Portadora de las llamas del origen

Capítulo 1 - Luna entre cenizas

A pesar de que una cortina de cenizas cubría el paisaje, la luna roja brillaba en lo alto del cielo con una intensidad sobrecogedora. Mi hogar ardía, envuelto en llamas que danzaban como lenguas vivas, furiosas y desesperadas, como si defendieran algo… o a alguien. A lo lejos, entre el murmullo del viento y el crujir seco de las hojas, se oía el trote de animales huyendo por el bosque. Mi cuerpo reaccionaba en sincronía con el caos; el corazón me latía con fuerza, fuera de control, marcando un ritmo frenético que apenas me dejaba respirar.

Estaba aterrada.

Las heridas en mis manos ardían con cada latido. Me las había hecho al aferrarme con desesperación a la soga anudada al cuello de aquella criatura, incapaz de soltarla aunque los dedos me temblasen. Sentía pasos acercándose entre la ceniza y el fuego. Mis ojos se anegaron en lágrimas, una súplica muda brotando de ellos, cargada de culpa y devastación. Me dejé caer hacia adelante y apoyé la frente en su torso, como si aquel gesto pudiera ofrecerme una redención que sabía que no merecía. Bajo mi piel, el miedo crecía; bajo la suya, el corazón latía demasiado despacio para estar vivo.

Entonces, un rayo de luz atravesó la bruma y se posó sobre mi rostro, arrancándome de golpe de aquel sueño.

Uno que ya se había repetido durante tres noches consecutivas.

—¿Otra vez el mismo sueño? —murmuré, con la vista clavada en el techo, mientras apoyaba un brazo sobre la frente y trataba de regular la respiración.

Aparté las sábanas con desgana y me incorporé lentamente. El reloj marcaba una hora inadmisible. Suspiré, aún con la sensación del fuego prendida en el pecho, y me deslicé las zapatillas mientras echaba un vistazo al cuaderno de esbozos junto a la mesita. Lo tomé entre mis manos, todavía medio dormida, y garabateé con rapidez cada detalle que lograba recordar del sueño: la cabaña, las llamas devorándolo todo… y mi cabeza apoyada en el torso del centauro.

—Tres noches seguidas… —susurré, dejando escapar un suspiro más profundo.

Miré de nuevo el reloj.

—¡Oh, dios mío! ¡Anna me va a matar!

Salté de la cama y corrí a la ducha. No había tiempo para peinarme, así que me hice una coleta apresurada, dejando que mis ondas rebeldes cayeran sobre los hombros como si ni siquiera ellas quisieran obedecer el paso del tiempo. Justo entonces, el timbre sonó. Salí disparada hacia la puerta, dejando atrás uno de mis zapatos, y me calzaba el otro a duras penas cuando descolgué el telefonillo.

—¿Te has vuelto a quedar dormida, verdad? —la voz de Anna sonó al otro lado, cargada de resignación y familiaridad.

—¡Lo siento! ¡Ya bajo!

Arrastré a toda prisa los libros del instituto y lancé el cuaderno de esbozos dentro de la mochila. Mientras intentaba terminar de calzarme, bajé las escaleras a trompicones… y fue entonces cuando ocurrió.

Calculé mal el último tramo y rodé escaleras abajo hasta aterrizar de espaldas en el portal, con el aire escapándoseme de los pulmones.

—¿Estás bien?

Una voz masculina, aguda y sorprendentemente clara, me hizo alzar la mirada.

Frente a mí había un chico con gorra oscura, mascarilla negra y ropa completamente negra. No lograba distinguir su rostro, pero su presencia me resultó extrañamente intensa, como si el aire a su alrededor se hubiera vuelto más denso. Me tendió la mano para ayudarme, pero al recordar que Anna llevaba un buen rato esperándome, me levanté apresuradamente, ignorando su gesto, y salí casi corriendo del portal sin mirar atrás.

No sabía entonces que aquel encuentro no había sido casual, nunca lo era.



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En el texto hay: magia, enemytolovers, romantasy

Editado: 28.06.2026

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