La reunión llevaba casi una hora.
Demasiadas voces.
Demasiados números.
Demasiado calor en aquella sala cerrada.
Pero Daniel apenas podía concentrarse.
Porque Sebastián no dejaba de mirar a Valeria.
Y Valeria tampoco parecía tranquila.
Cada vez que Sebastián hablaba, ella tensaba ligeramente los hombros. Como si incluso escuchar su voz todavía tuviera poder sobre ella.
Eso comenzaba a desesperarlo.
Daniel nunca había sido celoso.
Hasta ahora.
La reunión terminó finalmente cerca del mediodía y todos comenzaron a salir poco a poco.
Valeria recogía algunos documentos distraída cuando Sebastián se acercó.
—¿Podemos hablar cinco minutos?
Ella suspiró cansada.
—Sebastián…
—Por favor.
La voz sonó tan agotada que ella terminó asintiendo.
Daniel observó la escena desde el otro lado de la sala sintiendo el pecho tensarse inmediatamente.
Y cuando vio a Sebastián acercarse demasiado a ella…
Perdió la calma.
Caminó directamente hacia ambos.
—Necesito a Valeria para revisar unos contratos.
Sebastián soltó una risa seca.
—¿Ahora eres su guardaespaldas también?
Daniel sostuvo su mirada sin moverse.
—No. Solo me molesta ver hombres incapaces de aceptar un límite.
El ambiente se volvió helado.
Valeria abrió ligeramente los ojos sorprendida.
Nunca había visto a Daniel así.
Sebastián dio un paso adelante.
—Esto sigue sin ser asunto tuyo.
Y entonces Daniel respondió algo que dejó a todos en silencio:
—Empieza a serlo desde el momento en que ella deja de llorar cuando está conmigo.
Golpe directo.
Sebastián sintió la rabia explotar inmediatamente.
Pero Valeria…
Valeria sintió el corazón descontrolarse completamente.
Porque nadie jamás había peleado por ella de esa manera.
Editado: 06.06.2026