Portadora de las llamas del origen

Capítulo 22 - El primer resquicio de luz

Mar respiró hondo antes de avanzar entre los árboles. La última tormenta había limpiado el aire, pero no su mente. Desde aquella noche, algo en ella ardía diferente.

El murmullo de los pájaros llenaba el bosque con una calma engañosa. Entre los troncos húmedos, el claro parecía un santuario: un círculo de hierba aún perlada de rocío, donde el sol filtraba destellos dorados. Lucas ya la esperaba en el centro, quieto, con los brazos cruzados.

Cuando ella se colocó frente a él, en posición de guardia, lo entendió sin palabras: no era solo un entrenamiento. Era una prueba.

—De acuerdo —dijo Lucas, con su voz grave y serena—. Muéstrame lo que aprendiste ayer.

Mar asintió. Encendió una llama sobre su palma. Esta vez no temblaba. Dio un paso adelante, descargando un golpe de fuego que cortó el aire con un silbido.
El calor del fuego le rozó los nudillos; no dolía, pero dejaba una vibración viva, como si el aire recordara el poder recién aprendido.

Lucas desvió el ataque con un movimiento rápido, casi elegante, y una media sonrisa se dibujó en su rostro.
—Mejor. Pero aún te falta control. —Avanzó un paso, tan rápido que su sombra la envolvió—. Otra vez.

La sesión continuó entre ráfagas cálidas y movimientos medidos. El fuego chisporroteaba en el aire con cada intento, desprendiendo un olor a metal y ceniza.
Mar insistía una y otra vez, el sudor resbalando por su frente. Lucas corregía con paciencia, a veces con palabras, otras con gestos: guiando su mano para ajustar el ángulo, empujando su hombro para fijar la postura.

De pronto, en uno de los movimientos, Lucas se dejó alcanzar. El fuego le rozó el brazo y él retrocedió con un gruñido contenido, llevándose la mano al costado.

—¡Lucas! —Mar jadeó, corriendo hacia él con el corazón encogido—. ¡Lo siento, no era mi intención! ¿Estás bien?

Él apretó la mandíbula, fingiendo dolor solemne.
—Creo… que me has destrozado —susurró, cayendo de rodillas con dramatismo.

Mar se inclinó de inmediato, los ojos abiertos de preocupación.
—¡No digas eso! Déjame ver… quizá Aaron pueda curarte...

Entonces, la risa.
Una risa clara, sincera, que brotó de los labios de Lucas como una chispa inesperada.
Mar lo miró incrédula.

—¿Me estás… tomando el pelo?

Él asintió, todavía riendo, los ojos iluminados con una alegría que hacía demasiado tiempo que no mostraba.
—Tu cara, Mar… ha sido un poema.

Ella frunció el ceño, fingiendo enfado, aunque el rubor la traicionó.
—Eres un idiota.

Le dio un empujón en el hombro, y Lucas fingió tambalearse hasta caer de espaldas. La risa de ambos rompió el aire del bosque.
La culpa, el miedo, todo se disolvió en aquel instante compartido.

Lucas alargó la mano y atrapó con suavidad su muñeca.
—Así está mejor —dijo con voz tranquila, y esta vez no había burla, sino alivio—. No puedes entrenar si tienes miedo de hacerme daño.

Lucas quiso sonreír, pero el gesto se le quedó en la garganta.
Aquella chica tenía algo que lo desarmaba: su fuego no quemaba, sanaba.

Mar, aún riendo, encendió otra vez su llama. Ya no era errática.
La alzó, firme, brillante, y la hizo girar con la muñeca: el fuego se extendió como un látigo de luz que cortó el aire con un chasquido antes de disiparse suavemente.

Lucas la observó sin disimular la sorpresa.
—Hoy has estado increíble —dijo al fin, y su voz sonó más cálida de lo que esperaba.

Mar bajó la mirada, intentando contener una sonrisa.
—¿De verdad lo crees?

—No acostumbro a gastar halagos en vano. —Se cruzó de brazos, aunque la chispa en su mirada lo traicionó—. Si sigues así, pronto me vas a poner en problemas.

Mar soltó una carcajada y, aprovechando un descuido, lanzó un destello de fuego que rozó su chaqueta.
Lucas arqueó una ceja, fingiendo sorpresa.
—Eso es por engañarme antes.

Él negó con la cabeza, riendo sin poder evitarlo. Su risa era limpia, como si arrancara de su pecho el peso de demasiadas sombras.

El claro quedó en silencio después, lleno de luz. El sol atravesaba las ramas, dibujando destellos dorados sobre la hierba, hasta que las hojas de los árboles se empezaron a mover de manera brusca. Ambos se giraron con el cuerpo tenso.



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En el texto hay: magia, enemytolovers, romantasy

Editado: 23.08.2026

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