"Hay palabras que el corazón guarda hasta encontrar el momento de convertirlas en recuerdos."
Siempre pensé que tendría tiempo.
Tiempo para agradecerte por aparecer en mi vida cuando más lo necesitaba. Tiempo para decirte que eras mucho más que mi mejor amigo. Tiempo para contarte lo importante que eras para mí, aunque nunca encontrara las palabras exactas.
Pero el tiempo decidió correr más rápido que nosotros.
Hay personas que se despiden con un abrazo, con una llamada o con un simple "nos vemos mañana". Nosotros nos despedimos sin saber que era la última vez. Sin imaginar que ese "hasta luego" se convertiría en una pregunta que me acompañaría durante años: ¿dónde estás?
Desde que desapareciste, he repetido una y otra vez nuestra última conversación, buscando alguna señal que me dijera que algo iba a pasar. Tal vez una palabra que ignoré. Un silencio que no entendí. Una mirada que hoy tendría un significado diferente. Pero por más que lo intento, los recuerdos nunca cambian.
Solo cambian las personas que los cargan.
Yo cambié.
La niña que se reía por cualquier cosa aprendió demasiado pronto que hay dolores que no tienen nombre. Aprendí que existen ausencias capaces de sentarse a la mesa contigo, de caminar a tu lado y de acompañarte incluso cuando todo parece estar bien.
Durante mucho tiempo me enojé contigo. No porque te hubieras ido, sino porque no entendía por qué la vida había decidido arrebatarnos tantos momentos que todavía no habíamos vivido.
Quería contarte tantas cosas...
Quería decirte que me dabas calma cuando todo era un desastre.
Que contigo los días parecían más ligeros.
Que nuestras conversaciones eran mi lugar favorito.
Que nunca imaginé un futuro en el que tú no estuvieras de alguna manera.
Pero nunca lo dije.
Pensé que siempre habría otro día.
Otra conversación.
Otra oportunidad.
Y ahora esas palabras viven atrapadas dentro de mí.
Por eso escribo.
No porque crea que estas páginas puedan encontrarte.
Escribo porque es la única forma que conozco de seguir hablándote.
Porque mientras escribo, puedo imaginar que estás al otro lado, escuchando cada historia, riéndote de mis ocurrencias y respondiendo con esa voz que el tiempo ha intentado borrar de mi memoria, pero que mi corazón se niega a olvidar.
Este libro no nació para contar una desaparición.
Nació para hablarte de todos los días que viví sin ti.
De las lágrimas que escondí para que nadie se preocupara.
De las cartas que jamás envié.
De las veces que creí verte entre la multitud.
De las noches en las que le pedí a Dios que, dondequiera que estuvieras, te cuidara por mí.
Tal vez nunca leas estas páginas.
Tal vez jamás sepas cuánto cambió mi vida desde aquel día.
Pero si el destino, la vida o Dios deciden cruzar nuevamente nuestros caminos, quiero que encuentres aquí todo lo que nunca fui capaz de decirte cuando estabas a mi lado.
Porque hay palabras que llegan demasiado tarde para ser pronunciadas...
Pero nunca es tarde para convertirlas en recuerdos.