¿por qué ella sí y yo no?

Capitulo 27 la llamada de madrugada

Eran las 2:13 de la mañana cuando el celular de Valeria comenzó a vibrar sobre la mesa de noche.

Dormida y confundida, estiró la mano buscando el teléfono.

Sebastián.

Otra vez.

Cerró los ojos con cansancio antes de contestar.

—¿Qué pasó?

Al otro lado hubo silencio unos segundos.

Y entonces escuchó algo que nunca imaginó escuchar de él.

Sebastián estaba llorando.

No fuerte.
No dramáticamente.

Pero sí lo suficiente para que su respiración sonara rota.

Valeria se incorporó lentamente en la cama.

—¿Sebastián?

Él tardó en responder.

—No sé cómo arreglar todo esto.

El corazón le dolió inmediatamente.

Porque incluso después de todo… seguía siendo la persona que más había amado.

Y escuchar su dolor todavía le afectaba.

—No debiste llamar a esta hora.

—No podía dormir.

Valeria guardó silencio.

Sebastián soltó una risa amarga al otro lado de la línea.

—Qué irónico, ¿no? Ahora soy yo el que se queda despierto esperando mensajes tuyos.

La frase le apretó el pecho.

Porque durante meses esa fue exactamente su realidad.

Esperar.

Siempre esperar.

—Sebastián…

—Lo arruiné todo.

La voz le salió completamente rota esta vez.

—Perdí a Sofía… y te estoy perdiendo a ti también.

Valeria cerró los ojos intentando controlar las emociones mezcladas dentro de ella.

Tristeza.
Rabia.
Nostalgia.

—No sé qué quieres que haga con eso —susurró.

Él guardó silencio unos segundos.

Y luego preguntó algo que la dejó inmóvil:

—¿Ya te enamoraste de él?

El aire desapareció de golpe.

Valeria apretó el celular contra su oído sintiendo el corazón acelerarse violentamente.

Porque no sabía la respuesta.

Y eso daba miedo.

—No lo sé.

Sebastián soltó una respiración pesada.

Como si esa respuesta le hubiera roto algo dentro.

—Yo sí lo sé —murmuró él.

Ella frunció ligeramente el ceño.

—¿Qué cosa?

—Que te mira como yo debí haberte mirado desde el principio.

Las lágrimas comenzaron a acumularse lentamente en los ojos de Valeria.

Porque quizá esa era la tragedia de toda su historia:

Sebastián empezó a valorarla justo cuando otro hombre comenzaba a hacerlo mejor.




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