligroso.

Muy peligroso.

Mientras tanto, Valeria seguía despierta en su habitación abrazando una almohada contra el pecho.

La lluvia ya había parado hacía horas, pero su cabeza seguía llena de pensamientos.

Sebastián golpeando la puerta.
Sofía llorando.
Daniel abrazándola.

Todo estaba ocurriendo demasiado rápido.

Su celular vibró suavemente.

Daniel.

El corazón le dio un pequeño salto absurdo antes de abrir el mensaje.

“¿Ya estás más tranquila?”

Valeria sonrió sin querer hacerlo.

Tan diferente.

Sebastián siempre aparecía cuando necesitaba algo emocionalmente de ella.
Daniel aparecía preguntando cómo estaba.

La diferencia comenzaba a dolerle.

“Sí. Un poco.”

La respuesta llegó casi inmediata.

“Bien. Porque no me gusta imaginarte llorando.”

Valeria sintió calor subirle al pecho.

Y eso la asustó.

Porque empezaba a esperar sus mensajes igual que antes esperaba los de Sebastián.

Pero esta vez no había ansiedad.

Había calma.

Se quedó mirando la conversación varios segundos antes de escribir:

“¿Siempre dices las cosas correctas?”

Daniel sonrió al otro lado de la ciudad.

“No. Solo contigo.”

Valeria mordió suavemente su labio intentando controlar la sonrisa.

Y ahí fue cuando entendió algo peligroso.

Daniel comenzaba a importarle.

No solo porque era atento.
No solo porque la hacía sentir vista.

Sino porque junto a él… comenzaba a recordar cómo se sentía la versión de ella que todavía merecía amor tranquilo.

Mientras tanto, Daniel dejó finalmente el celular sobre la mesa y cerró los ojos unos segundos.

Porque acababa de aceptar una verdad que llevaba días intentando evitar:

Ya no estaba ayudando a Valeria solo por preocupación.

Empezaba a sentir algo mucho más profundo.




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