Terminé entonces mi último año de secundaria.
Estaba de lo más feliz, pues aquellos 5 años me dejaban muy buenos recuerdos.
Aunque algunos no tanto… ¡Pero estaba emocionado por vivir experiencias nuevas en la preparatoria!
Me preguntaba cómo sería… Pensar en nuevas experiencias me mantenía de lo más expectante.
Aunque me lamentablemente tuve que distanciarme de mis compañeras de clase, ¡Mateo seguía a mi lado!
Según él no se había recordado que se había inscrito a la misma prepa que yo.
No le creía, pero me quedé con la felicidad y no le dije nada.
¡Y estábamos también en el mismo salón!
—¡¿No es grandioso?! —Exclamé yo con emoción, abrazándolo—¡Seguiremos juntos todo el año!
Ambos nos encontrábamos frente a la gran tabla que indicaba los salones de clases, rodeados de gente desconocida.
Mateo se quedó callado, por lo que volví a mirarlo, y pude notar una pequeña sonrisa en su rostro, poniéndose serio al instante en que notó mi mirada, por lo que solté una pequeña risa.
—¿Tú acaso no me quieres, ¿eh? —Le pregunté con tono sarcástico.
—¿Por qué lo preguntas? Si no te quisiera, no te dejaría abrazarme. Anda, vámonos ya.
Comenzamos a caminar hacía al salón, yo me mantenía pegado a su espalda, sin poder esconder la sonrisa en mi rostro.
Al llegar, Mateo fue directamente a sentarse en la fila de adelante, frente a la pizarra.
Mientras que yo me quedé parado, analizando al salón con la mirada.
Estaban todos charlando en pares o en grupo, pues la clase aún no había comenzado.
Iba a acercarme a los demás…
Pero entre todos ellos, hubo un chico que llamó mi atención.
Un Alfa de peinado elegante, usaba lentes y parecía vestir formalmente. No solo fue porque me pareció atractivo, sino porque estaba concentrado mirando hacía la ventana y no hablaba con nadie.
Pero…no le tomé mucha importancia al inicio.
—¡Hola! —Me pasé a sentar atrás de mi amigo, mientras saludaba a mis compañeras de clase.
—Ah…h- hola. —Me saludó una, desconcertada.
—¡Hola!
Estábamos sentados ambos en la segunda fila del salón, cerca de la puerta de entrada, tras la cual se podían observar a los estudiantes que pasaban por los pasillos.
Conversando con mi amigo, vi entrar al salón a una chica rubia, alta y… con hombros anchos.
Me sorprendí, pues noté rápidamente que era una Alfa.
¡Y era la primera vez que veía a una!
Ella no tardó en notar mi presencia, y acercarse frente a mí con una sonrisa curiosa.
—Valla…que lindo Omega. ¿Puedo saber cómo te llamas? –Su voz agradable contrastaba con la expresión de su rostro.
—Ah…—Murmuré sorprendido por su repentino acercamiento, pero no dudé en sonreír al instante y corresponderle el saludo. — ¡Hola! Me llamo Kyle, ¿Y tú?
—¡Qué bonito nombre Kyle! —Exclamó ella, con una sonrisa más amable en el rostro— Yo me llamo Hana, un gusto. —Estiró su mano hacía mí, yo la tomé ya animado por la conversación, y ella besó mi mano. —Si notaste que soy Alfa, ¿No?
—Ay…s- sí, pero…—Murmuré comenzando a ponerme nervioso por su repentino actuar— No me gustan las chicas, Hana, lo siento. —Le dije con una sonrisa tímida en mi rostro.
En eso mis nervios provocaron desviar la mirada hacía el otro extremo del salón, mientras la escuchaba reír en voz baja, notando que aquel chico me había estado mirando.
Y este al notar mi mirada volvió a desviar la suya hacía la ventana, en un muy mal intento de disimular.
¿Qué había sido eso?
—Entre risas ella volvió a sonreír con emoción al soltarme la mano— ¡Y a mí no me gustan los chicos!
Parpadeé un par de veces ante su confesión, volviendo a mirarla y olvidando por un breve momento lo sucedido hace segundos, ella reía en voz baja, cubriendo su rostro, avergonzada quizás.
—¡Ay…lo siento! —Exclamó soltando un último suspiro— Solo quiero ser tu amiga Kyle, es mi naturaleza llevarme bien con los de tu especie.
Sonreí entonces, aunque estuviera aún sorprendido por el inesperado cambio de tema.
—¡Está bien! ¡Me sorprendiste, ¿Eh?!
—¡Perfecto! Oye, ¿Y el de enfrente es tu amigo? También me pareció lindo…
Yo miré al frente mío, Mateo se giró lentamente a mirarme, y esbozó una pequeña sonrisa pícara en el rostro. No pude evitar reír ante ello.
¡Hana era una gran chica!
Así como con ella, en tan solo un par de meses logré amistarme con la mayoría de las chicas de mi clase. ¡Incluso me hice de amigos Alfa!
¡Sentía que volvía a la vida!
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Me encontraba un día caminando de regreso al salón, en hora de receso después de comprarme uno que otro bocadillo en la cafetería.
Parecía uno de esos días en los que los estudiantes se movían entre los pasillos con calma indescifrable.
Entonces escuché a unas chicas hablar a lo lejos mientras se acercaban a mí.
—¿Quién Erick? ¿Del salón F?
—¡Si! ¿Quién más? No creo mucho en rumores, pero es tan solitario que parece que oculta algo. ¡Me refiero a que no parece un nerd cualquiera!
—¿Un delincuente? ¡Ay, no me asustes!
—¡Ni siquiera James te hace caso y te va a mirar ese tipo!
Ambas se alejaron mientras reían.
Pero yo me quedé analizando con curiosidad lo que había escuchado.
Erick…así se llamaba aquel chico que llamó mi atención desde el primer día de clases.
Sabía que de quién hablaban, pues no era la primera vez que escuchaba hablar de él.
Y para mí era evidente que quienes esparcían esos rumores eran ni más ni menos que los chicos de mi salón.
Porque había rumores en general, ¡Pero de quien no dejaban de hablar era de Erick!
Y a mí me causaba curiosidad por todas las cosas raras que hablaban de él.
“Me han dicho que lo han visto por un barrio peligroso…”
“Seguro que es un delincuente encubierto…”
“Intenté hablarle y me fulminó con la mirada.”