Portadora de las llamas del origen

capítulo 5 - lo que arde en silencio

Subió a casa y el recibió como una calma, por algún motivo, no logró reconocer como propia.

Mar cerró la puerta con suavidad y permaneció apoyada en ella durante unos segundos, dejando que el silencio del interior le envolviera poco a poco, amortiguando el ruido de la ciudad que parecía vibrar a través de su cuerpo. Todo estaba en su sitio; la luz cálida del comedor, el murmullo lejano de la televisión, el olor familiar de la cena recién hecha. Y, sin embargo, había algo que no terminaba de encajar.

— ¿Ya has vuelto? — preguntó su madre desde la cocina.

— Sí — respondió, intentando que su voz sonara ligera v. Hemos ido a tomar algo.

— ¿Te lo has pasado bien?

La pregunta se quedó suspendida un instante, como si exigiera una respuesta más honesta de la que estaba dispuesta a dar.

— Sí…— dijo al final, aunque la palabra le resultó extraña incluso a ella.

Se quitó la chaqueta y la dejó sobre una silla antes de acercarse a la mesa. Durante la cena, participó lo justo, respondiendo cuando era necesario, asintiendo con una media sonrisa que no terminaba de nacer del todo. Su mente no estaba allí. Sino anclada en una sensación difícil de explicar, en una mirada que no había sabido sostener y en una frase que seguía repitiéndose con una claridad incómoda.

Ves con cuidado.

No era el significado lo que la inquietaba, sino la forma en que había sido pronunciada, como si se tratara de una advertencia improvisada, sino de algo que ya estaba decidido de antemano. Cómo si él supiera algo que ella todavía no alcanzaba a comprender.

Cuando terminó, se excusó alegando cansancio y se retiro a su habitación antes de que alguien pudiera insistir en la conversación. Cerró la puerta tras de sí, y en cuanto el silencio volvió a rodearla, dejó caer la fachada que había sostenido durante toda la cena. Se dejó caer sobre la cama, con la mirada fija en el techo, permitiendo que el latido acelerado de su corazón marcara el ritmo de sus pensamientos. No era solo lo ocurrido esa tarde; era la sensación persistente de que algo había cambiado sin que pudiera identificar el qué.

Giró la cabeza a la mesilla, casi por inercia.

El colgante descansaba allí, discreto como siempre. Lo tomó entre los dedos, esperando encontrar la misma frialdad de siempre, pero el contacto le arrancó un leve fruncir de ceño. El metal estaba tibio, más de lo que debería, como si conservara una calidez que no le correspondía.

Lo sostuvo un momento, observándolo bajo la tenue luz de la lámpara.

— Es absurdo…— murmuró, aunque no llegó a soltarlo.

Un escalofrío recorrió la espalda, pero no era frío lo que sintió, sino una vibración sutil que parecía nacer desde dentro y expandirse hacia al superficie. Se incorporó despacio, dejando los pies en el suelo, mientras la sensación se intensificaba con una insistencia difícil de ignorar.

Fue entonces cuando lo percibió.

No fue un movimiento claro, fue una alteración en el espacio, un reflejo que no correspondía a nada tangible. En la pared, durante un instante demasiado breve para comprenderlo, una sombra se proyectó sin seguir cuerpo.

Mar se quedó inmóvil, parpadeo y todo desapareció.

El sonido lejano de un coche, un paso en el piso de arriba…todo regresó de golpe, devolviendo la habitación a su estado habitual. Encendió la luz casi sin pensar como si necesitara comprobar que todo estaba en su sitio.

No había nada fuera de lugar, y aún así la sensación no desapareció.

Se pasó una mano por el cabello intentando encontrar una explicación razonable. Se dijo que estaba cansada, que todo era consecuencia del día, de la tensión, de lo extraño que había resultado todo. Se acercó a su escritorio y abrió su cuaderno.

Pasó las páginas hasta encontrar el dibujo de la cabaña, del fuego, de aquella escena que regresaba una y otra vez en sus sueños. Sus dedos se detuvieron sobre el papel recorriendo los trazos con una atención nueva, como si esperaba descubrir que había pasado por alto. Entonces lo vio: el colgante, dibujado junto a la escena, con una claridad que no recordaba haber trazado antes, como si hubiera aparecido allí por sí solo, activado, idéntico al que había tocado apenas unos minutos antes sobre la mesita.

— No era solo un sueño — susurró.

Tomó el lápiz casi sin darse cuenta.

Al principio dibujó con cautela, añadiendo pequeños detalles que encajaban con lo que recordaba. Pero pronto el trazo dejó de responder a una decisión consciente y comenzó a fluir, como si su mano siguiera un impulso ajeno. Aparecieron símbolos en la madera, sombras más densas entre los árboles, una figura apenas insinuada al fondo que no recordaba haber imaginado antes.

Su respiración se volvió irregular y el pulso se aceleró.

Intentó detenerse, pero el movimiento continuó, cada vez con más intensidad, como si el dibujo reclamara completarse a si mismo. El fuego en el papel crecía, expandiéndose con una fuerza que parecía trascender el propio trazo.

Hasta que el lápiz se quebró.

El sonido seco devolvió a Mar a la realidad. Se quedó inmóvil, observando el fragmento roto entre sus dedos antes de bajar la mirada hacia el dibujo.



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En el texto hay: magia, enemytolovers, romantasy

Editado: 18.07.2026

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