Porque a ti

CAPITULO 8-ESPERAR TAMBIEN DUELE

"Esperarte se convirtió en una forma de seguir queriéndote."

Con el paso de los días, entendí que la espera también puede romper a una persona.

No hace ruido.

No deja heridas que se puedan ver.

Pero duele.

Duele despertar cada mañana con la esperanza de recibir una buena noticia y acostarse cada noche con el mismo silencio.

Nuestra vida continuó, o al menos eso intentábamos hacer creer.

Volví al colegio.

Mi mamá regresó a su trabajo.

Las personas seguían caminando por las calles como si nada hubiera pasado.

Pero para nosotros el tiempo parecía haberse detenido el día en que Joshi desapareció.

Ya nada era igual.

Las reuniones familiares dejaron de sentirse completas.

Siempre había una silla vacía que nadie ocupaba.

Cada vez que alguien llegaba a la casa, todos levantábamos la mirada por unos segundos, imaginando que quizá eras tú.

Pero nunca lo eras.

Los cumpleaños comenzaron a doler.

Las celebraciones dejaron de tener el mismo significado.

Ya no podíamos reunirnos sin que alguien preguntara por ti.

Sin que alguien terminara llorando.

A veces veía a mi tía abrazar una fotografía tuya mientras cerraba los ojos con fuerza, como si así pudiera sentirte cerca otra vez.

Mi tío seguía saliendo a buscarte cada vez que escuchaba una posible pista.

Nunca perdió la esperanza.

Y nosotros tampoco.

Aunque cada día fuera más difícil.

Yo seguía escribiéndote mensajes que nunca enviaba.

Te contaba cómo me había ido en el colegio.

Las cosas graciosas que me pasaban.

Las canciones que sabía que te habrían gustado.

Era mi manera de sentir que todavía seguías conmigo.

Porque mientras siguiera hablándote...

Mientras siguiera recordándote...

Había una parte de mí que se negaba a dejarte ir.

Muchas personas nos decían que debíamos ser fuertes.

Que el tiempo acomodaría las cosas.

Que no perdiéramos la fe.

Pero nadie entendía lo que realmente significaba esperar.

Esperar no era quedarse sentado.

Era vivir con el corazón dividido entre la esperanza y el miedo.

Era sonreír delante de los demás mientras por dentro te preguntabas dónde estarías.

Era revisar las noticias con el temor de encontrar algo que nadie quería leer.

Era mirar cada rostro entre la multitud imaginando que, tal vez, eras tú.

Con el paso de los meses entendí que una desaparición no solo se lleva a una persona.

También se lleva la tranquilidad de quienes la aman.

Nos roba el sueño.

Nos llena de preguntas.

Y nos obliga a aprender a vivir con una ausencia que nunca pidió permiso para llegar.

Aun así...

Nunca dejamos de esperarte.

Porque mientras existiera una mínima posibilidad de volver a abrazarte, seguiríamos creyendo.

Porque el amor también sabe esperar.

Y nosotros...

Nunca dejamos de hacerlo.



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En el texto hay: familiares, desaparecido, desaparición

Editado: 02.08.2026

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