¿por qué ella sí y yo no?

Capitulo 24 el primer abrazo sincero

La oficina estaba casi vacía cuando Valeria terminó de guardar los últimos documentos.

Había sido un día largo.

Demasiado largo.

Su cabeza seguía llena de pensamientos que no la dejaban respirar tranquila: Sebastián insistiendo en buscarla, Sofía desaparecida, y Daniel… siempre apareciendo justo cuando sentía que estaba a punto de romperse otra vez.

Suspiró cansada mientras apagaba la computadora.

—Sigues aquí.

La voz de Daniel hizo que levantara lentamente la mirada.

Él estaba apoyado en la puerta de la oficina con la corbata ligeramente aflojada y expresión cansada, como si también hubiera tenido un día pesado.

Pero aun así… sonrió apenas al verla.

Valeria sintió el pecho apretarse suavemente.

—Necesitaba terminar unas cosas.

Daniel observó los papeles organizados sobre el escritorio y luego volvió a mirarla.

—Mentira.

Ella frunció un poco el ceño.

—¿Qué?

—Te quedaste aquí porque no querías pensar.

El silencio fue inmediato.

Valeria bajó lentamente la mirada porque odiaba que él pudiera leerla tan fácil.

Y Daniel lo notó.

Caminó despacio hasta quedar frente al escritorio.

—¿Qué pasó ahora?

Ella intentó responder algo simple. Algo ligero.

Pero el cansancio emocional ya era demasiado.

—No sé cómo dejar de sentirme culpable —susurró finalmente.

Daniel guardó silencio.

Valeria soltó una pequeña risa triste mientras jugueteaba nerviosamente con sus dedos.

—Siento que lastimé a Sofía… que perdí demasiado tiempo esperando a Sebastián… y ahora ni siquiera sé quién soy.

La voz comenzó a quebrársele poco a poco.

Daniel sintió el pecho apretarse al verla así.

Tan acostumbrada a cargar sola con todo.

—Oye…

Ella negó rápidamente con la cabeza intentando contener las lágrimas.

—Y lo peor es que parte de mí todavía lo ama. Después de todo. Después de las mentiras. ¿Qué clase de persona sigue amando así?

Daniel se acercó un poco más.

—Una persona herida.

La respuesta fue inmediata.

Sin juicio.
Sin reproche.

Eso terminó de romper las pocas defensas que le quedaban.

Las lágrimas comenzaron a caerle silenciosamente mientras desviaba la mirada avergonzada.

—Lo siento…

Daniel frunció apenas el ceño.

—Deja de disculparte por sentir.

Valeria cerró los ojos intentando respirar.

Pero ya no podía sostenerse.

Todo el dolor acumulado durante meses empezó a salir de golpe: las noches esperando mensajes, las comparaciones con Sofía, el miedo constante de no ser suficiente, la culpa, el agotamiento.

Y antes de darse cuenta…

Daniel la abrazó.

Fuerte.
Cálido.
Sincero.

No como alguien intentando aprovecharse de su tristeza.

Como alguien intentando protegerla de ella misma.

Valeria se quedó inmóvil unos segundos.

Y entonces terminó aferrándose a él lentamente.

El rostro escondido contra su pecho.
Las manos temblando apenas sobre su camisa.

Daniel cerró los ojos sintiendo algo estremecerse profundamente dentro de él.

Porque ya no quería solo ayudarla.

Quería cuidarla.

Ella soltó una respiración temblorosa mientras él acariciaba suavemente su espalda.

—Estoy cansada… —murmuró con la voz rota.

Daniel apoyó lentamente su mejilla sobre el cabello de ella.

—Lo sé.

Y esa simple respuesta hizo que las lágrimas salieran todavía más fuerte.

Porque Sebastián siempre intentaba justificarlo todo. Explicarlo todo. Prometer cosas.

Daniel solo la entendía.

Permanecieron abrazados varios minutos en silencio.

Sin prisa.
Sin tensión.

Y por primera vez en muchísimo tiempo, Valeria sintió algo que casi había olvidado:

Seguridad.

Cuando finalmente se separaron un poco, Daniel levantó suavemente una mano para limpiar una lágrima que seguía bajando por su mejilla.

La miró fijamente unos segundos.

Y el corazón de ambos se aceleró al mismo tiempo.

Demasiado cerca.

Demasiado íntimo.

Valeria sintió el aire atorarse en su garganta.

Porque nunca un abrazo le había hecho sentir tantas cosas a la vez.

Calma.
Tristeza.
Deseo de quedarse ahí un poco más.

Daniel también lo sintió.

Por eso dio un pequeño paso atrás.

Como si necesitara recuperar el control antes de hacer algo impulsivo.

—Voy a llevarte a casa —dijo suavemente.

Pero la forma en que seguía mirándola…

Decía algo completamente distinto.




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