Portadores De La Llama I

CAPÍTULO 13

Essentia

Kaelis, Kiru, Erika y Rikhart se encontraban a las afueras de Velanthir, en un paraje tranquilo, justo a las puertas del Bosque del Manto Gris, nublado, como de costumbre.

Era una extensión abierta, salpicada de rocas, que marcaba el fin del suelo urbano y el inicio de una marea interminable de árboles. Al otro lado, a lo lejos, las siluetas de la ciudad se recortaban contra la niebla.

—¿Y bien? —dijo Kiru, aún adolorido por sus heridas—. ¿Qué es realmente la Essentia?

Kaelis se sentó con calma sobre una piedra cercana y los miró como si fueran sus propios aprendices. Su presencia tenía algo maternal, pero también una gravedad sutil, como si lo que estaba a punto de revelar pudiera cambiar la forma en que veían el mundo.

—Me alegra ver que tenéis tantas ganas de saber —respondió con una sonrisa tranquila—. La Essentia... Aunque ese es su nombre más común, también se la conoce como el Nexo al Alma, la propia energía de la existencia.

Los tres la escuchaban atentos.

—En resumidas cuentas —prosiguió—, la Essentia es la energía vital que fluye a través de todo: los seres vivos, los objetos, los lugares... Incluso las ruinas marcadas por la tragedia o los campos donde se libraron batallas olvidadas. Todo lo que ha sido, sentido o presenciado algo... guarda un eco de esa energía.

—No lo entiendo... —interrumpió Rikhart, rascándose la cabeza—. Si es como un alma o una energía viva, ¿cómo puede un sitio o un objeto tener Essentia?

Kaelis sonrió levemente, complacida por la pregunta.

—Se dice que al principio, antes del tiempo y del espacio, no existía nada —dijo Kaelis, con la mirada perdida en el horizonte—. Pero incluso en esa nada absoluta... existían seres. Entidades tan antiguas y ajenas a nuestra lógica que ni siquiera las deidades pueden comprenderlas. A esos seres los llamaron los Dioses Primordiales. Y el primero entre ellos fue la OmniAlma.

—¿OmniAlma? —repitió Erika, pensativa—. Ese es el dios que veneran en las ciudades libres... como Velanthir.

Kaelis asintió.

—Así es. Y no solo es un dios... Se dice que fue el primero de todos y de todo.

El silencio se volvió denso a su alrededor. Hasta el susurro del viento entre las hojas parecía guardar respeto.

—Se dice que al principio, antes del tiempo y del espacio, no existía nada —dijo Kaelis, con la mirada perdida en el horizonte—. Pero incluso en esa nada absoluta... existían seres. Entidades tan antiguas y ajenas a nuestra lógica que ni siquiera las deidades pueden comprenderlas. A esos seres los llamaron los Dioses Primordiales. Y el primero entre ellos fue la OmniAlma.

Una conciencia primigenia de poder incalculable, que no solo fue la primera en existir... sino la entidad que se encargó de dar existencia. Sin ella, no habría tiempo, espacio, vida y ni siquiera consciencia. Nada, no existiría nada...

Kaelis hizo una pausa. El viento sopló con más fuerza.

—Se dice que la OmniAlma es el ser más poderoso de todos los tiempos habidos y por haber. Pero nadie la ha visto jamás. Solo sabemos de su existencia por los fragmentos de conocimiento que dejaron los dioses más antiguos... como Kaelzar, el creador de la primera luz.

—Muy interesante, pero... eso no responde a qué es la Essentia, ¿no? —dijo Kiru con impaciencia.

Kaelis asintió suavemente, sin perder la calma.

—Sí lo responde, solo que no de la forma en que esperabas. —Su voz se volvió más didáctica—. La Essentia tiene su origen en la OmniAlma. Todos estamos conectados a ella. Si algún día dejara de existir, algo que, según los antiguos, es imposible, no solo perderíamos el acceso a la Essentia... dejaríamos de existir por completo. Todo lo que conocemos desaparecería, como si jamás hubiera sido... Sin alma no hay vida y sin Essentia no hay existencia.

Se puso de pie con tranquilidad, desatando una presencia imponente, y retiró de su espalda lo que parecía ser un bastón peculiar: su estructura recta ocultaba una hoja dormida.

—Bien. Ya os he contado el origen y por qué existe... —dijo mientras giraba con destreza el bastón entre sus manos—. ¿Queréis saber qué es realmente y qué usos tiene?

En un solo movimiento fluido, aquel bastón se desplegó y reveló su verdadera forma: una guadaña imponente.

Era una obra maestra letal. La hoja era cristalina como hielo afilado, curvada y elegante. Su asta, negra como el vacío, se fundía gradualmente con la hoja en un degradado celeste gélido. Cintas azul oscuro envolvían la guadaña en espirales, flotando como humo helado, serpenteando en el aire con vida propia.

Kiru y Erika dieron un paso atrás, impresionados por el arma que Kaelis había mantenido oculta tan bien durante todo este tiempo.

—Impresionados, ¿eh? —murmuró Rikhart con los brazos cruzados, sin inmutarse—. Yo ya he probado de primera mano su destreza con esa cosa. No es precisamente un juguete... jejeje.

Kaelis le lanzó una mirada cómplice y divertida.

—Sí, pero aún no te he mostrado lo que realmente puedo hacer con ella, Rikhart.

Con un giro elegante, barrió el aire con la guadaña.

De ella emergió una ráfaga de escarcha gélida que recorrió el terreno, congelando el suelo bajo sus pies hasta chocar contra un árbol cercano, que se cubrió por completo de hielo en un instante.

El silencio se apoderó del grupo.

—¡¡¡Oye!!! —gritó Rikhart, saliendo del asombro—. ¡Eso no me lo enseñaste en los entrenamientos!

—¿Acaso hizo falta? —replicó Kaelis con una sonrisa traviesa.

Rikhart, ligeramente sonrojado, desvió la mirada con un gruñido de fastidio.

—Veréis... eso que acabáis de presenciar es solo una mínima expresión del potencial de la Essentia —prosiguió Kaelis, alzando la guadaña para que la luz hiciera brillar su filo glacial—. Yo domino el hielo como si fuera parte de mí. No necesito pensarlo; es tan natural como respirar. Soy la Portadora de la Llama Gélida.




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