Porqué eres mía

Capítulo 29:

NARRA ARENEA.

 

Dos meses después.

 

No, no, no, no, no y ¡No!

Esto no me puede estar pasando, me niego, me rehúso a que esto esté pasando, no.

-Cálmate, Arenea, no puede ser tan malo. – Julián trató de tranquilizarme.

-No puedo, es que… ¡No lo sé!... Simplemente no puedo creerlo… - Susurre mirando cualquier punto de la habitación del hotel. – No sé qué voy a hacer ahora. – hablé tratando de que mi voz no se rompa.

-Si tú no lo sabes, yo menos, pero, siempre estaré aquí para apoyarte y respetar tus decisiones… Excepto que abortes, claro. – Lo miré entre incrédula y seria.

- ¿Crees que sería capaz de abortar? – Interrogué más seria de lo normal.

-Solo quería que lo sepas. – Argumento sentándose al lado mío sobre la cama. – Pregúntales a tus padres, ellos seguramente sabrán que hacer. – Posó su mano sobre mi espalda y empezó a sobarme como tratando de calmarme.

-Puede que tangas razón, pero no ahora, primero necesito procesarlo yo. – Pase mis manos por mi rostro eliminando las pocas lágrimas que cayeron de mis ojos.

-Bien te ayudo. – Con sus manos tomó mis hombros y me giro para que pueda verlo. – Tú, Arenea Quispe, la Omega más fuerte que he conocido en toda mi vida y también la más valiente, has enfrentado uno por uno tus miedos y los has superado, ya pasaste por muchas cosas peores y este embarazo que tienes es uno más de ellos, pero también es algo increíble y maravilloso, sé que serás una madre increíble y podrás criar a esa o ese cachorro que llevas dentro, ahora, es hora que también enfrentes esto y no estarás sola, yo y tu familia estaremos a tu lado y te apoyaremos, así que, levántate y has lo que tangas que hacer. – Habló firme y yo asentí con una sonrisa en mis labios.

-Sí, capitán. – Me levanté y fui a agarrar mi celular, marqué el número de mi mamá.

 

 

 

NARRA DIEGO.

 

 

-Estoy harto. – Susurré.

-Por favor, solo… dime dónde está… prometo darte todo lo que quieras, haré todo lo que me pidas, por favor, solo dime dónde está… - Y de nuevo, comenzó a llorar.

-Ya te dije que no te lo diré, ni aun que supiera. – Hablé mientras lo empujaba para que se alejará de mí.

Cómo supondrán, Luis llorando por Arenea, solo y simplemente pido, de todo corazón, con toda mi alma, que este desastre termine de una vez, cada día, todo el tiempo, dónde sea, Luis viene conmigo a llorarme para que le diga en dónde demonios se encuentra Arenea, ¡Pero es que ni siquiera yo lo sé!

Por unos días estuve de maravilla que venga a suplicarme y a llorarme, pero ahora solo quiero que se alejé totalmente de mí, odio verlo llorar de esta manera, me tiene harto y no puedo concentrarme en mi trabajo.

-P-por favor, necesito verlos, me necesitan. – Habló acercándose lentamente a mí.

- ¿A Sí? ¿Quiénes? – Pregunte revisando unos papeles.

-Arenea… y-y… Mi c-cachorro. - ¿Qué?

Solté los papeles y lo miré entre incrédulo, asustado y gracioso.

-Chistosito, deja de jugar, solo me dices eso para que te diga en dónde está Arenea, pero ya te lo dije, ¡No sé en dónde carajos se encuentra, y si lo supiera no te lo diría! – Alcé un poco la voz y volví a poner mi atención sobre todo el papeleo y tareas que hay sobre la mesa.

-Por eso quería marcarla, no solo por qué ella podía morir, si no por que lleva a mi cachorro dentro, su embarazo será más peligroso de esa forma. – Informó mientras se recostaba por mi pierna y miraba el piso. – Los quiero a mi lado, por favor, dime. – Me miró suplicante.

- ¿Cómo me aseguras de que está cinta? – Lo miré alzando una ceja.

-Puedes llamarla a ella o a sus padres y preguntarles, seguramente ya les contó todo y me odian… - Susurro lo último.

-Bien, pero no tengo su número, tampoco el de sus padres, cuando llegué a mi hogar le preguntaré a Josías, ahora… lárgate por la Diosa Luna. – Le apunte la puerta con mi mano, él miró la puerta por unos segundos para luego negar.

-Cuando me digas dónde se encuentra Arenea, te dejaré en paz. – Informó.

-Ya te dije que no lo sé, además, ¿Por qué no la buscas tú mismo? – Volví mi vista a los papeles.

-Ya mandé guardias por casi todo el mundo, aún no la encuentran y es obvio que no estará en la casa de sus padres. – Habló haciendo gestos con las manos.

-Tienes razón… Búscala tú mismo, con tus propios ojos. – Le recomendé.

-Ya la busqué así por varios días antes de venir a pedírtelo a ti, veo que no sirvió de mucho. No sabes nada. – Se burló y bufé.

-Ya lárgate. –

-Te recuerdo que este es mi despacho, ¿Por qué no te largas tú? – Me miro serio.

-Te recuerdo también que estoy haciendo todo tu trabajo, así que, te largas y lo hago yo, o me largo yo y lo haces tú mientras esperas a que te llegue noticias de Arenea. –

-Naahhh, hazlo tú, yo iré a buscar a Arenea. – Se levantó tambaleante y salió del despacho para ¡Por fin! Dejarme hacer su trabajo en paz.

Sin duda alguna, cuando terminen todos estos problemas, pediré unas extensas vacaciones, aunque creo que no será posible.

Pero…

¿Cómo sabe él que Arenea está en cinta si ni siquiera sabe dónde está?

 

 

Tengo una duda existencial ahora.

 

 

NARRA ARENEA

 

 

Miedo.

Eso es lo que siento en estos momentos, miedo a como lo tomen, miedo a ser rechazada o que rechacen a mi cachorro, miedo a todo es este instante.

Mis padres estaban inmóviles e impactados, con la boca y ojos abiertos a más no poder por lo sorprendidos que están y lo que más miedo me da; no responden.

Desde hace unos siete minutos que mis padres estaban de esta forma y no me gusta.

- ¿Mamá? ¿Papá? – Hablé para que reaccionen, cosa que no funciono. – B-bien… Cortaré la video-llamada para que puedan proces- Me interrumpió mi madre.




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