No recuerdo el día en que te conocí.
¿Cómo podría hacerlo? Siempre estuviste ahí.
Crecimos bajo el mismo cielo, compartiendo reuniones familiares, risas, juegos y esos momentos que, cuando somos niños, creemos que nunca terminarán. Nunca imaginé que un día tendría que aprender a recordarte en lugar de simplemente buscarte para contarte cómo estuvo mi día.
Han pasado años desde la última vez que supimos de ti.
Años de preguntas que siguen sin respuesta.
Años imaginando dónde estarás, cómo estarás o si, en algún lugar, también piensas en nosotros.
Muchas personas creen que una desaparición solo cambia la vida de quien se va. Pero también transforma la de quienes se quedan. Porque aprendemos a vivir con una silla vacía, con un nombre que duele pronunciar y con una esperanza que se niega a morir.
Durante mucho tiempo pensé que escribir sobre ti sería demasiado difícil. Tenía miedo de que cada palabra abriera una herida que nunca terminó de cerrar. Pero un día entendí que el verdadero miedo era dejar que el tiempo borrara los pequeños detalles que hacían que fueras tú: tu risa, tus ocurrencias, los momentos que compartimos y la forma en que llenabas de vida cada lugar.
Por eso nació este libro.
No para buscar respuestas.
No para señalar culpables.
Y tampoco para contar una tragedia.
Nació para recordarte.
Para que quien abra estas páginas conozca al niño que nosotros conocimos, al chico que llenó de alegría nuestra infancia y al mejor amigo que jamás dejó de ocupar un lugar en mi corazón.
No sé si algún día leerás estas palabras.
No sé si el destino permitirá que vuelvas a casa.
Pero si ese momento llega, quiero que encuentres este libro y descubras que nunca dejamos de hablar de ti. Que nunca dejamos de esperarte. Que el tiempo pasó, crecimos y la vida siguió su curso, pero hubo algo que jamás cambió: el amor que sentimos por ti.
Porque este libro no habla de una ausencia.
Habla de una presencia que sigue viviendo en cada recuerdo.
Y, sobre todo, habla de ti.
Porque a ti.