¿por qué...tú?

Conocerte mejor.

El timbre de clases vibró de forma aguda, me levanté rápidamente de mi asiento, con emoción al poder ya irme a casa.

—¡Mateo! ¿Nos vamos? —Exclamé posicionándome frente al pupitre de mi amigo, y acto seguido siguiéndole los pasos.

—Hoy paso por la biblioteca Kyle. Pero mañana podemos ir a algún lado si quieres. —Mencionó el chico con aquella serenidad que siempre llevaba en el rostro.

—¡Bien! Pero te acompaño de igual forma, quiero pasar por la pastelería. —Respondí manteniendo una sonrisa en mi rostro.

—¿Otra vez gastándote la mesada? —Mateo me replicó en tono sarcástico.

—¡No! —Exclamé con sonrisa pícara, desviando la mirada de él. Mateo rió en voz baja, soltando un suspiro acto seguido.

—Siempre eres así…

—¡Ya te dije que no tiene nada de malo darse unos gustos de vez en cuando! —Exclamé por su pequeño reproche.

Y dicho y hecho, pasé por una de mis pastelerías favoritas, era de esas que tenían un ambiente minimalista y colores sólidos en su interior.

Elegí de entre todos los manjares que podían verse en la vitrina, uno de mis favoritos: Un pastel de fresas, adornando la parte superior con un borde decorativo de crema y muchas fresas sobre él.

El gusto quizás lo había heredado de mi madre, ella también adoraba el sabor a fresas frescas. ¡Y ni hablar de mi hermana!

Al bajar del metro que casi todas las tardes tomaba para llegar, pasé por mi ruta diaria: el parque tranquilo donde siempre veía a los niños jugar, y acto seguido cruzar dos cuadras más hasta llegar a mi hogar.

Al abrir la puerta de casa, esperando poder comerme aquel pequeño pastel en la tranquilidad de mi habitación, me sorprendí al notar la presencia de mi madre y mi hermana en la sala, charlando tranquilamente mientras tomaban el té.

—¡Valeria! —Exclamé yo con emoción, dejando el pastel sobre la pequeña repisa en la cocina, que se encontraba justo al lado de la sala, yendo a abrazarla.

—¡Mi Kyliee! —Exclamó ella mientras me abrazaba con fuerza, meciéndome en sus brazos con esa ternura de hermana mayor que siempre me expresaba. —Te estaba esperando, ¿Te está yendo bien en la preparatoria?

Al soltarme, me dirigí a abrazar a mi madre, pensando en la respuesta ante su pregunta.

—¡Si! Siempre hablo con mis compañeros, ya me conoces. Y creo que he hecho una amiga nueva. —Comentaba con emoción a las dos presentes, ya sentándome con ambas a disfrutar el momento.

—¿Aparte de Mateo? ¡Eso es bueno! —Me hablaba ella con una sonrisa dulce, aquella sonrisa que cada vez aparecía inevitablemente en su rostro.

—Y, ¿De casualidad sabes cómo está Nek? ¿Lo has contactado últimamente? —Pregunté con curiosidad al recordar al mencionado.

—Sí, todo va bien en la empresa. Me comentó que le surgieron nuevos inversionistas.

—¡Anda!

—Y Keyla también, ¡Está de maravilla! Me mantengo expectante de su relación, ya lo sabes.

Asentí con la cabeza, en lo que iba a traer el pastel a la mesa en la que nos encontrábamos.

Mi hermana me llevaba 7 años de diferencia, ¡Ya casi iba a terminar su carrera universitaria!

Y mi hermano Nek, él es 10 años mayor que yo, y trabajaba en una empresa propia que iba construyendo poco a poco junto a su pareja.

—¡Mhm! ¡Mira esto! —Murmuró de repente, cubriendo su boca con una mano mientras masticaba y con la otra alcanzaba un portafolio al otro lado del sofá.

—¡Ah! ¿Acabas de llegar de la universidad?

—¡Si, quise venir directo a verte!

—Tu hermana hace diseños preciosos. —Comentó mi madre, mientras ambos observábamos el pasar de las páginas con total atención. —Se nota que te terminó gustando diseño de modas, ¿Eh?

Valeria asintió con la cabeza, sonriente, mientras yo analizaba cada prenda en borrador con expectación.

—¿Ya te decidiste de que vas a trabajar cuando acabes de estudiar hija?

—No lo sé, pero ser patronista me llama mucho la atención. Aunque…en realidad me gustaría ser ama de casa como tú, madre. —Mencionó con una pequeña risa nerviosa.

—Bueno, eso también está bien, supongo. —Le dijo el chico a su lado, con una sonrisa orgullosa en el rostro.

Yo permanecía observando cada diseño, uno por uno, fascinado como cada vez que me los mostraba.

Pero me detuve un momento al escuchar la conversación entre ambos.

—Parpadeé un par de veces— ¿Dijiste patronista, Valeria? ¡Pero si tú tienes potencial para tener tu propio negocio!

Valeria soltó una carcajada al escucharme.

—¡Está bien, está bien! Solo pensé en una alternativa fácil Kyle, aún no termino mi carrera, tengo tiempo aún.

Asentí con la cabeza, volviendo a prestarle atención al pedazo de pastel que tenía en mis manos.

—Y tú Kyle, me dijiste que estudiarías gastronomía ¿No?

Afirmé nuevamente con un solo gesto, pues aún estaba masticando.

—¡Oh, gastronomía! —Exclamó mi hermana— Me lo esperaba de ti Kyle, ¿Ya has preparado algo más que postres?

—No…es que, aún no he encontrado el momento indicado. —Mencioné con expresión pensativa en el rostro.

—¿Seguro?

—¡Pero puedes preparar la cena! —Me dijo mi madre— Nunca me lo has pedido. ¿Te parece si hacemos milanesas a la noche?

—¡Está bien!

—¡Ah, es cierto! Kyle, pensaba en preguntarte… ¿No has pensado en ser ama de casa? Digo, como una posibilidad.

—Uhm…no lo sé la verdad. Solo sé que me gustaría tener mi propio restaurante. Pero…para eso está un Omega, ¿No?

Me había mantenido mirando al techo, distraído.

Pero al volver a mirarlas, tenían una expresión incrédula en el rostro. Valeria parecía casi indignada.

—¿Q- qué pasó? —Pregunté desconcertado.

—No es así Kyle…—Me dijo ella, pasando a tener una expresión serena en el rostro— Puedes tener una vida propia, viviendo de un trabajo o un emprendimiento. Así que eso es solo una opción, ¿Verdad, madre?

—Asintió con la cabeza—Es verdad hijo, sabes que yo antes trabajaba como confeccionista, pero al casarme con tu padre ambos decidimos que lo mejor sería que yo me dedicara a cuidarlos.



#5135 en Novela romántica

En el texto hay: slowburn, bl juvenil, vidaadulta

Editado: 07.08.2026

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