Portadora de las llamas del origen

Capítulo 4 - helado, promesas y encuentros

El lugar era acogedor, un pequeño local con mesas de madera rústica, plantas colgantes y vitrinas que exhibían helado artesanal de todos los colores y sabores imaginables. Se sentaron los cuatro junto a la ventana, desde donde el atardecer pintaba el cielo con tonos dorados y rosados que parecían salidos de un cuadro.

Anna hablaba sin descanso, como siempre, y Unai le seguía el ritmo con naturalidad. Era extrovertido, cálido, con un sentido del humor tan sutil como efectivo. Mar se descubría riendo sin siquiera haber notando cuándo había empezado. Lucas, en cambio, permanecía en silencio, concentrado en su helado como si no existiera nada más a su alrededor. Aun así, su presencia era palpable. Había algo en él que vibraba de manera distinta, como si arrastrara un peso invisible que el resto no podía ver.

—Este fin de semana —anunció Anna de pronto, entusiasmada— es su cumpleaños. Dieciséis. Y, aunque no lo creáis, ¡no quiere celebrarlo!

Mar la miró con una mezcla de fastidio y resignación. No necesitaba que compartiera ese detalle con todos.

Unai se volvió hacia ella, sonriente.

—¿Cómo que no vas a celebrarlo? Dieciséis años se viven una sola vez. Hay que honrarlos, aunque sea con algo discreto —dijo con esa calidez en la voz que hacía que todo pareciera más simple.

Mar se encogió de hombros, ladeando ligeramente la cabeza.

—No lo sé… me gustan las cosas tranquilas. Algo íntimo.

—Una pijamada, entonces —saltó Anna—. Solo nosotras. Como cuando éramos niñas. Palomitas, mascarillas y alguna peli de miedo cutre.

Mar sonrió. Esa idea sí le apetecía.

—Eso suena mejor.

Lucas la observaba en silencio. Cuando sus miradas se cruzaron, Mar sintió que algo se detenía. Su rostro seguía igual de inexpresivo, pero sus ojos brillaban con una intensidad difícil de sostener.

—¿Dieciséis? —preguntó él de pronto.

Ella asintió, algo desconcertada.

—Ves con cuidado… —dijo con voz baja, más para sí que para los demás.

El ceño de Mar se frunció. ¿Cuidado de qué?

Unai le dio una patada disimulada bajo la mesa. Lucas masculló algo entre dientes, visiblemente molesto.

—Perdón —intervino Unai con una sonrisa incómoda—. A veces dice cosas sin filtro.

—No pasa nada —respondió Mar, aunque algo en aquella frase le dejó una sensación incómoda. Más que un comentario, había sonado a advertencia.

La conversación continuó durante un buen rato. Hablaron de películas, de música, de los profesores más extraños del instituto. Con el paso de los minutos, la tensión fue diluyéndose y la tarde adquirió un tono ligero, casi divertido. Incluso Lucas, en un momento dado, dejó escapar una ligera sonrisa ante una broma de Unai. Fue un gesto fugaz, inesperado… pero real.

Cuando anocheció, decidieron volver. Anna y Mar subieron a la moto. Lucas se quedó unos segundos quieto como si dudara. Y antes de que la moto rugiera en la noche dio un paso al frente.

— Oye…—empezó, y se detuvo mirando a Mar. — Lo de antes. No pretendía sonar raro.

Mar alzó al vista sorprendida.

— Lo de “ve con cuidado”

El asintió, incómodo.

— A veces digo cosas…que no tocan. Ya has oído a Unai.

Mar sonrió de lado, sin burla.

— Tranquilo. No es la frase más extraña que me han dicho hoy-

Lucas dejó de escapar una exhalación que casi parecía una risa.

— Bien. Eso…me tranquiliza.

Hubo un silencio breve sin ser incómodo.

— Por cierto — añadió ella — gracias por el helado.

— De nada — respondió él, mirándola por fin —. Me alegra haber coincidido contigo.

Mar asintió.

— Yo también.

Mar subió a la moto todavía con esa sensación extraña en el pecho, como si algo se hubiera movido de sitio sin pedir permiso. El motor rugió, la ciudad empezó a deslizarse a su alrededor, y no fue hasta que Anna aparcó frente al portal de Mar que volvió del todo al presente.

—Menuda tarde —comentó Anna al aparcar frente al portal de Mar—. ¿Te diste cuenta? ¡Lucas sonrió!

—Casi como ver un eclipse solar —bromeó Mar.

Anna soltó una carcajada.

—Unai tiene una energía… no sé, ¿no te parece reconfortante? —dijo mientras le entregaba el casco.

Mar asintió con lentitud.

—Sí. Es como si su sola presencia te hiciera sentir que todo va a salir bien.

—Y Lucas... bueno, Lucas es un acertijo. Pero tiene algo. No sé qué, pero algo tiene.

Mar no respondió. Aún sentía resonar en su cabeza aquella frase extraña que Lucas había pronunciado.

—Entonces, ¿pijamada el sábado? —preguntó mientras caminaban hacia la puerta del edificio.

—¡Sí! Mascarillas, peli mala de terror y muchas risas —afirmó Anna, entusiasmada.



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En el texto hay: magia, enemytolovers, romantasy

Editado: 18.07.2026

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