Porque tú lo querías así

⟡ Capítulo 8 - No te puedo mentir ⟡

El tiempo pasa y después de varios días de instituto, el día del viaje ha llegado y todos mis intentos por enfermarme de verdad han fracasado, creo que hasta puedo decir que me siento demasiado sano y eso solo puede significar una cosa, bueno, dos cosas. La primera era que debía ir a la piscina con mi abuela, sus amigas, Hali y Suvan. La segunda era que probablemente algo malo iba a pasar, ya sea hoy, mañana o la siguiente semana, no lo sé, pero ese presentimiento lo tengo desde que mi abuela ha recibido la carta con emisor desconocido, el cual se fortaleció con aquel pedazo de papel a nombre de "Cat"; quien después de ese día no había vuelto a aparecer en la casa, al menos no cuando yo estaba allí; después de eso intenté olvidarlo, pero la verdad, si me preocupa un poco.

—Lua —la voz de mi abuela al otro lado de la puerta hace que mis pensamientos se desvíen de aquellas ideas que empezaba a crear en mi cabeza —Voy a entrar

Estoy bien de salud, comer helado durante la noche, salir en plena lluvia, dormir sin cobijas, bañarme en agua helada...nada ha funcionado ¡Carajo! Nada funcionó. Ahora tengo que implementar el plan B, fingir que estoy enfermo.

Mi abuela entra, yo sigo recostado en mi cama hecho bolita con mis cobijas, siento que se acerca y empiezo a temblar como que tuviera escalofrío, el día de ayer he comprado parches que se calientan, los mismos que tenía en la frente y mejillas, antes de escuchar su voz, escondo aquella evidencia bajo la almohada y saco mi cabeza de las cobijas, es momento de dar mi mejor actuación.

—Abuela —finjo toser —Creo que me he enfermado, lamento no poder ir contigo hoy.

Mi abuela toca mi rostro sorprendiéndose por lo caliente que de seguro está mi rostro en este momento.

—¡Dios mío! estás hirviendo —sale en busca del botiquín y después de unos minutos regresa con el termómetro en mano, el mismo que puso en mi boca apenas volvió a estar cerca, yo solo le sonreí y esperé.

—Traeré una toalla con agua fría tranquilo, te sentirás mejor pronto.

La sigo con la mirada hasta verla salir por completo de la habitación, cuando escucho que está lo suficientemente lejos intercambio el termómetro con uno que ya estaba listo previamente. La veo regresar con una toalla de manos y una pequeña tina que lleva agua con hielo en ella, deja todo en la mesita de noche para poder sujetar el termómetro. Confirmando mi mentira.

—38,5 —murmura —te llevaré al médico antes de que empeore —sostiene la toalla introduciéndola en la tina con agua haciendo que esta se empape por completo.

Mierda eso no era parte del plan, ahora debo evitar esto a toda costa. Intento disimular el pánico hablando con voz tranquila hacia ella —Tranquila abuela, hoy es tu día, debes ir a disfrutar

La veo separar sus labios a punto de decir algo, pero vuelve a cerrarlos al escuchar el sonido del timbre y por la forma en que suena se perfectamente quien es, la persona que menos quería que apareciera en este momento. Halia...

Maldigo internamente cuando me quedo solo, aún falta un tiempo para que el resto de invitados llegaran, me quedo pensando o al menos intentando descubrir cómo voy a convencer a aquella muchacha de ojos avellana de que en serio me había enfermado. La abuela vuelve a aparecer en la habitación y a su lado la castaña me planta una mirada de enfado al verme en la cama con un paño de agua en la frente; eso solo confirma lo obvio en su mente, que estoy mintiendo. Cuando me enfermaba en serio tenía una actitud diferente, me tumbaba en la cama, con la actitud más dramática que podía tener en toda mi vida. Testamentos, últimas palabras, ya saben, lo normal. pero he engañado tantas veces a mi abuela que ella no nota la diferencia.

Pobre niñito, tranquilo, yo te haré compañía en este día

Tú, silencio

Su presencia lo que menos quiero en este momento, no estoy de humor para soportar tantas cosas que dice mi cabeza, porque es obvio que tiene cartas muy buenas para jugar hoy. Maldición que se supone ¿qué voy a hacer ahora mismo? Tragame tierra, o tragate a Halia, sin ella este plan sería perfecto...casi.

—Bienvenida —toso —Lamento que me encuentres en este estado —ella sigue fulminándome con su mirada, definitivamente si las miradas mataran en ese momento yo estaría hecho trocitos en algún basurero.

—Pobre Lua, ya estoy aquí —la veo sonreír de forma malvada, como que estuviera tramando algo muy malo para mí. Dios, en que lío me he metido ahora —Ayer me dijiste que te sentías mal y traje algunas cosas para que te cures.

Es una niña astuta ¿verdad? Entiendo porque la deseas tanto.

Que te calles.

—Si, casi lo olvido, iré a calentar la sopa de inmediato —¿Sopa? Enana del demonio. La abuela se marcha a la planta de abajo dejando a Hali en mi habitación, No, abuela, vuelve, grito en mi mente, pero mis suplicas internas no llegan a ella. ¿Donde ha quedado la telepatía de abuela-nieto en estos momentos?.

Halia se acerca a mí, le doy una sonrisa nerviosa en lo que me alejo un poco hacia el otro extremo de la cama. ¿le tengo miedo? Mucho, más cuando se enojaba, no había quien la detenga, ¿lo malo? Que solo yo conocía esa parte de ella, ni la abuela, ni su presioso Suvan, ni siquiera su propia familia la había visto tan molesta como yo, todos pensaban que era una chica adorable y cariñosa. Maldito demonio con rostro de ángel.

Ella aprovecha que me alejo para levantar mi almohada, encontrando las pruebas de mi delito; el termómetro y los parches. Lo admito no tenía un mejor escondite. yo solo sonrío con los nervios aumentando en mi piel, este es quizá mi último día de vida díganle a la abuela que la quiero y a Salome que traiga más dulces mexicanos que me gustan tanto. Aunque no sería tan malo morir a manos de mi primer amor. Mis pensamientos cambian cuando la veo tirar al suelo la almohada que antes estuvo en sus manos. Creí que iba a lanzármela.




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