Portadora de las llamas del origen

Capítulo 14 - el origen de las llamas

Aaron cerró los ojos y , durante unos segundos, nada ocurrió.

El silencio se extendió por la habitación hasta que una corriente invisible recorrió el techo y agitó las cortinas con tanta suavidad que parecía más un suspiro que una ráfaga de viento. Entonces, de las manos del centauro comenzaron a surgir pequeñas partículas de luz que se elevaron despacio hasta quedar suspendidas entre ellos. Eran brasas diminutas, calidad y palpitantes, que giraban unas alrededor de otras formando figuras cambiantes que nacían y se deshacían en el aire.

Cuando Aaron habló, su voz apenas superó el murmullo.

Sin embargo, Mar tuvo la extraña sensación de que aquellas palabras no procedían de él, sino del propio fuego que danzaba ante sus ojos.

—Esto es lo que cuentan las historias de mi pueblo. Mi abuelo decía que cada manada conservaba una versión distinta y que ninguna recuerda ya cuál fue la primera

Las brasas se reunieron en el centro de la estancia hasta formar una pequeña llama dorada que flotó entre ellos.

— Hace mucho tiempo, antes de que existieran reinos e incluso antes de que el mundo aprendiera a temer a la oscuridad, nació la primera llama. No era un fuego que consumiera ni una llama creada para al guerra. Era un fuego que recordaba. Recordaba cómo debía sentirse la vida cuando el miedo todavía no había aprendido a echar raíces en el corazón de las personas y la oscuridad, aún no había descubierto todos sus nombres.

La llama creció lentamente.

Su luz se extendió por las paredes y tiñó de reflejos dorados que parecían moverse al ritmo de una respiración. Mar sintió entonces un calor extraño en el pecho. Era una sensación difícil de explicar, algo parecido a la nostalgia, como si aquella luz perteneciera a un recuerdo que nunca había vivido y que, aún así, de algún modo seguía siendo suyo.

Las brasas volvieron a agitarse.

La primera llama se abrió como una flor y de ella comenzaron a surgir figuras humanas envueltas en resplandores anaranjados. Primero aparecieron pocas. Después empezaron haber muchas más. Hombres y mujeres que caminaba entre bosques, ríos y montañas mientras el fuego los envolvía con naturalidad.

Allí donde pasaban la tierra reverdecía, los ríos recuperaban su cauce y las sombras retrocedían.

— Cuando la oscuridad comenzó a extenderse por el mundo, la primera llama eligió a sus primeros guardianes. Corría sangre por sus venas, sí…pero también corría fuego. Un fuego antiguo que no existía para destruir, sino para proteger aquello que todavía merecía ser salvado.

Las figuras siguieron avanzando hasta que las brasas dieron rostro más definidos.

Algunas eran mujeres que sostenían pequeñas llamas entre las manos cuya sola presencia parecía ahuyentar la tristeza que le rodeaba. Otras permanecían de pie junto a enormes hogueras, vigilándolas en silencio con la mirada fija en la oscuridad que se extendía más allá de la luz.

— Con el paso de los siglos fueron conocidos como los Hijos de la Primera Llama. Entre ellos surgieron las Hijas del Alba y los Centinelas de la Llama, dos sendas distintas nacidas del mismo fuego.

Las imágenes cambiaron.

Mar vio a las mujeres caminar entre personas heridas, colocar las manos sobre sus hombros y encender pequeñas luces en mitad de la penumbra. No realizaban hechizos más bien parecía algo más profundo.

— Las hijas del Alba llevaban en el alma la chispa de la esperanza. Allí donde el miedo echaba raíces, ellas recordaban que el amanecer siempre termina regresando. Eran capaces de devolver el calor a los corazones más heridos y de encontrar una pequeña llama incluso cuando todo parecía agotarse.

Las imágenes cambiaron entonces, Las mujeres se desvanecieron y dieron paso a hombres y mujeres que permanecían junto a enormes hogueras levantadas en los límites del bosque y montañas. Más allá de aquellas llamas no había ciudades ni caminos, sino una oscuridad espesa que parecía moverse y respirar sola.

— Los Centinelas de la Llama, eran protectores. Allí donde la noche se hacía más profunda, ellos alzaban fuegos sagrados y trazaban fronteras que las sombras no podían cruzar. Decían que cada llama era un pequeño amanecer plantado en mitad de la oscuridad y que, mientras una sola de ellas siguiera ardiendo, el mundo jamás sería reclamado por completo por las sombras.

Aaron guardó silencio durante unos segundos, como si estuviera buscando las palabras adecuadas.

— Sin embargo, aquello era solo una parte de la verdad. Con el paso de los siglos, los guardianes olvidaron alfo que sus antepasados habían conocido desde el principio.

Las brasas volvieron a agitarse y las imágenes desaparecieron. En su lugar aparecieron cuatro pequeñas llamas suspendidas en el aire. Ninguna era igual a las demás. Una latía con el resplandor cálido y sereno; otra ardía con la intensidad de una hoguera; la tercera parecía unirse a las demás mediante finos hilos de luz, y la última brillaba con un fulgor antiguo que despertaba la extraña sensación de estar contemplando un recuerdo.

— La primera llama nunca fue una sola. Cuando la oscuridad comenzó a extenderse por el mundo, se dividió en cuatro llamas nacidas de un mismo fuego: la llama del corazón, que alimentaba la esperanza; la llama Salvaje, que daba fuerza para enfrentarse a las sombras; la llama del Vínculo, que unía las almas destinadas a caminar juntas; y la del Recuerdo, que conservaba al memoria de todo lo que el tiempo pretendía borrar.



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En el texto hay: magia, enemytolovers, romantasy

Editado: 11.08.2026

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