Esa noche, Valeria no podía dejar de pensar en Daniel.
En la forma en que la defendió.
En cómo la miró después.
En esa mezcla peligrosa de calma y rabia contenida solo porque alguien la estaba lastimando.
Y eso la asustaba muchísimo.
Porque Sebastián todavía ocupaba partes importantes de su corazón.
Pero Daniel comenzaba a ocupar espacios nuevos.
Más sanos.
Más tranquilos.
Más reales.
El celular vibró.
Daniel.
“¿Llegaste bien?”
Automáticamente sonrió.
“Sí.”
Pasaron apenas segundos antes de que apareciera otro mensaje.
“¿Puedo confesarte algo?”
El corazón le dio un salto.
“Depende.”
Daniel tardó un poco en responder esta vez.
Como si estuviera dudando.
Y finalmente escribió:
“Cada día me cuesta más fingir que solo me preocupas como amiga.”
Valeria dejó de respirar un instante.
Leyó el mensaje otra vez.
Y otra vez.
El pecho comenzó a latirle tan fuerte que dolía.
Porque parte de ella llevaba días esperando exactamente eso.
Pero otra parte seguía aterrada.
Sus dedos temblaron ligeramente sobre la pantalla.
No sabía qué responder.
Daniel volvió a escribir:
“No tienes que decir nada ahora.”
Y luego otro:
“Solo necesitaba que lo supieras.”
Valeria cerró lentamente los ojos.
Porque ya no podía seguir negándolo:
También estaba empezando a sentir demasiado por él.
Editado: 06.06.2026