Por Siempre

CAPITULO 20

CAPITULO 20

 

El hombre salió corriendo para llegar a tiempo al ver la gravedad del Dr. González. Los demás como pudieron llevaron a Ernesto al hospital, otros trabajadores corrieron a avisar a los padres de Ernesto.

 

La enfermera llego corriendo al casa de la familia De la Vega preguntando por Amelia, ella escucho el alboroto y bajo corriendo,

-¿Quién me busca?

-¡Señorita Amelia el Dr. Ernesto quiere verla, se está muriendo!

-¿Cómo dice? -dijo Amelia abriendo los ojos desmesuradamente- ¿Esta bromeando?

-¡No señorita, debe darse prisa, no tiene mucho tiempo!

Amelia sintió que el mundo se le caía encima. Sin dudarlo más salió de la casa con la enfermera, afuera ya las esperaba un coche.

-¡¿Amelia a dónde vas?! -decía su padre- ¡Tú no tienes por qué ir!

Amelia ignoro a su padre y subió al coche con las lágrimas próximas a salir, no quería creer que algo le pasara a Ernesto.

Ana María al escuchar lo del Dr. González mando a avisar a Luis, él debía enterarse.

 

 

Amelia entro corriendo al hospital preguntando por Ernesto, cuando llego a su lado el doctor había parado la hemorragia pero había perdido mucha sangre, estaba muy débil y pálido.

-¡Ernesto! ¡Ernesto! –Lo llamo ella en cuanto lo vio- tomo la mano de él y la llevo a sus labios para después ponerla en su mejilla.

Ernesto abrió los ojos con mucho trabajo, estaba muy cansado, solo quería dormir, pero no podía, sabía lo que eso significaba, no podía rendirse hasta que la viera, hasta que pudiera despedirse de ella. La miro por unos segundos, quería grabar su rostro en su mente, ella no se permitía llorar, porque si lloraba los ojos se le llenarían de agua impidiéndole ver y no quería perder la oportunidad de poder verlo todo el tiempo que fuera posible.

-Vas a estar bien, pronto nos iremos y viviremos juntos felices –le decía Amelia a su marido- te pondrás bien. Recuerda que me prometiste que no me dejarías, que siempre estaríamos juntos -Entonces Amelia recordó lo que él la había dicho la noche anterior: “Solo la muerte me podría separar de ti” movió la cabeza en negación, no quería pensar en esa posibilidad, el seguramente mejoraría.

Amelia, mi Amelia te amo –dijo con voz cansada y con las pocas fuerzas que tenía apretó la mano de ella-. Nunca lo olvides -Los ojos de Ernesto la miraban cuando exhalo su ultimo respiro, ni muerto quería dejar de mirarla.

-¡¡Ernesto, Ernesto!! -Amelia lo llamaba a gritos, soltó su mano y empezó a moverlo pero él no respondió-, ¡Ernesto despierta! Por favor, despierta no me hagas eso- lo seguía llamando propinándole golpes en el pecho para que se despertara mientras lo seguía llamando, el llanto poco a poco apagaba sus gritos, pero lo seguía llamando con menos fuerza-. Ernesto despierta, no me dejes, prometiste que no me dejarías, cumple tu promesa Ernesto.

Los padres de él se abrazaron entre si llorando la partida de su hijo mientras escuchaban los gritos de su nuera irse apagando conforme se daba cuenta que él ya no le respondería nunca más. La madre de Ernesto se separó de su marido, se acercó a su nuera la tomo por los hombros y la alejo del cuerpo para que los médicos lo pudieran revisar, ambas se abrazaron al escuchar la confirmación del médico: Ernesto González acababa de morir.

Amelia a escucharlo se desmayó, la enfermera la reanimo.

-¿Esto es una pesadilla verdad? –Pregunto Amelia- ¿Ernesto está bien? ¿No le ha pasado nada verdad?

Nadie le respondía, solo la miraban con tristeza, miro a sus suegros esperando una respuesta favorable, vio a sus suegros que estaban llorando abrazando el cuerpo del joven médico.

-¿Cómo esta Ernesto? –llego Luis corriendo y preguntando, al mirar a todos llorando y a los padres de su amigo llorando sobre el joven, se acercó poco a poco.

-Nos ha dejado -fue la respuesta a secas del padre de su amigo, Luis se quedó parado a un costado de la cama con los ojos llenos de lágrimas silenciosas.

-¿Qué le paso? –Luis lanzo la pregunta al aire, esperando una repuesta.

-Unos hombres lo acuchillaron –respondió el médico que lo ayudo.

Después de un rato se percató que entre los dolientes estaba Amelia,

-Amelia, debemos irnos en tu casa deben estar preocupados.




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